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Es la hora del 15M

¿Puede haber algo mejor para los ricos que una masa apática de personas desesperadas por conseguir trabajo?

el 14 may 2012 / 18:48 h.

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Movilización del 15M en las Setas de La Encarnación.

Estamos asistiendo al final del mundo que hemos conocido en los países democráticos en las últimas décadas, y de la posición que tomemos ante su final dependerá en gran medida el futuro. El mundo que está muriendo está lleno desigualdades y guardaba en su interior una mentira venenosa, la de que las personas igualitarias a través de muchos siglos estaban convenciendo a las privilegiadas de que era justo garantizar a todos un mínimo en los derechos humanos. Pero el mundo que está surgiendo es más cruel porque los ricos han dejado de disimular. Nunca los convencimos de nada, fue una simple estrategia para no perder su reino. Nos consistieron algunos derechos laborales, algunos recursos para las mujeres y otros grupos discriminados para que los dejáramos seguir acumulando riquezas en paz. Pero los no-ricos nunca les importamos lo más mínimo. En cuanto ha desaparecido el miedo a perder su poder han reducido casi hasta el exterminio los derechos de la clase media, los recursos a favor de la clase baja, y a favor de las víctimas de violencia de género, y están preparando otros muchos recortes.

Obviamente algo así no es nuevo, toda la historia de la humanidad está atravesada por dos ejes de dominación: los ricos sobre los pobres, los hombres sobre las mujeres. Pero sí es nuevo dentro de la democracia hacerlo con este descaro, con esta prepotencia. Hay familias que están muy contentas con la situación actual, que les da más poder del que ya tenían, pero otras muchas sienten una desolación que es difícil no notar cuando se pasa por su lado. Por eso el 15M no para de lanzar preguntas: ¿Qué va a suceder con tantos jóvenes a los que se les ha robado el futuro mientras los banqueros reciben más dinero y compran yates de lujo? ¿Basta con que el Rey dedique unos segundos a pedir perdón? ¿Permaneceremos impasibles mientras cada vez más personas se quedan sin hogar y algunos poderosos gastan el dinero público en viajes de lujo? ¿Mujeres maltratadas tendrán que volver con sus maridos para subsistir?

Las reformas económicas oprimen a la clase media, condenan a la extrema pobreza a la baja, y, además, mezclan y deprimen a ambas. ¿Puede haber algo mejor para los ricos que una masa apática de personas desesperadas por conseguir trabajo? El capitalismo -que no ha existido siempre y, si nos organizáramos, podría dejar de existir- hace muy bien sus deberes para perpetuarse. Sabe cómo aprovecharse de la clase media (con una pizca de encantamiento consumista, una pizca de explotación, una pizca de recompensas, y el miedo a caer en la clase baja), y de la ideología machista. El sistema re-productivo tradicional, el patriarcado, ha sido asumido brillantemente por el capitalismo que se ha aprovechado no solo de la mano de obra barata de las mujeres, sino también del propio uso que a la mujer se le daba -y aún se le da- en el matrimonio o pareja. La mujer como cuidadora, conciliadora complaciente, y, en un momento dado, receptora de la ira y frustración del hombre, ha sido muy útil al sistema capitalista para mantener un modelo de trabajo y de consumo que le beneficia. Con un sistema re-productivo machista los hombres poderosos están en sus mejores condiciones para seguir dominando y los sometidos se consuelan sintiéndose poderosos en sus hogares. La mujer, dentro de este sistema, sea cual sea el nivel económico de la familia, no está en igualdad de condiciones. Pero evidentemente hay muchas diferencias entre una mujer rica y otra que no lo es. Esto que parece del pasado no solamente sigue sucediendo sino que los avances hacia la igualdad económica y entre los géneros de los últimos años se están aniquilando por días.

Mientras tanto grandes empresarios, banqueros y familias poderosas siguen riendo. Cuentan a su favor no solamente con los políticos en el poder, sino con la cultura del consumo y el glamur. Todavía pueden encantarnos con las imágenes opulentas y relucientes de la monarquía y de los deportistas millonarios, todavía pueden conseguir que buena parte de la clase media adore a esas personas que ven impasibles nuestro sufrimiento, y lograr que despreciemos a las personas de los barrios desfavorecidos. Para los ricos no somos más que ganado. Nos miran igual que los menos sensibles de nosotros miramos a los animales de una granja. No les importamos nada. Pero lo terrible es que entre nosotros, los no-ricos, aún hay quien los mira con admiración, quien obvia que no aportan lo que corresponde al sostenimiento de las necesidades comunes y acumulan riquezas en un mundo en el que hay hambre.

Ellos nos han convertido en ganado... ¿pero en qué nos hemos convertido nosotros? ¿En qué nos hemos convertido nosotras? La clase baja ha vivido en condiciones indignas siempre, y no hemos tomado la calle en defensa de sus derechos, al contrario, con frecuencia hemos cruzado de acera para mantener las distancias. Tal vez se nos pegó un poco de la falta de moral de los ricos, un poco de su mezquindad. Si es así, creo que es hora de que los hombres y las mujeres que no somos millonarios ni pretendemos serlo apliquemos la autocrítica. No tiene sentido admirar a una clase social, la rica y poderosa, que encarna los defectos más grandes de la humanidad. Es la hora de hacernos preguntas, la hora del 15M: ¿cómo debemos reaccionar ante quienes nos tratan como al ganado?

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