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En la escuela y en casa

Han exhibido una ira vacía y absurda contra una escultura que ni habrían mirado como tal, sino simplemente como objeto de un ataque con el que descargarse de una violencia que no da para menos pero que, y esto es lo grave, podría llegar a dar para más.

el 15 sep 2009 / 19:41 h.

Han exhibido una ira vacía y absurda contra una escultura que ni habrían mirado como tal, sino simplemente como objeto de un ataque con el que descargarse de una violencia que no da para menos pero que, y esto es lo grave, podría llegar a dar para más. No sabemos cuantos fueron, que clase de ira inútil les atacó, pero si está claro que en su pretendida exhibición de fuerza, dejaron una firma de debilidad, de miedo seguramente a lo desconocido. Es lógico pensar que quienes cometen semejante acto de brutalidad deben ser extremadamente brutos, ayunos de conocimiento, de educación, de la sensibilidad que les habría permitido respetar lo que ha sido expuesto para ser mirado y, desde luego, respetado.

Hay criaturas que se rebelan contra lo que creen inútil, porque la vida les pone en circunstancia de rechazo de todo lo que no tienen; esas criaturas pueden tener, aunque a veces cometan los peores actos, el atenuante de no haber recibido ni el mas leve roce de la fortuna, viven en lugares y en condiciones que les hacen odiar todo y a todos los que disfrutan de lo que ellos carecen. No los imagino tumbando esculturas, lo siento, pero solo imagino tumbando esculturas a alguna pandillas de tontos, rebeldillos sin causa, venidos a violentos en estado de excitación infantiloide e inculta. Habrá que empezar a plantearse muy seriamente que nacer en libertad exige aun más celo y más empeño en la tarea de educar, en la escuela desde luego, pero también y antes aun, en casa.

A nadie debería dejar tranquilo que haya brutos tan zafios y tan débiles, como para realizarse en un hecho tan violento y tan inútil como el de tumbar una escultura.

María Esperanza Sánchez es periodista

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