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Toros

Entre dos maestros

El último ‘Mano a mano’ de la fundación Cajasol sentó al comunicador José Antonio Sánchez Araújo y al diestro trianero Emilio Muñoz en las tablas del viejo Álvarez Quintero. Se trataba de hablar de toros, periodismo y de todo un poco...

el 24 sep 2014 / 11:30 h.

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araujo-emilio-muñoz Araújo y Emilio Muñoz se metieron en el bolsillo al público que llenaba la sala Joaquín Turina. / Foto: José Luis Montero Al veterano periodista y al reconocido matador les unían muchos más nexos de los que podía parecer. En realidad se podían tratar de casi colegas. No en vano, el diestro de Triana se ha revelado como un excelente comunicador en su faceta de comentarista de las retransmisiones taurinas de Canal Plus. La cita había despertado una enorme expectación y había llenado el patio de butacas del viejo Álvarez Quintero que, según ha trascendido, tiene las horas contadas como sede de la fundación Cajasol que pronto concentrará sus actividades en la casa central de la plaza de San Francisco. Ayer se cumplía el mano a mano número 29. Y no hizo falta entrar en calor. Los problemas de refrigeración en la sala ahorraron cualquier preámbulo y nos colocaron en situación. Araújo entró en la sala saludando con aire torero. Muñoz, amparado por los suyos, hizo una entrada más comedida. Y había que meterse en harina: José Enrique Moreno, moderador del acto, puso el primer toro en suerte aclarando a quién se podía llamar «maestro» en estos tiempos en los que la palabra se vende barata. Estaba en medio de dos que merecen el tratamiento. «Trátame bien a Emilio que es un torero de la cabeza a los pies». Araújo desveló el mensaje recibido de Míchel, el recordado futbolista madridista reciclado a entrenador como aquel banderillero que, «degenerando», acabó en gobernador civil. La charla entró rápido en velocidad de crucero. El planteamiento inicial era mostrar los nexos del deporte y los toros pero ambos contertulios fueron más allá y se metieron de lleno en los problemas y las taras que atenazan hoy al mundillo taurino, acosado por las tibiezas del mundo moderno y la propia impasibilidad de muchos de sus actores. «El planeta de los toros no existe; es incapaz de encabezar cualquier acción», espetó el gran Araújo. Emilio Muñoz recogió ese guante y ahondó en la cuestión: «los taurinos siempre hemos gestionado muy mal nuestro mundo; no hemos sabido involucrar a la gente ni hacerla partícipe de lo nuestro y ahí tengo que entonar el mea culpa», reconoció el maestro trianero. José Antonio Araújo puso un ejemplo candente sobre las tablas del antiguo teatro de la calle Laraña: «en el mundo del fútbol sería inimaginable que una figura del Madrid o el Barcelona escogiera jugar tres o cuatro partidillos con equipos de regional». No hace falta decir a quién se estaba refiriendo pero acabó despejando cualquier duda: «es lo que pasa con la máxima figura del toreo actual, la única capaz de llenar las plazas. Si José Tomás toreara un mano a mano con El Juli y se televisara...». Emilio Muñoz completó la frase: «harían falta cuatro plazas de toros». Pero el diestro de la calle Pureza siguió sobre esa senda al desvelar que el toreo está atenazado «por demasiados intereses creados». En ese sentido, Muñoz reconoció que los toreros «sólo pensamos en nosotros mismos cuando estamos en activo y no sabemos ver más allá». Los años de retiro, de ver los toros desde el otro lado de la barrera, han aportado otra visión al matador que hizo una denuncia pública: «los toreros se tienen que comprometer mucho más de lo que lo hacen». A partir de ahí se lanzó el asunto. El diestro sevillano puso algunos ejemplos válidos. «El Juli o Morante no pueden reducir sus temporadas a 30 tardes, tienen que ampliar su geografía taurina». En cualquier caso, el torero y comunicador, quiso abrir una puerta al optimismo a pesar de la «pusilaminidad del mundo del toro» que denunció el maestro Araújo. «He pasado dos años deprimido taurinamente, pensaba que llegaba el final de esto pero este año en Sevilla, a pesar de los problemas que todos conocemos, hemos visto llenarse la plaza cuando el público ha encontrado argumentos interesantes a precios adecuados». En esa línea, añadió Emilio Muñoz, «las entradas tienen que ser más baratas y ahí tiene que entrar el compromiso de algunos toreros; no más de cuatro o cinco», precisó. Emilio andaba lanzado, trazando sus mensajes con absoluta claridad. José Antonio Araújo subrayó esa faceta de comunicador afirmando que el diestro trianero había abierto «un camino a seguir». Pero ésa no fue la única aportación del trianero. Aún recordó que el mundo del toro tiene que dejar atrás los «intereses personales» y, sobre todo, «que salga uno que parta la pana de verdad». A esa sarta de verdades, enhebradas con la personalidad de Araújo y el buen hacer del moderador, aún le quedaba una última lección apta para plumillas: «el mejor periodista taurino es el que mejor sabe ver al toro». Pues eso.

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