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En recuerdo de la mujer muerta

Con una cadencia tenebrosa e incesante nos llegan las noticias de las muertes violentas de mujeres a manos de sus parejas. Detrás de estos dramas íntimos se esconden patologías sociales de las que son víctimas exclusivas las mujeres. Pero mientras algunos excitan a la ciudadanía con el olor de la sangre vertida por la violencia terrorista, frente a esta ésta otra forma de terror...

el 14 sep 2009 / 23:08 h.

Con una cadencia tenebrosa e incesante nos llegan las noticias de las muertes violentas de mujeres a manos de sus parejas. Detrás de estos dramas íntimos se esconden patologías sociales de las que son víctimas exclusivas las mujeres. Pero mientras algunos excitan a la ciudadanía con el olor de la sangre vertida por la violencia terrorista, frente a esta ésta otra forma de terror pasan indiferentes. No les debe resultar rentable y se prefiere buscar razones que si no justificar, explican por qué sucede.

Mueren demasiadas mujeres en España y la información se salda con argumentos inquietantes. Era sudamericana, el asesino era inmigrante. Ya tenemos coartada moral. No ha sido una de las nuestras. A la soledad terrible de la muerte se añade la de la exclusión social. Y las mujeres que sufren en silencio violencia doméstica sienten que están solas. Que ante una denuncia alguien les mira displicentes diciéndole sin palabras: "alguna razón le habrás dado para que te hagan eso". "¿Qué has hecho para enfurecerle? " "hay cosas que un hombre no puede consentir de una mujer". La víctima se convierte en culpable

Y así se va incrementando inexorable la lista terrible de mujeres muertas a golpes, arrojadas por la ventana, acuchilladas con objetos de uso cotidiano. Estos terroristas no usan bombas. No se esconden. Viven entre nosotros pensando que están en su derecho "la maté porque era mía". Y tras una manifestación de lástima momentánea cae el silencio y el olvido. En algún lugar una mujer siente que ella será la siguiente. Y está sola.

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