Cultura

Encantador género chico

Tanto en lo vocal como en lo escénico todo hizo justicia al título de la obra de Sorozábal.

el 21 mar 2014 / 09:32 h.

1560127815601278 Zarzuela. La del manojo de rosas** Teatro de la Maestranza. 20 de marzo. La del manojo de rosas, de PabloSorozaba. Intérpretes: C. Romeu, R. Iniesta, C. Crooke, J. J. Frontal, L. Varela, R. Muñiz. Coro del Teatro de la Maestranza. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Director musical: Miguel Ángel Gómez Martínez. Dirección de escena: EmilioSagi. En 1934 Sorozábal intentó desenterrar el sainete y revivir la muy tocada zarzuela con La del manojo de rosas, una obra apreciable en lo musical pero cuyo teatro, que es casi tanto como lo sonoro, no resistirá el trasvase a próximas generaciones, ajenas a un tipo de humor al que cada vez le cuesta más arrancar sonrisas. Con todo, el compositor fue capaz de cosas importantes, como colocar un moderno leitmotiv que recorre una partitura briosa, con temas completos por los que pasa rápido, sin insistir en ellos. Emilio Sagi ha querido darle pinceladas de musical al enredo pero le ha salido una puesta en escena estática a fuer que esmeradamente iluminada y con coreografías que aligeran una inane dramaturgia. La escenografía de Gerardo Trotti reproduce un exquisito edificio madrileño en cuyos bajos hallamos el exótico café –english spoken– Honolulu, la floristería El manojo de rosas y un taller automovilístico. En lo vocal, como en lo escénico, todo hizo aceptable justicia al título. José Julián Frontal se mostró reservado toda la noche, con una proyección sólo correcta, y refinada elegancia cuando afrontó Madrileña bonita. Con una voz límpida y ancha, la protagonista, Carmen Romeu, construyó bien su personaje sin tentar virtuosismo alguno, como también Ruth Iniesta, quien compuso una apreciable pareja cómica con Carlos Crooke, buenos actores los dos además. De bonito timbre pero limitadas potencialidades, Ricardo Muñiz. El veterano actor Luis Varela redondeó su redicha encarnación del barman Espasa, llevando como lo hace, escrito en su código genético el arte zarzuelístico. En el foso, el maestro Miguel Ángel Gómez Martínez, no pareció entenderse con la Sinfónica, que sonó muy de batalla, pasando por encima de unos pentagramas de por sí inocuos. Añoramos a Miguel Roa, capaz de hacer pasar por buena hasta la música de Los sobrinos del capitán Grant, de Fernández Caballero, disfrutada en el Maestranza en 2010. Fiel a los montajes del madrileño Teatro de la Zarzuela, el coliseo del Paseo Colón debería estar barajando ya la posibilidad de presentar en una próxima temporada un título ciertamente asombroso del género chico, Viento es la dicha del amor, de José de Nebra. Así además se producirían dos conquistas; la de proponer al fin un título barroco –que fue interpretado en Madrid por la Orquesta Barroca de Sevilla– y contar con una puesta en escena hábil y aliada con un espectador del siglo XXI, firmada por la compañía teatral Animalario.

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