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Entrenúcleos, Bami y el Alamillo centran el abandono de galgos

No existen números oficiales pero sigue siendo la raza más desprotegida. En el Charco de la Pava los venden de forma ilegal. Luego, los dejan a su suerte

el 05 sep 2013 / 23:12 h.

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En los últimos meses el número de galgos arrojados a la calle en Sevilla ha crecido exponencialmente. Y estos, los abandonados, son los que tienen suerte, “los que no, son colgados de los árboles o arrojados vivos a pozos abandonados”, resume Javier Pazos, de la Asociación Liberación Animal. No existen números oficiales o, al menos, desde el Zoosanitario no los facilitan. Pero no es difícil pasear por según qué zonas y comprobar cómo estos animales –tan queridos como compañía en el hogar en países como Holanda, Bélgica, Alemania e Italia– malviven como pueden. Uno de los lugares en los que tienen mayor presencia es el reciente barrio de Entrenúcleos, en Dos Hermanas. “Hay muchísimos allí que viven asalvajados porque sobreviven como pueden cazando perdices por la zona”, explica Isabel Paiva, de la Fundación Benjamin Mehnert. Acaba de regresar de Milán, donde han adoptado a 30 galgos de su refugio. “En breve volveremos a tener llenas las instalaciones, ahora viene lo peor, cuando los galgueros prueban a los animales y los que no les sirven los tiran a la calle”. En la cercana urbanización a Montequinto, muchas familias les ponen de comer y “hasta hay guardias jurados que nos ayudan a recoger a los que podemos”. El director del Parque del Alamillo, Adolfo Fernández, no cree que, por ahora, constituya un problema significativo. Pero, de vez en cuando, sí que es fácil ver a algún perro abandonado (habitualmente, galgo), merodeando por este espacio verde. “En el Charco de la Pava los venden ilegalmente y los que a las tres de la tarde no han sido colocados suelen acabar allí, a su suerte”, resume Paiva. Luego vendrá el deambular a la vera del río hasta el parque, donde pueden mendigar comida de sus visitantes. Con la temporada de caza a punto de reactivarse, el problema se recrudecerá. “Y aquí nadie o casi nadie quiere galgos, desgraciadamente”, dice Elena Valor, de Arca. “Se ven como perros de campo cuando son unas de las razas más dóciles y silenciosas que pueden encontrarse, además de adictos al sofá”, opina. En ese entramado de rotondas, y carreteras que une Bami con Bellavista puede advertirse un gran número de ellos. Muchos han llegado hasta ahí provenientes de pueblos como Utrera, Los Palacios y Las Cabezas. Los galgos pueden recorrer largas distancias pues su capacidad física es casi tan elevada como su gran desorientación cuando se sienten perdidos. “Resulta enormemente complicado cogerlos porque rehuyen al ser humano por la traumática experiencia que han vivido”, argumenta Valor. Y mientras sí o mientras no, estos animales, muchos famélicos, trastabillean por lugares de gran tráfico, con el peligro que esto supone. Ninguna campaña pública se ha activado en su favor. Todo queda a la solidaridad.

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