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Érase un sevillano con una Nariz de Oro

El sumiller de la Taberna del Alabardero logra el prestigioso título en su fase andaluza.

el 06 dic 2010 / 18:39 h.

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Antonio Suárez participará en la cata nacional.
Tuvo que enfrentarse a una cata en copa negra para identificar el vino que contenía. Era la prueba definitiva de la competición. Antonio acercó la copa a su nariz, agudizó al máximo su olfato y sólo con olerla, sin posibilidad siquiera de discernir la tonalidad del vino, acertó a responder: “Variedad de uva Graciano... añada de 2009... con ocho meses de crianza en roble americano en una barrica de Huelva”. Y fue así como este sevillano, sumiller de la Taberna del Alabardero, se erigió hace unos días en ganador de la vigésima edición de la Nariz de Oro de Andalucía.

Antonio Suárez, de 36 años, afincado en Dos Hermanas, será uno de los seis sumilleres andaluces que participarán en la final nacional, que se disputará en Madrid el próximo mes de junio y en la que se verá las caras con los mayores especialistas en “análisis sensorial” de todo el país. Después de una dura competición, en la que participaban más de 50 sumilleres de Huelva, Málaga, Sevilla, Córdoba, Almería, Cádiz y Jaén, Suárez logró hacerse el pasado día 30 con el título de la Nariz de Oro de Andalucía tras someterse a catas a ciegas ante más de 50 vinos, alrededor de 20 destilados y de enfrentarse a una prueba teórica.

“Para poder recordar el aroma de un vino necesitas haber olido mucho y haber abierto muchas botellas”, asegura el protagonista, que comenzó su carrera en el campo de la hostelería hace más de diez años en la Taberna del Alabardero “desde abajo”, primero como camarero en el office, luego ascendiendo al restaurante, más tarde como jefe de rango y, por último, como metre antes de que un curso intensivo en la Escuela Bellamar de Marbella acercara sus designios a la profesión de sumiller.

Su misión en la Taberna del Alabardero es asesorar a la clientela sobre la carta de vinos del local para que la satisfacción de la ingesta sea plena. A Antonio le bastan “tres preguntas claves” para identificar los gustos del cliente: “Lo primero que se le pregunta es si prefieren blanco o tinto. Luego, si les gusta más un vino potente, suave o medio, lo que te permite eliminar muchas opciones, y por último, si les apetece probar un producto de la zona o de otros puntos de España”. Bastan estas tres respuestas para que el sumiller de la Taberna del Alabardero acierte a identificar el vino más recomendable para el cliente de entre las más de 130 referencias que posee el establecimiento.

La preparación, el estudio, el conocimiento y una mente muy abierta son, a juicio de Antonio Suárez, las cualidades que deben adornar a todo buen sumiller. Ni Pinocho ni Cirano de Bergerac, las mejores narices de la ficción, las películas, el teatro y la ópera, le sacarían ventaja.

“Aquí el tamaño no importa”. Eso sí, un simple resfriado o cualquier otra afección externa sobre las vías olfativas –un perfume intenso o el rastro del tabaco– pueden dar al traste con la mejor cata.

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