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En libertad los 27 indignados españoles detenidos en Bruselas

El movimiento recupera la normalidad, prepara varias actividades para la jornada de hoy y comienza a organizar la manifestación del próximo sábado.

el 09 oct 2011 / 15:16 h.

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Indignados españoles se manifiestan a su llegada al parque Elisabeth de Koekelberg, Bruselas.

El movimiento de indignados en Bruselas recupera la normalidad tras el retorno al campamento base, en el interior de un edificio cedido por la universidad, de los 48 detenidos anoche por la policía belga, entre los cuales había 27 españoles. Todos han sido puestos en libertad tras cumplir 12 horas de arresto por una sanción administrativa de carácter leve, que no comporta ni delito ni pago de multa.

“Todos han vuelto, sin consecuencias penales, judiciales ni económicas”, comenta una de las responsables de coordinación internacional del movimiento.

Superado el episodio, la jornada de hoy prosigue con los talleres de debate, cineforo, proyecciones y asamblea vespertina, todo encaminado hacia la movilización general del próximo sábado. Los indignados quieren manifestarse entonces en el centro de Bruselas.

La próxima semana será un largo devenir de discusiones a las que se sumarán las marchas de indignados que deben llegar de Holanda, Reino Unido y Alemania; además de los movilizados en Bélgica, junto a personas asociadas individualmente de muchos otros lugares, según los organizadores del llamado Ágora Bruselas.

El programa de hoy arranca con un taller sobre la persecución que el sistema hace a parados y personas que viven en alquiler y concluirá con la proyección del documental Debtocracy, sobre las causas de la crisis griega y las onerosas soluciones sociales que barajan las autoridades helenas.

 Los organizadores prevén realizar actos tanto en la calle -en el parque Elisabeth, donde anoche se produjeron las detenciones, ya que tienen prohibido acampar y pernoctar, pero no usarlo durante el día- como a cubierto, en el edificio universitario desafectado, aunque equipado con los servicios básicos, que les han ofrecido las autoridades como centro de operaciones. Los reunidos pretenden extender sus actividades a otras partes de la capital, pero esta misma mañana no sabían si podrían o no hacerlo.

Hasta ahora, el movimiento ha tenido discreta repercusión en los medios belgas, más reflejando la repercusión en otras latitudes que en el propio país, pese a lo cual ayer eran varios los centenares de personas que esperaban en el parque Elisabeth la llegada de la marcha española. A alguno de los asistentes le decepcionó lo que ocurrió luego, la larga asamblea sobre el césped embarrado para decidir si aceptar o no el edificio ofrecido por las autoridades como alternativa a la acampada libre en un espacio público protegido. “Dicen que quieren mejorar el mundo y llevan dos horas debatiendo para dormir en el barro”, comentaba un hombre antes de que la policía se llevara a 48 indignados (españoles y de otras nacionalidades) que insistían en mantenerse en el jardín pese a la prohibición oficial. A otro de los indignados le pareció todo el ejercicio un exceso: “Viene una manada de lobos y necesitamos una asamblea para decidir a qué árbol nos subimos”.

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