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Enésimo golpe de Asenjo

Las palabras del arzobispo pidiendo mesura a las cofradías en sus gastos 'enciende' a los cofrades".

el 29 feb 2012 / 12:17 h.

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Juan José Asenjo, en el transcurso de una entrevista.

Lo sé. Me dispongo a entrar en un verdadero jardín, porque de ninguna otra manera mejor puede definirse el intento de interpretar las palabras de un prelado de la Iglesia, en este caso del arzobispo de Sevilla, monseñor Juan José Asenjo, sin tener en mi haber ni estudios de Teología ni nada que se le parezca. El mensaje a destripar es el siguiente y lo pudieron leer ustedes en estas mismas páginas el pasado viernes 24 de febrero en la entrevista que el compañero José Gómez Palas le hizo en el Palacio Arzobispal : "Creo que en estos momentos urge atender los gritos de los pobres, porque de poco sirve vestir nuestros Cristos con sayas y con mantos recamados de oro si los otros cristos con los que Él [Dios] se identifica están muriéndose de hambre". Vamos, teoría de la liberación casi.

Desconozco si el señor Asenjo frecuenta las redes sociales pero, de hacerlo, se habría encontrado con un sinfín de reproches y aplausos a partes iguales. En el lado de los opositores, la crítica era unánime y venía a decir: "pues venda usted todos los cálices de oro de las iglesias y verá a qué cantidad de gente es capaz de alimentar solo con eso". Le afeaban al sucesor de Carlos Amigo Vallejo el hecho de que viva en un palacio, rodeado de todo tipo de lujos y sin ningún problema para llegar a fin de mes. Se sublevaban ante el hecho de que la Iglesia sevillana dé lecciones de solidaridad cuando, a su juicio, no predica con el ejemplo. Por el contrario, los más devotos del arzobispo alabaron su "valentía" a la hora de hablar alto y claro, poniendo a las cofradías los puntos sobre las íes (una actitud ésta que monseñor Asenjo gusta practicar, mal que le pese a las hermandades sevillanas, tan reacias a ser críticas y criticadas).

Y a mí que lo que me sorprende es que Asenjo haya hecho lo que tiene que hacer cualquier miembro de la Iglesia que se precie? La noticia habría sido que un miembro de la curia saliera en el arranque de la Cuaresma, y con el país hecho unos zorros, a suplicar a las hermandades que derrochen el dinero, su tiempo y sus esfuerzos en llenar de joyas a sus titulares. Asenjo ha ejercido el papel que se espera: insistir machaconamente en el mensaje evangélico. Lo contrario sería hacer un ejercicio de hipocresía y cinismo difícil de digerir. Pero -porque claro que hay un pero y de dimensiones estratosféricas- el problema de las declaraciones de Asenjo es que no son creíbles. Por cierto, el mismo mal que padece gran parte de la cúspide eclesiástica. Imagino que a continuación me lloverían comentarios indignados recordándome la labor de Cáritas (la primera y más importante empresa de asistencia social del país), el trabajo abnegado de las bolsas de caridad de las hermandades, el día a día callado de cientos de cristianos de base que se entregan desinteresadamente... Todo eso lo sé. Hasta podría decirles que lo conozco de primera mano... Pero no es el meollo del asunto. Cierto es que el señor arzobispo ha roto con el legado de su antecesor, que dio más manga ancha a las cofradías. Asenjo las quiere meter en cintura. Pero sus palabras, insistimos, no suenan todavía a verdad. El padre no es capaz de poner freno a ese hijo, por momentos díscolo, que tiene en casa. Todo vale con tal de tener una Cuaresma en paz. Y todo no vale. ¡Claro que no vale! Máxime cuando se tiene negro sobre blanco cuál es el manual de instrucciones.

La Iglesia y las cofradías se aguantan pero ¿se soportan? ¿Se consideran hermanas de la misma causa? A tenor de lo visto y oído, juzguen ustedes. Y que conste que me niego a hacer una declaración jurada sobre mi grado de sevillanía, lugar de residencia y pasaporte de cofradías en las que milito para justificar mi atrevimiento. Y que conste que no encabezo ningún manifiesto en contra de la Semana Santa y sus tesoros. También a través de ella se puede llegar a tener respuesta a la pregunta más radical que hay: el motivo de nuestra existencia. Pero la Iglesia no puede por más tiempo acallar las malas contestaciones, gestos y actuaciones de los hijos que viven bajo su techo. De lo contrario, pasa lo que hemos visto: lo que habrían sido unas oportunas declaraciones para los tiempos que corren (más allá de problemas domésticos como si se puede o no seguir engordando la nómina de cofradías que hacen estación de penitencia a la Catedral, que debe ser un problema de primer orden) se convirtieron en un nuevo foco para las iras de unos y otros.
En twitter: @carlotilla2

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