Cultura

Enrique sigue siendo el gran renovador

El espíritu de Morente acompañó el concierto de tributo de Los Evangelistas en el Central.

el 29 sep 2012 / 23:27 h.

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Teatro Central. 29 de septiembre de 2012. Músicos: Eric Jiménez (batería), Jota (voz y guitarra), Floren (guitarra), Antonio Arias (bajo y voz). Invitadas especiales: Soleá Morente y Carmen Linares. Entrada: Más de medio aforo.

Enrique Morente solía decir que la primera premisa para ser moderno era no querer serlo. De hecho, defendía la idea de que la naturalidad y la autenticidad eran la mejor vía para sacudirse el polvo, pues todos somos en mayor o menor medida, fatalmente, gente de nuestro tiempo. Así logró el malogrado cantaor granadino convertirse en uno de los grandes renovadores del flamenco, aunque le costara el sobrenombre peyorativo de el cantante y los aficionados más rancios e inmovilistas tardaran más de veinte años en cogerle el punto, si es que se lo han cogido.

Viene todo esto a cuento porque anoche, en medio de la marea de acoples y distorsiones de Los Evangelistas entendimos que Enrique está vivo y sigue siendo el gran renovador que fue. Primero abrió ventanas para airear las viejas estancias de lo jondo, luego fue el revulsivo para que el obsoleto punk andaluz cobrara un vigor insólito con Omega, más tarde insufló nuevos bríos al declinante indie de Los Planetas. Músicos de esta banda y de Lagartija Nick se han unido para brindar un tributo sin demasiados ánimos lucrativos -lo creo firmemente-, sino para comprobar hasta qué punto han aprendido bien el legado de Enrique: conocer la tradición para perderle el miedo, no ensimismarse, ser uno mismo y sentir.

Empezó el recital bastante frío con Gloria, la canción que abre el primer disco de Los Evangelistas, y fueron desgranando su repertorio al tiempo que el recital cogía temperatura y alma. Decadencia, En un sueño viniste, Amante, fueron algunas de las composiciones en las que los granadinos ensayaron esa mezcla de energía rockera y de introversión poética que suelen cultivar. Acabó de romper el concierto con las Alegrías de Enrique, seguidas de El Loco, aunque no faltó un guiño al colosal Omega acordándose de Federico en Ciudad sin sueño.

Carmen Linares, gran amiga de Enrique, puso más corazón que garganta en Delante de mi madre, y la joven Soleá Morente saltó a la escena con los primeros acordes de Yo poeta decadente. Algo unía a toda esa gente de generaciones distintas: el hecho de que Enrique, cuando pasaba por tu vida, te impedía seguir siendo el mismo. Por eso sigue siendo el gran renovador.

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