Local

"Es necesaria la autoexigencia profesional y huir del conformismo y la autocomplacencia"

Subdirector general de estrategia y organización en la editorial SM, Javier Palop tiene 49 años, está casado y tiene cuatro hijos.

el 27 mar 2014 / 19:01 h.

TAGS:

Subdirector general de estrategia y organización en la editorial SM, Javier Palop tiene 49 años, está casado y tiene cuatro hijos. Su vocación cristiana la hace realidad a través de la familia marianista y se concreta de una forma muy sencilla. Y mientras lo relata, se nota que tiene su vocación bien interiorizada. Para empezar señala que SM es una editorial católica, inspirada por los marianistas y esto, destaca, «te lleva a realizar la profesión, a ser un buen profesional y, desde ahí, evangelizar la cultura», que no es más que vivir lo que significa el Evangelio en el mundo. No obstante, precisa, que este entorno te puede llevar a un cierto «acomodamiento», en el sentido de que como la empresa está creada con inspiración católica ya está todo hecho. Sin embargo, es ahí donde un trabajador no puede conformarse. Javier Palop. Directivo de la editorial SM Javier Palop. Directivo de la editorial SM Como profesional, «en mi caso como directivo en una empresa», el objetivo es ser una buena empresa, «no podemos bajar la calidad, precisamente por nuestra razón de ser tenemos que exigir lo mejor. Es necesaria la autoexigencia profesional». En esta línea insiste en que hay que cuestionarse cómo se hacen las cosas, «huir del conformismo y la autocomplacencia. No vale pensar que como ya somos buenos podemos acomodarnos. Al contrario, hay que definir buenos objetivos». Esto consiste para él, y según su forma de entender la vida, en fijar bien las prioridades, «liderar es definir las prioridades de los fines respecto a los medios», ya que los fines son finitos y los modos de hacer las cosas son muy variados. Explica que para repartir los recursos humanos y los económicos hay que tener criterios y para ello hay que construir a través de un diálogo adecuado entre la capacidad de hacer y las raíces que tienes avaladas en la fe. «Hay que ser cristianos bien enraizados en nuestra fe», o lo que es lo mismo, «ser coherentes». Un valor que reivindica para las empresas, ya que una compañía puede presumir de católica y después errar en cuestiones muy básicas. Aunque Palop destaca que «no somos perfectos y que de lo que se trata es de intentar hacer las cosas bien, aunque muchas veces las hagamos mal». En la familia, precisa que «la vocación se vive en como vives tu relación de pareja y con los hijos». En su caso destaca la suerte de haber podido llevar a sus hijos a un colegio marianista y el carisma es compartido por toda la familia. «Pertenecemos a una pequeña comunidad y nuestro tiempo libre, el poco que tenemos, lo organizamos para poder participar en la pastoral con jóvenes dando catequesis o haciendo el camino de Santiago con ellos cuando tenemos vacaciones». También apunta que con aquellas personas que no comparten su fe, el modo de vivirlo es de respeto. «No vamos dando lecciones a nadie, es en el diálogo donde te relacionas con la persona». Por su trabajo, Palop tiene trato con personas de todo signo y condición y ha llegado a contratar en su empresa a un musulmán, del cual dice que ha aprendido mucho: «Él me llegó a decir que los católicos no profundizamos en el Evangelio, mientras él casi se lo sabe de memoria para saber qué le diferencia de los católicos y en qué se fundamente su fe». «Hay que tener en cuenta que hay gente muy valiosa y que no está vinculada a ningún movimiento y en ese sentido a los marianistas nos ven muy abiertos». En parte porque una de las características de esta familia, la marianista, es precisamente esa, la de ser familia y comportarse como tal, siendo acogedores y actuando, como expresa Palop, «al estilo de la Virgen, en silencio, desde el lugar más discreto y sin que se note, que es el modus operandi de las madres, cuya mano aunque no se vea se sabe que está ahí. Nuestro carisma se manifiesta en la escucha y acogida del otro y en trabajar con los jóvenes al estilo de María. Además es un carisma muy alegre». Y sigue recalcando su condición de familia, ya que en una familia «todos pintan lo mismo y de esa forma buscas relaciones de equilibrio, pasas de trabajar para los religiosos a trabajar con los religiosos. Esto es la corresponsabilidad. Y estamos viendo que las organizaciones en este sentido empiezan a ser más horizontales, hay relaciones más directas y de familia con los religiosos», explica. Y es, precisamente, esa empatía la que origina sinergias, «ese encuentro personal produce más misión compartida y aumenta la confianza. Si somos familia nos fiamos los unos de los otros, compartimos lo que vivimos, trabajamos juntos y el resultado de lo que hacemos mejora».

  • 1