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En el refugio hallarán el dolor

el 10 ene 2013 / 20:48 h.

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Imagen de una de las avejentadas jaulas del Zoosanitario de Sevilla, ubicado en la autovía Sevilla-Málaga.
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Ante el portón del Zoosanitario de Sevilla el tiempo parece detenido. Tiene casi 40 años y no ha cambiado. Ninguna corporación municipal se ha preocupado por los animales que a él van a parar. "Es triste decirlo pero casi podemos afirmar que, en Sevilla, un perro tiene más posibilidades de supervivencia en la calle que allí dentro", asegura tajante el veterinario Jaime Briones.

Hace unos días, el Ayuntamiento anunciaba obras por valor de alrededor de 248.000 euros, cifra destinada a “construir una zona de cuadras para los equinos que se albergan, así como reformas en el resto de dependencias”, según la delegada de Asuntos Sociales, Dolores de Pablo-Blanco.

Esta apresurada intervención llega tras la denuncia presentada por UGT el pasado mes de diciembre. Fue a colación del fallecimiento de cuatro perros (tres cachorros y un adulto), dos gatos y una gallina. Murieron de frío. Y un caballo permaneció enterrado en barro hasta las rodillas sufriendo una lesión. Pero nada hace pensar que las cosas vayan a mejorar en exceso. A juicio del presidente de la Asociación Andaluza para la Defensa de los Animales (Asanda), Luis Gilpérez, “todo esto da la impresión de chapuzas que podían haberse hecho antes”. “El Zoosanitario sufre desde tiempos inmemoriales una falta de medios tan grande que le impide simplemente cumplir la ley, ni un sólo partido político ha mostrado interés por cambiar la situación”, asegura.

Para el responsable de la organización que más denuncias lleva formuladas contra estas instalaciones y también contra la “mal llamada” Protectora de Animales y Plantas de Mairena, “es una vergüenza que en una ciudad de la envergadura de Sevilla no exista, como marca la ley, un servicio de recogida de animales 24 horas. Se producen atropellos y nos llaman personas con el perro o el gato dando alaridos sin saber qué hacer por él”.

El oscurantismo que rodea al Zoosanitario es el propio de un lugar que tiene mucho que ocultar. Sus trabajadores son poco dados a explayarse sobre el funcionamiento del centro y aseguran que el 90% de los animales son adoptados, “una afirmación absurda, o mueren de calor o de frío, o son eutanasiados o enviados a Mairena, donde no existe ningún control y se entregan a ciegas, sólo les importa cobrar, del Consistorio sevillano, y de los adoptantes, a los que se les dan los animales sin castrar ni esterilizar”, continúa denunciando Gilpérez. “Hay casos de personas que han dado de alta allí a 300 perros, propietarios en su mayoría de rehalas, ¿dónde están todos esos animales?”, se pregunta a la vez que lamenta cómo “ni Lipasam siquiera tiene un lector de chip con el que identificar a los animales muertos que recogen”.

Ubicado en la autovía Sevilla-Málaga, frente a la fábrica de Persan, un vistazo rápido al Zoosanitario permite observar cómo las perreras y gateras están despintadas y con óxido en las verjas, los animales no tienen espacios de esparcimiento y se riega con manguera con ellos dentro, los vestuarios de los empleados, hasta hace poco, daban a unas cuadras en lamentable estado y la mayoría de los animales se encuentran en jaulas delimitadas con unos paneles por debajo de los cuales entra aire.

Cada año recogen alrededor de 1.500 animales. Y, lejos de suponer alguna ayuda para ellos y de incentivar campañas en contra de la adquisición de perros y gatos y del abandono y a favor de la adopción, son algunos particulares los que se dedican a paliar en algo esta situación. Con tal empeño se mueven en la asociación Ayandena, donde la recaudación de los socios va a parar íntegramente a “sacar perros del Zoosanitario para evitar así su sacrificio”, según Elena, una de las implicadas en una ONG que se encarga de hacer lo que debería ser la obligación del centro: “la protección y cuidado de los animales desvalidos”.

“Casi ningún cachorro sobrevive porque enferman rápidamente, tampoco lo hacen los perros ancianos, con nula posibilidad de ser adoptados, los galgos, si son mayores nadie los quiere, si son jóvenes son pasto de cazadores que luego los matarán o abandonarán y los gatos no interesan a nadie”, comentan desde la asociación Arca de Noé. “Los animales no han hecho nada para merecer esto”, concluye Gilpérez. Pero no votan. Puede que esa sea la razón de su condena.

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