Economía

«Es posible innovar con un producto que tiene 500 años»

Es director y propietario de la editorial Extramuros , empeñada en rescatar obras antiguas y devolverlas en forma de facsímiles. Líder en la digitalización de pequeños tesoros olvidados, lanza un aviso a la banca: sin financiación no puede haber avances

el 24 abr 2010 / 15:51 h.

Manuel Iglesias, en su oficina de Extramuros, ubicada en el Polígono PISA de Mairena del Aljarafe (Sevilla).

–¿Qué diferencia a Extramuros del resto de editoriales?

–El proyecto nace en 2005 para cubrir un espacio que no estaba atendido porque la tecnología no había llegado. Con la impresión digital e internet, vimos que se podía poner en marcha un nuevo proyecto editorial que consistía en rescatar obras depositadas en bibliotecas y libres de derechos de autor, que no se habían editado desde que fueron editadas por primera vez, y reimprimir con una apariencia similar a cuando salieron, es decir, ediciones facsímiles. Hicimos estudios de mercado y no existía en lengua castellana ningún proyecto que pusiera en valor estos textos. Empezamos a investigar la aplicación de las tecnologías durante un año y medio y salimos al mercado con instituciones como la Biblioteca de Andalucía y el Centro Andaluz de Flamenco, entre otras.

–Conjugar libros antiguos con nuevas tecnologías, ¿cómo se le ocurre adentrarse en el mundo del facsímil?

–Nuestro producto es innovador y sin embargo tiene 500 años. Hemos sido capaces de aunar las nuevas tecnologías para seguir fabricando un producto que lleva muchos siglos en el mercado y con los mismos componentes: papel, tinta y cola. Se necesitan escáneres aéreos que utilizan una óptica parecida a la que se usa en la aviación para la fotografía para que dé una resolución muy alta de los textos y las imágenes. Hoy somos un referente a nivel nacional en digitalización. Tenemos acuerdos con muchas instituciones, ahora estamos con el CSIC y la Complutense. Salimos al mercado hace unos tres años y ya tenemos más de 600 títulos de todas las materias y en todas las lenguas del Estado. Hacemos una labor de rescate importante del folclore andaluz y del de otras comunidades.

–¿Hay demanda para este tipo de productos?

–Sí la hay, porque hemos conseguido poner en el mercado un libro exquisito a un precio popular. Hay libros que se han rescatado con 200 o 300 años y de gran calidad intelectual que no se habían vuelto a editar.

–¿Las instituciones marcan los títulos a digitalizar?

–Nosotros marcamos la temática con un doble perfil, el valor intelectual de la obra y el valor comercial. Hoy tenemos distribución en toda España, estamos en todas las grandes librerías, tenemos distribución internacional para bibliotecas universitarias y públicas, y ahora estamos con la introducción en el mercado de Suramérica. Vamos a empezar por Colombia.

–¿Para cuándo ese desembarco físico? ¿Es un mercado especialmente interesante?

–De aquí a este verano. Es interesante porque ahora llegan los bicentenarios de las independencias que posibilitan acceder a fondos importantes.

–¿Cómo consigue hacerse hueco una editorial pequeña entre los gigantes del mercado?

–A codazos. Intentando buscar un buen producto y pelear por los espacios que están copados por las grandes editoriales. Es difícil.

–¿Ha despertado la competencia?

–Todavía no. Hay grandes barreras para entrar como el conocimiento de la tecnología y los acuerdos con las instituciones, que a veces son muy reacias. Nosotros trabajamos dentro de las propias instituciones, llevamos los escáneres y el personal.

–De estos pequeños tesoros, ¿cuál es la joya de la corona?

–Hay obras populares y tesoros bibliográficos. Joyas hay varias. Hay una iconografía del Quijote que es una recopilación de iconografías de los primeros 257 años de la edición del Quijote, que se publicó en 1879 y no se había vuelto a publicar. Otra obra preciosa es la Comedia Nueva de Fernández de Moratín, de gran calidad técnica. Hemos editado desde poemas del Cid a la poesía de Gonzalo de Berceo. Hay otra obra que sacamos el año pasado, las Páginas Escogidas de Antonio Machado, en una edición que se utilizó en las misiones pedagógicas de la Segunda República.

–¿Cuánto valen esos títulos?

–Sobre los 20 euros.

–El sector está en transición. ¿Qué futuro ve al libro digital?

–Creo que futuro va a ser la convivencia del papel con los soportes digitales.

–¿Ha probado ya a leer un libro en ese soporte? ¿Y...?

–Sí. Y no es lo mismo. En el libro en papel hay un concepto de propiedad, éste es mi libro, y en un fichero ese concepto no se tiene igual. Un fichero es una copia, pero un libro no lo puedo copiar, sí comprar otro.

–¿Internet, aliado o enemigo?

–Aliado en tanto que nos ayuda a difundir nuestros contenidos y a venderlos.

–¿La lectura es un lujo? Con esto de la crisis…

–La crisis se ha notado en todos los sectores. También en el libro, tanto en papel como al electrónico, que no ha tenido aún su despegue por la situación de crisis, si no, hubiese sido un producto de más consumo.

–¿Cuál es el mayor problema que afronta el sector?

–Nos encontramos con el gran problema que tienen todas las empresas, el de la financiación.

–¿Nuevos proyectos?

–Los tenemos pero necesitamos el viento a favor, entre ellos, la reproducción de imágenes de los libros que estamos digitalizando como láminas independientes, partituras, etc.

El perfil. Un proyecto paterno-filial. Era su idea, pero sin su hijo Manuel, de 29 años, no la hubiera hecho realidad. A base de estudiar la tecnología y también de algún que otro “trompazo”, se puso en pie este proyecto. Pero ya “olía a papel y a tinta de toda la vida”. Define como “muy romántica” su relación con el papel puesto que empezó en el mundo de la edición a través de una imprenta clandestina en la época de la Dictadura de Franco. “De ahí pasé a la cárcel como preso político”, donde estuvo durante tres meses, hasta la muerte de Franco. Participó en el primer semanario editado en Andalucía, conocido como Torneo, junto con Federico Villagrán, quien fuera director de El Correo de Andalucía. Posteriormente, montó la red de copisterías Minerva, mientras que en 1999 puso en marcha la editorial Mergablum.

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