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"En Sevilla no está todo pintado, siempre hay algo nuevo que plasmar"

Esta pintora sevillana de Carmona lleva el amor a los pinceles en la sangre. Pero su pasión es la Macarena, a la que plasmó en el cartel de la hermandad para la Semana Santa 2011.

el 01 oct 2011 / 21:05 h.

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Nuria Barrera posa a las puertas de El Correo de Andalucía, en el parque tecnológico de la Isla de la Cartuja.

Para saber quién es Nuria Barrera Bellido (Carmona, 1972) y qué le apasiona no hace falta recurrir al chivato de Facebook , que también. Basta con mirar la foto de esta entrevista y fijarse en un detalle. "Yo soy macarena, macarena", dice orgullosa mientras acaricia la medalla de la Virgen de la Esperanza, la misma que tuvo el "honor" de plasmar en el cartel anunciador de la Semana Santa 2011 que le encargó su hermandad. No es el único orgullo del que hace gala esta sevillana: "¿Rancia porque me gusten mis tradiciones? Yo lo llamo cariño".

-¿Cómo comienza su relación profesional con el mundo de las cofradías donde todavía es residual la presencia de la mujer?
-Es cierto que sigue siendo un mundo muy masculino... Mi vinculación al mundo cofrade, al feriante y al rociero me viene de familia. Desde niña lo he mamado y me ha gustado. Y no sólo por el sentido religioso. Me ha llamado la atención por el colorido y el movimiento, y he tenido la suerte de que las hermandades han contado conmigo, y eso me ha abierto puertas.

-¿Dónde se siente más cómoda a la hora de expresarse artísticamente?
-A mí me gusta la variedad, pero lo que es el tema del costumbrismo sevillano me gusta especialmente por la luz, se presta mucho a la pintura que me gusta captar. Yo busco pintar no la portada de San Lorenzo, sino a la abuela que juega con sus nietos, la mujer que entra en la basílica...

-¿Qué le contestaría a los que muy probablemente la tacharían de rancia por gustarle el costumbrismo sevillano?
-¿Rancia porque me guste lo nuestro? No creo que lo sea por eso. Simplemente es cariño.

-¿Sevilla no está pintada ya?
-El decorado puede ser el mismo, que tampoco, porque ahí tenemos las setas, pero siempre hay algo nuevo que plasmar. En Sevilla no está todo pintado.

-¿Cada Semana Santa es diferente?
-Siempre. Mis amigos no son capillitas, más bien lo contrario, y siempre me dicen eso de que todos los años es igual. Pero es incierto. ¿Los cumpleaños son iguales todos los años ? Cada año se ven las cosas de manera distinta. Las imágenes son las mismas, pero ni el entorno ni la gente lo es.

-¿Qué imagen recuerda especialmente de la Semana Santa? ¿La ha plasmado?
-Muchas, pero yo soy macarena, macarena desde niña. El paso por la basílica camino del colegio era obligatorio. Y eso se te mete en la sangre. Me gusta toda la Semana Santa. Disfruto hasta con los cuerpos de nazarenos. Es bonito cualquier movimiento, la mantilla, el niño dando caramelos...

-La satisfacción entonces por haber pintado el cartel de la Semana Santa de la Macarena habrá sido doble.
-Enorme, enorme. Además, un sentido de la responsabilidad muy grande desde que me lo encargaron porque, claro, es la hermandad que siento, tenía que estar a la altura, quería, además, transmitir lo que siento y que la gente hiciera suyo el cartel, que lo comprara, que lo pusiera en sus casas... Estoy muy orgullosa del resultado. Es una de las cosas más bonitas que me ha podido pasar.

-¿Qué le gustaría pintar ahora?
-En Sevilla hay muchas cosas importantes que hacer. A mí todo lo que sea servicio a esta ciudad que me encanta...

-El mundo de las cofradías está monopolizado por hombres, pero es cierto que las pocas mujeres que tenéis un hueco habéis dado un buen aldabonazo. ¿Os sentís respaldadas? ¿Os ha costado llegar?
-No he tenido esa sensación. Será que, por la poca experiencia en el mundo de las cofradías, no me he sentido censurada ni menos válida que otros. Cuando ha llegado el momento, ha llegado.

-Siendo de Carmona es difícil que no le gustara el arte.
-¡Es verdad! He vivido poco allí, pero donde mis compañeros ven una mata de geranio en un balcón, yo veo vida, muchos matices.

-¿También por eso de ser de Carmona lo de que su película favorita sea Gladiator?
-(Ríe) Lo clásico me gusta. Roma me apasiona. Así que imagínese Gladiator...

-¿Cuál es su relación con el arte moderno? ¿Es incompatible el gusto por lo clásico y las vanguardias?
-No es incompatible, aunque yo soy una mera espectadora del arte moderno.

-¿Le emociona como un cuadro de Velázquez?
-Ahí me ha dado, porque Velázquez es mi pintor favorito. Mis pintores favoritos son Velázquez, Rembrandt y Soroya, que es impresionante, ya no es la luz sino las sombras. Pero le soy sincera: no me emocionan determinadas pinturas. Siempre es bueno estar abierto a todo, pero no es lo mismo ver tres rayas que un cuadro impresionista. Eso sí que emociona.

-¿Cambiarán nuestra manera de ver la Semana Santa los nuevos escenarios que hay en la ciudad, caso de los parasoles? ¿Cómo ha vivido estos cambios?
-Pues lo reconozco: he procurado no ver nada por allí. Conforme lo voy viendo más me voy adaptando. Pero cuando lo vi por primera vez me impactó. Lo habría puesto en otro sitio. Eso sí, el mirador es magnífico, se ve Sevilla, y está muy bien explicado. Merece la pena.

-Pero ¿afea la Semana Santa?
-Cuando el Cerro cruza la Ronda del Tamarguillo tampoco es bonito. Todas las hermandades tienen sitios bonitos y feos. Lo que hay es lo que hay. Tenemos que adaptarnos aunque no es a mi juicio para cambiar el recorrido de la cofradía. Cuando nuestros niños sean mayores será un marco más.

-En definitiva, que nada mejor que la Semana Santa de las callejuelas.
-Sí, hombre, sí. Pero para mí y para cualquiera que tenga un mínimo de sensibilidad, que sepa apreciar lo bueno. En los rincones es donde hay silencio, donde está la luz perfecta, donde se saborean los olores, el sonido, donde se escucha la voz del capataz...

-Pero esa Semana Santa requiere de menos gente. ¿No está rememorando la Semana Santa de su niñez?
-Hay muchos rincones donde deleitarse. Sólo hay que saber buscarlos.

-¿Del arte se vive?
-Es difícil pero se vive. Yo puedo decir que vivo del arte. Y me siento muy afortunada por ello.

-¿Hay mercado en Sevilla o está saturado del arte costumbrista?
-Claro que lo hay, pero hay que mimar al cliente dándole facilidades. No se trata de regalar el trabajo pero al cliente hay que mimarlo, no abusar de él.

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