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En el mismo pozo

Hubiera sido mejor dejar las cosas como estaban, no adentrarse en vericuetos de exégesis, hermenéutica, cosmología y derecho canónico. Deberían haberse quedado en la filosofía de Antonio Núñez de Herrera, pararse ante el misterio de que nadie sabe qué pasa debajo de un antifaz...

el 16 sep 2009 / 00:51 h.

Hubiera sido mejor dejar las cosas como estaban, no adentrarse en vericuetos de exégesis, hermenéutica, cosmología y derecho canónico. Deberían haberse quedado en la filosofía de Antonio Núñez de Herrera, pararse ante el misterio de que nadie sabe qué pasa debajo de un antifaz. Tendrían que haber dejado que las cofradías fueran las únicas entidades con los suficientes talentos de la parábola para presentarse ante los Pilatos de todos los colores, permanecer con las manos atadas a la espalda para que la Semana Santa fuera de la trinidad que forman la Madre, el Hijo y el Espíritu sevillano.

En otro tiempo las hermandades, hechas con mimbres de oficios y barrios por los cesteros de sus juntas de gobierno -que eran al fin y al cabo mimbres- se las arreglaban durante todo el año buscando un patrono terrenal que las sacara de los últimos apuros. Mayordomos, fiscales y priostes no se llevaban bien con Palacio y no se ocupaban para nada de la Casa Grande (tampoco ésta se ocupaba de ellos). En aquel tiempo las cofradías estaban al margen de los reinos de este mundo y por eso su piedad, sencilla o de carbonero, era calificada a menudo de irreverente por quienes, desde fuera, se asomaban a ella.

O servía a poetas de vanguardia como Oliverio Girando para encontrar ahí yacimientos surrealistas insospechados. Ahora esto se parece cada vez más al pozo en que el delegado de Tommasi de Lampedusa de El Gatopardo veía metidas a las gentes de Sicilia, mitad inocentes, mitad culpables, víctimas todas, convertidas en compañeros de desventura. El cálculo y la ambición de unos pocos pueden meter en su pozo a miles que se siguen poniendo el antifaz sólo para que nadie más que ellos sepa qué pasa allí. Sin doctrinas, sólo para que mañana, Domingo, sea otro día: el primero de la Creación de cada año.

Antonio Zoido es escritor e historiador.

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