Cultura

"En el olimpo del patrimonio no puede faltar el flamenco"

"El flamenco es patrimonio de todos los andaluces; espero que en unos días lo sea de la humanidad", afirma el ex director de la Agencia del Flamenco.

el 10 nov 2010 / 20:56 h.

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–¿Cómo le va en su nuevo cargo como director general de la Oficina del Portavoz del Gobierno andaluz? ¿Echa de menos el trabajo en la Agencia del Flamenco?

–Lo llevo con tanta ilusión como responsabilidad, dos ingredientes que apliqué desde el primer día en la Agencia del Flamenco. Ahora he vuelto a mi profesión, la de periodista. Dejé la Agencia, pero el flamenco no me ha dejado a mí. Es un leit motiv en mi vida. Compensa y refuerza todos mis estados de ánimo.

–¿Sigue trabajando por el arte jondo de alguna forma?

–Ejerzo el apostolado pro flamenco donde quiera que estoy. Trato de convencer desde el convencimiento. No hay nada más andaluz ni más universal. El flamenco debe encabezar las prioridades culturales del Gobierno andaluz. De lo contrario, no se entendería.

–¿Percibe una sensibilidad real hacia este arte por parte del Consejo de Gobierno andaluz?

–No lo dude. Empezando por el presidente José Antonio Griñán, que ha liderado desde el principio la candidatura al Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Los consejeros Luis Pizarro, Antonio Ávila y Díaz Trillo son tres grandes aficionados, por ejemplo.

–Se acerca la fecha para que la Unesco decida si el flamenco es Patrimonio de la Humanidad. ¿Cómo vive esta cuenta atrás?

–Con una espera esperanzada, convencido de que esta segunda oportunidad será la última. No se comprende que en el olimpo del Patrimonio de la Humanidad no esté el flamenco. El gran patrimonio del flamenco es, precisamente, la irrefrenable humanidad que trasladan sus letras, sus músicas y sus coreografías.

–Usted puso en marcha esta segunda candidatura. ¿En qué consistió su trabajo?

–Tuve la responsabilidad y la satisfacción de montar por entera la candidatura, de redactar de la primera a la última letra, de elegir la documentación gráfica y audiovisual que nos solicitaba la Unesco como apoyatura, de registrar en París el expediente, así como de diseñar y lanzar la campaña Flamenco soy. Un ensamblaje complejo que se hizo desde la humildad de reconocer los fallos del primer intento, la búsqueda del consenso con Extremadura y Murcia y el apoyo del Gobierno de España, que es el legítimo representante ante todos los organismos internacionales. Tengo claro, además, que no hay punto y final sin punto de partida, pero que el punto de arranque, sin un buen punto y final, encalla en la frustración y la melancolía.

–¿Cuáles son los puntos fuertes y los débiles del flamenco?

–Como puntos fuertes resalto su avasalladora capacidad para representar ante el mundo lo mejor de nuestra cultura, su firme tejido social (el flamenco tiene en Andalucía más peñas que el Madrid) y la indiscutible calidad y complejidad de sus músicas. No es sólo sentimiento, también es conocimiento. Aquí estoy plenamente de acuerdo con el maestro Manolo Sanlúcar, cuya labor de dignificación y estudio de la música del flamenco es impagable. Su debilidad es su imposibilidad hasta el momento de ensamblar una industria cultural armonizada y pujante. En el balance cultural, Andalucía exporta más que importa, y aquí lo que más importa es el flamenco, sin duda.

–Imagino que después de la primera negativa de la Unesco se trabajó con más presión para que esta segunda vez no falle nada. ¿Qué se corrigió o rehízo del primer expediente?

–Buscamos los consensos necesarios y eludimos la mirada flamenco-céntrica de la primera vez. Examinamos al milímetro la Convención de la Unesco para el Patrimonio Inmaterial de la Humanidad con la finalidad de responder a cada uno de sus requisitos. Y nos dimos cuenta de que todos los valores que recoge la Unesco están presentes en el flamenco.

–¿Cómo ve la labor que ha desempeñado la nueva directora de la Agencia del Flamenco, María de los Ángeles Carrasco, en pro de la candidatura?

–Sencillamente espectacular. Se ha remangado desde el primer día. Aúna conocimiento de la institución, capacidad de trabajo e inteligencia. Su tarea no es fácil. Tenemos que seguir haciendo los deberes ante la Unesco en caso de alcanzar el objetivo y seguir respondiendo ante todos los sectores del universo del flamenco en un horizonte presupuestario difícil. Estoy seguro de que el consejero de Cultura, igual que impidió que la Agencia se quedara sin sede, también dispondrá los presupuestos adecuados. Gobernar es decidir y establecer prioridades.

–¿Qué supondría el reconocimiento del flamenco como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad? ¿Ayudaría a ver al flamenco en festivales como el de Salzburgo, deseo que manifestó usted mismo en alguna ocasión?

–Para empezar, si se consigue sería el mayor reconocimiento del planeta a cualquier manifestación cultural. Resulta incomprensible ver la Lista Representativa de la Unesco sin que figure el flamenco. Es el sitio que le corresponde. Es un seguro. Ninguna institución dará pasos atrás en su apoyo a la conservación, investigación, promoción y difusión del flamenco.

–¿Qué pasaría si la Unesco vuelve a decir que no?

–La vida es un intento. Sólo lo que no se intenta no se consigue. Las verdaderas conquistas nunca son fruto de la suerte ni de la sorpresa.

–¿Sabe qué se hará si hay fumata blanca la semana que viene en Nairobi?

–Se están diseñando algunas acciones, pero no me corresponde a mí adelantarlas. En todo caso, hasta el rabo todo el toro. Lo que sí le enfatizo es que hoy tenemos al flamenco como patrimonio de todos los andaluces, pero espero que dentro de unos días pase a ser patrimonio de la Humanidad entera.

–La última y recurrente pregunta: ¿está el flamenco en crisis o vive un momento dulce a pesar de la coyuntura económica?

–Nunca ha habido más personas en el mundo viviendo el flamenco, ni más profesionales viviendo de este mismo arte. Etimológicamente, el término crisis significa cambio. El flamenco es un arte vivo y en evolución, más dúctil que fósil. Siempre estará en crisis, en situación de cambio. Mejor no resistirse, mejor no perder las herencias estéticas y artísticas.

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