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Ernesto Alterio: Actor a conciencia... social

el 26 mar 2010 / 18:38 h.

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Ernesto Alterio es uno de los actores más polifacéticos del cine español. Se mete en los papeles que interpreta y se transforma hasta límites insospechados, una facilidad camaleónica que le ha granjeado personajes tan ambicionados como Dalí en el filme de Carlos Saura Buñuel y la Mesa del Rey Salomón (2001).

Nacido en Buenos Aires en 1970, es hijo de una psicóloga y del consagrado Héctor Alterio (con el que ha coincidido en los platós de rodaje en muy contadas ocasiones), quien debido a su activismo político izquierdista se vio obligado a abandonar Argentina tras el golpe de estado, producido muy poco tiempo después del nacimiento de la hermana de Ernesto, Malena Alterio.

Instalados en España, Ernesto no padeció el desarraigo que lleva aparejado el exilio, aunque sí la desorientación típica del adolescente en busca de su futuro. Estudió Biología, y lo dejó por la carrera de Historia, en la que duró dos años, negando su vocación artística. Ernesto tenía pudor de ser actor ante su padre. Pero como la cabra tira al monte, acabó estudió Arte Dramático con Cristina Rota y Daniel Sánchez. En esta etapa entabló amistad con Nathalie Poza, Guillermo Toledo y Alberto San Juan, con quienes fundó el grupo teatral Ración de Oreja, compañía con la que representó la obra teatral Animalario en 1996.

Al conocer a Andrés Lima (hermano de Lola Dueñas e hijo de Nicolás Dueñas), que tenía ya su propio grupo de actores, decidieron fusionar ambas compañías. El resultado final fue Animalario, que tomaba su nombre de la primera obra representada. Con ella escenificaron obras como Que te importa amor o El fin de los sueños. La compañía pretendía realizar funciones críticas con la sociedad de su tiempo. De esta manera, el nombre de Ernesto se vinculó con una juventud progresista, reivindicativa, compremetida en la política y con ciertos aires contestarios.

Para entonces la carrera cinematográfica del actor empezaba a despegar con pequeños papeles en películas como Mi nombre es sombra, Tengo una casa, Morirás en Chafarinas, Belmonte, Más amor que frenesí, Dos por dos... En televisión había aceptado pequeños trabajos en series como Lleno, por favor o Los ladrones van a la oficina.

En 1998 fue nominado al Goya al Mejor actor revelación por Los años bárbaros, un honor que repitió en 2003, cuando optó al Goya a la Mejor interpretación masculina por Días de fútbol. En ambos casos se le escapó el cabezón.

Al margen de estos títulos, algunos de sus trabajos más destacados son Incautos, de Miguel Bardem; El otro lado de la cama, de Emilio Martínez Lázaro; El cuarteto de La Habana, de Fernando Colomo; Insomnio, de Chus Gutiérrez; Más que amor frenesí, de Bardem; o Belmonte, de Juan Sebastián Bollaín.

Ahora vuelve a la gran pantalla con la producción hispano-argentina Las viudas de los jueves, de Marcelo Piñeyro, un drama que repasa la grave crisis argentina de principios de la década desde el punto de vista de la clase media de aquel país.

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