Local

Entre la nieve y la nada

Sevilla debatió ayer si lo que cayeron del cielo eran o no copos.

el 11 ene 2010 / 18:57 h.

TAGS:

Si los copos se pueden contar mientras caen del cielo, ¿puede considerarse que eso es una nevada? El gran debate de los bares, los mercados y las paradas de autobús en el día D, ¿después de la nevada? "Pero, ¿nevó o no nevó en Sevilla?". La pregunta clave, el motivo de acaloradas discusiones, la mota blanca que cruza en las fotos hechas con el teléfono móvil. "Para mí que eso no fue nieve ni nada".

"En el año 54 no cabía la duda: eso sí que era nieve, que caía y se mantenía en el suelo. Lo de ayer fue un amago, un quiero y no puedo... Pero aún así fue algo muy raro de ver". Consuelo tenía casi 15 años cuando nevó en Sevilla y desde entonces no había vuelto a ver caer un copo. "Sí, sí, que copos caían". A su lado en la cola de la frutería del mercado de la Encarnación, Manolo, que no había nacido cuando la anterior nevada replicaba: "Aguanieve, lo de ayer fue aguanieve".

La misma disputa a cuenta de la nevada tenían los clientes de una cafetería de la calle Trajano. "De lo que sí me alegro es de no haber salido en busca de la nieve, porque hay muchos pobres que se quedaron atrapados por ir a verla. Ya nevará otra vez, si no, casi todos los años cae una nevada en algún pueblo de cerca y no se monta el jaleo que se ha montado ahora", comentaba una de las trabajadoras de CCOO apurando el desayuno.

En casa de Inma, contaba en la parada del 20 en Ponce de León, sonó el móvil a las 13.20. "Era mi hermana, que vive en Salteras, diciendo que allí estaba nevando. Nos pusimos en la ventana a ver si veíamos caer algún copo, pero nada". Inma vive con su marido y una de sus hijas en la avenida de Kansas City, en un quinto piso. "A los diez minutos llamó mi hija mayor, que vive en la calle Feria, diciendo que estaba viendo caer alguno desde su ventana. Mi marido se empezó a reír de nosotras, pero al final se ha tenido que convencer. Eso sí, a la chica la vamos a tener que llevar a Sierra Nevada porque no está ella muy conforme con que eso sea nieve".

Los niños fueron los que estuvieron más pendientes el domingo, con los dedos cruzados, para que lo que caía del cielo cuajara, con la ilusión de ver nevar, con la emoción de lo desconocido y lo extraordinario. En los patios de los colegios, ayer y con la tregua del sol fuera a media mañana, todos exageraban lo que vieron: "Pues en mi casa se veían los coches con la nieve en el parabrisas". "Y yo pude coger un poco en la mano desde mi terraza". Los móviles, llenos de fotos de la tan discutida nieve. "Pero si lo que se ven son puntitos, eso pudo ser la lluvia".

Conversación que se oyese, comentario que se hiciese ayer, todos oscilaban entre la cuestión capital, el asunto de estado -meteorológico- que dividía a los testigos del suceso en dos: los grupos de la nieve, entusiasmados, exaltados con la idea de haber presenciado un espectáculo único; y los grupos de la nada, incrédulos y poco predispuestos a creer que en Sevilla se dieran las condiciones el domingo para poder hablar de nevada. "Si puedes contar los copos cuando caen, no es nieve ni mucho menos".

  • 1