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¿Encontrará Cuba su Adolfo Suárez?

El 9 de septiembre de 1978 llegaba a La Habana el presidente del Gobierno de España, Adolfo Suárez, en un histórico viaje criticado por las cancillerías occidentales y por la disidencia cubana, y del que un grupo de periodistas fuimos testigos de excepción como enviados especiales de nuestros medios.

el 15 sep 2009 / 00:23 h.

El 9 de septiembre de 1978 llegaba a La Habana el presidente del Gobierno de España, Adolfo Suárez, en un histórico viaje criticado por las cancillerías occidentales y por la disidencia cubana, y del que un grupo de periodistas fuimos testigos de excepción como enviados especiales de nuestros medios.

Nunca olvidaremos a Fidel Castro aplaudiendo cuando el presidente Suárez descendía del avión de la Fuerza Aérea Española en el aeropuerto José Martí. Como no hemos olvidado la pregunta de un colega al dictador Castro, que dejó sin respiración a nuestra representación diplomática en la isla, cuyo jefe era el sevillano Manuel Ortiz. La pregunta no era la del millón, sino sencillamente la de cajón: "Comandante, ¿para cuándo elecciones libres en Cuba?".

La pregunta se la han hecho desde entonces cientos de observadores sin que jamás haya tenido respuesta por parte del hermético régimen comunista, una reliquia dejada de la mano de Dios por sus otrora mentores soviéticos. La pregunta sigue estando de actualidad hoy, cuando un Fidel Castro a punto de entregar la cuchara renuncia a sus cargos, pero como buen dictador se queda moviendo los hilos del gran teatro de marionetas en que a lo largo de medio siglo ha convertido a la perla del Caribe. De momento no hay transición que valga, sino una delegación de poderes en su hermano Raúl a quien nombra heredero universal.

La peculiaridad del régimen cubano está ya en las enciclopedias. Pero continúa llamando poderosamente la atención que las izquierdas, incluso las izquierdas democráticas, miren para otro lado cuando se habla de disidentes en el exilio, de presos políticos, de represión y condenas a muerte, como si nuestra más rancia progresía tuviera un permanente sentimiento de indulgencia con un dictador que ha acabado hasta con el último vestigio de los derechos humanos en la isla. Esa forma de comprensión y de tolerancia con Fidel ha contribuido, sin duda, a que Cuba haya padecido la más larga dictadura de la historia reciente.

Me quedo con aquella imagen de Adolfo Suárez descendiendo del avión en La Habana, hace treinta años, y me pregunto si el pueblo cubano tendrá la suerte de encontrar a una personalidad de semejante perfil que aun viniendo del régimen que agoniza sea capaz de hacer una transición pacífica a la democracia como la de España a la muerte del dictador. Un hombre providencial, como lo fue Adolfo Suárez, es lo que necesita en estos momentos Cuba. Un hombre capaz de unir voluntades y de hallar el denominador común que hilvana a los hombres y mujeres de cualquier ideología: las libertades públicas en el marco de la democracia, única vía para que el pueblo pueda darse una Constitución generalmente aceptada. Será entonces cuando se podrá contestar a la pregunta que en 1978 le formuló nuestro colega a Fidel Castro en La Habana: ¿para cuándo elecciones libres?

Periodista

gimenezaleman@gmail.com

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