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Cultura

«En España existe la censura de lo políticamente correcto»

Fibes acogerá esta noche el monólogo de Enrique San Francisco que, en plena madurez, reúne sus mejores textos en el espectáculo ‘Enriquecido’.

el 10 ene 2015 / 13:00 h.

Imagen Cuerpo-enrique copiaweb Corredor de fondo de la escena española desde los años 70, tanto en el teatro como el audiovisual, Enrique San Francisco (Madrid, 1955) trae esta noche (22.30 horas) al palacio de congresos Fibes una selección de sus mejores monólogos bajo el juguetón título Enriquecido. Oficiará como telonero Denny Horror. —Ha titulado su espectáculo Enriquecido. Tal y como están las cosas, el público va a pensar que va de maletines y sobres. —No puedo contar de dónde viene el título, porque si lo digo no lo oís en la función, o estropeo el chiste, que es muy bueno. Me limito a recordar que según el diccionario enriquecer, además de ganar dinero, es alterar una sustancia... —Después de una vida dedicada al teatro, el cine y la televisión, ¿qué encuentra en el monólogo para sentirse tan atraído por él? —El monólogo es una disciplina muy difícil, muy pretenciosa y muy bonita. Pero lo que me gusta de verdad es trabajar con el público delante, eso es algo que no tiene nada que ver con lo demás. Me gusta mucho el cine, pero el teatro, como ocurre con los monólogos, es algo incomparable. —Hay quien lamenta que los monólogos más exitosos respondan a una fórmula importada, la que popularizó la Paramount Comedy. ¿Hay alguna forma de hacer más nuestra dicha puesta en escena? —Bueno, un monólogo es solo un señor que habla dentro de una función, como en el Tenorio. De ahí viene la stand-up comedy, que aquí en España empezó a arrancar, hice el programa piloto y luego fue un boom. Yo no sé trabajar, por ejemplo, en los bares, se me da peor, pero como digo en el teatro estoy encantado. Me han dicho que soy buenísimo, pero espero hacerlo mejor antes de morirme. A ver qué cuento que merezca la pena, porque no me gustan los chistes de caca-culo-pedo-pis. —A propósito, subraya que hace humor sobre muchos temas, pero que no toca la política. ¿Es por alguna cuestión de higiene? —Hombre, en lo que respecta a higiene, creo que lo que hay que lavar es el Congreso. En mi espectáculo solo toco la política en una parte, le dedico apenas 10 minutos para decirles un par de cosas, pero creo que sería muy fácil, demasiado, hacerlo durante mucho más tiempo. Pienso que el humor debe manejar conceptos más universales, y despegarse un poco de los noticiarios. Puedes hacer un chiste de cada noticia del periódico, incluso estos días puedes hacer 20 chistes sobre yihadistas, porque es mejor vivir con sentido del humor que sin él, pero yo trato de ser exigente en la elección de mis temas. —Se habla precisamente estos días más que nunca de libertad de expresión. ¿Usted ha disfrutado de ella, se ha sentido siempre libre? —El problema de la libertad enEspaña es que no habrá censura, pero la dictadura de la mayoría y de la corrección política están ahí. Y los políticos lo saben y nos manipulan. Para mí son todos una maravilla. Y yo una pobre víctima de todo este desparrame, sin haberme afiliado jamás a ningún partido. No nos engañemos, no hay buenos ni malos, fingen pelearse y luego se llevan bien entre ellos, y el que está jodido al final es el de abajo... —Pero a la hora de plantear sus espectáculos, ¿ha chocado con tabúes o cortapisas? ¿Hay algo de lo que no pueda hacerse humor? —Mira, yo soy un observador asombrado de todo esto. La libertad es un concepto personal, que se usa hoy para hacer de las personas los seres menos libres del mundo. Llevarlo a un análisis profundo es complicado, pero hay que volver a los políticos, que hablan de libertad y de otras muchas cosas y solo piensan en seguir en el poder, y no hay más. Su única finalidad es mantenerse donde están. —Por no hablar del 21 % de IVA para la cultura, que imagino que también le afecta... —Eso es de risa, es algo que no se ha visto ni en Zambia. Quieren acabar con esto como han acabado con la noche, con la alegría, han acabado con todo... —Bueno, con la alegría no. Quedan los monólogos. —Sí, es verdad, nos queda la alegría, porque si no sería como para comerte siete cajas de bombillas. Hay que dar alegría al pueblo, y como yo también soy pueblo, la reivindico para mí. Es un privilegio poder dedicarse a lo que uno ama.

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