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En Buenos Aires

Viajar es de las mejores cosas que se pueden hacer para aprender algo. Leer el periódico en la Plaza de Mayo el día del veinticinco aniversario de la dictadura argentina tiene su evocación.

el 15 sep 2009 / 19:44 h.

Viajar es de las mejores cosas que se pueden hacer para aprender algo. Leer el periódico en la Plaza de Mayo el día del veinticinco aniversario de la dictadura argentina tiene su evocación. Llevan los argentinos cinco años menos que España en democracia e impresiona ver la concentración pacífica de los que siguen clamando justicia para los responsables de los más de treinta mil desaparecidos. Hoy mismo la prensa y la opinión pública argentina se ha levantado horrorizada ante el descubrimiento de una fosa llena de huesos calcinados de desaparecidos, asesinados por los golpistas argentinos. Ancianas y sus familias ven recompensada su tozudez en pedir respuesta por sus hijos desaparecidos. Y en España la caverna y sus cachorros aun persisten en su cínica propuesta del olvido. No quieren que los nietos de los asesinados por los militares traidores a su patria salgan de sus fosas anónimas.

Un día luminoso de primavera en Buenos Aires te sobrecoge mientras te pones a pensar en la tragedia de miles de familias a las que le desaparecieron sus padres, les robaron a sus hijos y tacharon de locas insurgentes a sus abuelas.

En España los nietos de los vencedores miran despectivamente o cuanto más con lástima a los nietos de los perdedores que piden tímidamente saber donde cayó su abuelo. Y le llaman a eso resucitar el fantasma de la guerra civil. Lo dice gente que ha recibido toda clase de reparaciones por cada bala recibida. Y si hay que levantar ampollas es mejor que pretender cerrar sin anestesia las heridas de la guerra. Se trata de la justa reparación al ofendido.

Buenos Aires es, ya se sabe, una ciudad magnífica, culta y vitalista. Pero los argentinos están curtidos en mil batallas entre la democracia y la dictadura. Han obligado a los golpistas a purgar sus delitos. Nadie quiere ni se le ocurriría clamar por el olvido de los crímenes. Sólo faltaría ver por las calles placas y estatuas a Videla, Galtieri o Massera. Y aquí ha costado treinta años quitarle los honores a Franco, un traidor sin honor cuya presencia ofende al español de bien. España y Argentina, cuantas similitudes y cuantas diferencias.

Abogado

crosadoc@gmail.com

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