Cultura

«Es cuestión de tiempo que la gente hable del Papa Mago»

Las tierras baldías que rodean la ciudad francesa de Reims forjaron la leyenda de Silvestre II, conocido en la historia como el Papa Mago. El escritor Miguel Ruiz Montañez se ha adentrado en su leyenda para trazar una novela jalonada de enigmas, que cabalga entre lo policiaco y lo fantástico. Foto: J.Cuesta.

el 15 sep 2009 / 17:23 h.

Las tierras baldías que rodean la ciudad francesa de Reims forjaron la leyenda de Silvestre II, conocido en la historia como el Papa Mago. El escritor Miguel Ruiz Montañez se ha adentrado en su leyenda para trazar una novela jalonada de enigmas, que cabalga entre lo policiaco y lo fantástico.

"Es sólo cuestión de tiempo que la gente hable y se interese por el Papa Mago", dice Montañez, convencido de que "los lectores ya están cansados de templarios y cátaros". Por eso, cuando conoció la historia de Silvestre II supo que ahí "había una parte del pasado que rescatar" y lo ha hecho dando forma a una larga novela, El Papa Mago (Editorial Martínez Roca), también conocido como Gerberto de Aurillac.

Cuenta la leyenda que cuando un pontífice está a punto de morir, la lápida de Silvestre II, situada en la basílica de San Juan de Letrán, en Roma, se humedece. "Todavía ese ritual se mantiene y los obispos acuden a su tumba para ver qué vaticina el Papa Mago", asegura Montañez. "Él fue testigo y partícipe del cambio de mileno, una época oscura y terrible, que marcó a un hombre con fama de sabio nigromante", relata el también autor de La tumba de Colón.

Matemático, inventor, teólogo y filósofo, de Silvestre II "incluso se llegó a decir que había llegado al trono de San Pedro gracias a un pacto con el diablo". En vida, la fama del Papa llegó a ser tan turbia que, cuando murió, él mismo dejó escrito que "su cadáver fuera cortado en trozos y que no fuera enterrado en lugar sagrado", deseo que, finalmente, no se cumplió.

Al contrario que en la anterior novela de Montañez, aquí no es una desaparición sino un descubrimiento el suceso que genera la trama: una cabeza parlante de apariencia monstruosa, conocida como Baphomet, que creó Silvestre II y que era capaz de predecir los desastres del futuro. "Mi intención ha sido la de construir una obra tensa, con ribetes detectivescos", dice el escritor, defensor de una literatura "de evasión que permita a la vez descubrir aspectos de la historia que permanecen ocultos".

París como fondo . Para la documentación, el autor tuvo que viajar a Francia, país en el que se conoce bien a Silvestre II, figura abordada en numerosos ensayos y trabajos de investigación pero que, curiosamente, no había sido convertido nunca en el centro de una novela. "Todos los escenarios que se visitan en el libro son reales, y el interesado bien podría luego retomar los pasos y conocer él mismo, las numerosas e intrigantes huellas dejadas por el Papa Mago".

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