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Entre lo más clásico y lo moderno

el 17 abr 2011 / 19:50 h.

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La Hermandad de la Cena bajo Metropol Parasol.

Salida en la calle Sol, recorriendo las calles Gerona y Doña María Coronel para salir a San Pedro y al monumento a Sor Ángela, ¿cabe un recorrido más clásico, más sevillano? Pues ayer todo el mundo estaba pendiente de la Encarnación y del primer paso de una cofradía con las setas acabadas. Y si el primer paso, la Sagrada Cena, es vistoso por la renovada plaza, ¿qué le importa al Cristo de la Humildad y Paciencia en su recogimiento, hablando con el Padre, lo que haya allá arriba? Esa sí que era una imagen impactante y heterogénea.

Antes, en su templo, la confraternidad con la vecina Hermandad de la Exaltación, a la que acoge en su templo de los Terceros por las eternas obras de Santa Catalina protagonizó los primeros toques de llamador. Su hermano mayor, José Manuel Marcos, tocó el martillo en las tres ocasiones y los capataces de los tres pasos dedicaron a la hermandad vecina la salida de los tres pasos "para que tengan suerte y les salga igual que a nosotros un día espléndido".

Cuando sale a la calle Sol, el astro rey poco a poco ilumina las caras a los 12 apóstoles y de Jesús y su túnica blanca al compás marcado por la espléndida Banda de Cornetas y Tambores de las Cigarreras.Nada que ver con las dulces voces de los niños de la escolanía de María Auxiliadora que acompaña durante todo el recogido al Cristo de la Humildad y Paciencia, si bien en la salida, la Banda del Maestro Tejera que acompaña a la Virgen interpretó una marcha fúnebre para este Cristo pequeño, encogido, dulce, flagelado en su monte calvario.Minutos después, la Señora del Subterráneo con ese clavel rosa de un color tan personalísimo, se despide de la Virgen de las Lágrimas antes de que el sol ilumine su maravilloso y clasicísimo palio.

El discurrir de esta cofradía es de las más bellas y dispares de la Semana Santa, tres pasos y tres estilos, y los justos nazarenos para que sea cómodo verla a pie quieto, aunque el calor ayer más bien aconsejaba buscarse un lugar resguardaíto y a la sombrita. Como los soportales de la calle Imagen, llenos de padres con niños con tambores que ensayan sus primeros toques, carritos y helado en las manos. Y Jesús bendiciendo la mesa.

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