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Encuentra al bichito

el 04 jul 2010 / 12:28 h.

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El mirlo, un maravilloso cantor.

Para la mayoría los parques representan zonas de esparcimiento donde acudir a dar un par de carreras y justificar de paso la inversión en ropa en Decathlon o ir a pelar la pava en época de euros escasos. Para los más refinados queda la pasión que las especies vegetales despiertan. Y en el Parque de los Príncipes no hay precisamente pocas: naranjos, jacarandas, tipuanas y hasta ciruelos de Japón.

Ubicado en el extremo occidental de Los Remedios, este rincón verdísimo de Triana fue creado en el año 1973 y diseñado principalmente como jardín, aunque su gran extensión hace que la denominación de parque recaiga sobre él con toda ley. Si dejamos atrás las 83 especies vegetales distintas que se encuentran allí, cabe preguntarse si, además de patos y palomas -sus más insignes habitantes- hay allí otros seres menudos para regocijo de los observadores, capaces de encaramarse a un seto durante dos horas para contemplar la ceremonia de apareamiento de la abubilla.

Parece difícil creer que la fauna de los Príncipes sea digna merecedora de atención, especialmente cuando se descubre que en el generoso texto explicativo que la página web del Ayuntamiento de Sevilla dedica al lugar no hay una sola mención a nada que contenga más vida que un sauce llorón.

Craso error, según el biólogo Jaime Melchor, estudioso de la gallineta, éste es uno de los pocos lugares de España donde encontrar (aunque no fácilmente, ya que no abundan) estos animalillos.Si paseando por alguna de las zonas húmedas del parque escucha un sonito onomatopéyico parecido a un ‘¡¡kerric!!' o ‘¡¡kitik!!' e incluso ‘¡¡kittiik!!' usted está de suerte. Una gallineta anda cerca. Se trata de un ave acuática mucho menos tímida que otros congéneres de su misma familia, por lo que, migajones de pan mediante, podrá establecer un contacto visual con ella mucho más cercano que el que acostumbran a permitir los muy picardeados patos de parque.

Claro que a estas alturas parece lógico que los patos no tengan mucho aprecio por los humanos. En 2008 la Asociación Andaluza para la Defensa de los Animales denunció la muerte a pedradas de unos 200 de estos animales en el Parque de los Príncipes durante la Feria de Abril. El hecho lo refrendó el consistorio, unos vándalos calmaron así su borrachera tras saltar las barreras.

Desgracias aparte otro de los habituales cantores del parque son los mirlos, mucho más presentes aquí que en ninguna otra zona verde de la ciudad. Se dice que el mirlo silba, toca la flauta, llama o charla. Quizá por su abundancia no copa toda la atención que debiera, aunque un célebre ornitólogo y compositor, el francés Olivier Messiaen, lo catalogó como una de las aves de más variado canto del mundo. Para comprobarlo deberá visitar el parque a primera hora, antes de que el calor y el mayor ajetreo, les hagan retirarse a un segundo plano. Túmbese en los márgenes de la glorieta dedicada a la poetesia sevillana María de los Reyes Fuentes y, si es capaz de valorarla, disfrutará con una celestial sinfonía de ‘píos píos'.

No vamos a pasar por alto que los gorriones y las palomas también le han cogido el gusto a eso de vivir en Los Remedios, pero presentándoles a estos habitantes nuestras disculpas por la poca atención prestada, en el Parque de los Príncipes también conviven fochas comunes y ánsares.

Es cierto que, para el profano, distinguir entre fochas, patos y ánsares no es fácil. Lo mejor será que recupere de lo alto de su estantería esa enciclopedia del mundo animal que compró por teléfono hace 20 años y acuda luego bien informado para poder identificarlos. Añada un nuevo ave a la lista: también por aquí hay ánades, esos estilizados seres que en muchos cuentos infantiles aparentan ser el hermano bello del pato.

Bajo el agua también hay otro mundo por descubrir. Además de una curiosa variedad de peces de estanque podrá encontrar una singular colonia de tortugas de estanque. Muchas de ellas vivieron un día en bañeras y terrarios. Al soltarlas aquí, las supervivientes se han establecido como un núcleo de resistencia. ¡Pero qué bien se está en Los Príncipes!

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