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Jóvenes al día

«Es ridículo sentarse ‘a tuitear’»

Juanjo Cerero / @Bukowski llegó buscando pelea a Twitter. Tras su máscara responde con inteligencia Juanjo Cerero (Sevilla, 1987). Escribe y colabora en diversos medios. Programa y produce música bajo el alias bkwsk

el 29 oct 2014 / 17:20 h.

Unido en noviembre de 2006. ¿Tienes el carné 0001 del Twitter? En realidad tengo el 13.431, aunque todavía no me dejan sentarme en preferencia. Cuando empecé no había casi nadie escribiendo en español. Tu blog  y tu perfil ‘Política, periodismo y otros problemas’ ¿son problemas irresolubles? Serán irresolubles mientras la humanidad no alcance ese estado de Fin de la Historia del que hablaba Hegel (que yo no creo posible). ¿Cada cuánto actualizas tu blog? Cada vez que considero que tengo algo importante y más o menos novedoso que decir y que puede interesar a quienes me leen. Providencial del todo. ¿De qué sueles escribir en él? Mucha política en estos tiempos. Trato de conjugar el estilo literario de muchos grandes articulistas españoles con el análisis de datos. ¿Cómo empezar en Twitter? Supongo que depende de qué quiera uno sacar de [la red de microblogging] Twitter. Con tener algo que decir y no cometer demasiadas faltas de ortografía ya va bien. ¿Qué poder tiene  Twitter? El de centralizar la conversación sobre los grandes temas de actualidad, [una cualidad] que conlleva el peligro de volverse una herramienta de control. ¿Qué cambiarías de Twitter? A mucha gente que está dentro. Un momento que te ha sorprendido de Twitter… La manera en que funcionó como herramienta de organización y contrainformación durante los días alrededor del 15-M de 2011. Y otro que te haya decepcionado… La hashtag-dependencia. Que haya gente que pregunte de qué se habla hoy en Twitter en serio. La libertad pidiendo convertirse en agenda. ¿Qué no dirías jamás en Twitter? @marianorajoy [cuenta del presidente del Gobierno] Qué buena legislatura, eh. ¿Qué no debería decir jamás nadie en Twitter? «¡No puedes decir eso en Twitter!» ¿Qué se puede decir en Twitter pero no a la cara? [Se puede decir] mucho, si uno es un cobarde. Como en España vamos sobrados de cobardes, seguro que es más interesante que muchas conversaciones de verdad. ¿Cuál ha sido tu mejor tuit? No lo sé. Pero aquí va uno de mis favoritos: «Claro que tienes que pelear. Y claro que tienes que perder. De qué coño crees que va la vida». ¿Y el que te dio dolor de cabeza? Cuando pillé a El País [diario de tirada nacional] manipulando en directo el titular de una información sobre el último conflicto en Gaza. Se armó un follón divertido ahí. ¿El que más RT logró? Ese mismo también. Unos 3.000 retuits en total, creo recordar. Un refrán, esos tuits medievales. Contra el vicio de pedir está la virtud de no dar. En ciertas esferas lo tienen muy interiorizado. ¿Qué está pasando con el empleo? Que está siguiendo las recomendaciones de la ministra [Fátima] Báñez, como los jóvenes españoles más preparados, y está probando lo de la movilidad exterior. ¿A qué te dedicas cuando no estás tuiteando? åEscribo, leo, hago música, programo... Faltan horas en el día para todas las cosas que me gusta hacer. ¿Y cuando tuiteas? Nunca me he sentado específicamente a tuitear delante del ordenador o del teléfono. La idea me resulta ridícula. Dime qué no soportas de la vida. Que mis representantes políticos me tomen por gilipollas día sí y día también. Y su falta de preparación e inteligencia. Hasta de humanidad. Un puñetazo sobre la mesa por… Por intentar romperme la mano de una manera muy ridícula. ¿Enganchan las redes sociales? Sólo si no tienes cosas más interesantes que hacer. Esa ilusión de comunicación que son sólo muchos monólogos a la vez absorbe. ¿Y cómo se dejan? ¿Por qué hay que dejarlas? Creo que la clave está en saber usarlas para que sean una herramienta útil en cada momento de la vida. ¿Qué hacemos con la Tierra? No parece que vayamos a hacer mucho. Me gustaría ver alguna vez una gobernanza global, pero no parece que nadie esté por la labor. ¿Con España? Castigar al bipartidismo en el próximo ciclo electoral estaría bien para empezar. Reescribir buena parte de la Constitución, también. ¿Con la economía? Repensar nuestro modelo de crecimiento y distribución de la riqueza. Leer a Piketty, Krugman, Stiglitz y los sospechosos habituales. ¿Con Sevilla? Decirle a nuestros amigos de otros sitios que vengan de turistas, porque como el empleo tenga que surgir de otra parte la llevamos clara.

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