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Cultura

«Es triste que todas las cofradías sean un calco de la Macarena»

Entrevista a Nazario, artista. Pionero del ‘underground’, Lou Reed le robó una portada y la autoridad competente secuestró sus viñetas. Hoy es un clásico vivo al que rinden homenaje el Encuentro del Cómic de Sevilla, mientras que la Universidad Hispalense reedita su inolvidable ‘Turandot’.

el 30 nov 2014 / 13:20 h.

Nazario, una leyenda del cómic y la ilustración que comenzó a dibujar en Sevilla antes de afincarse en Barcelona. / Fotos: Carlos Hernández Nazario, una leyenda del cómic y la ilustración que comenzó a dibujar en Sevilla antes de afincarse en Barcelona. / Fotos: Carlos Hernández Nazario Luque (Castilleja del Campo, 1944), padre del underground ibérico, ariete a favor de los derechos de homosexuales y mujeres durante la dictadura y la transición, autor de historietas legendarias como San Reprimonio o Anarcoma, es objeto estos días de homenaje en el Encuentro del Cómic y la Ilustración de Sevilla, y la Hispalense acaba de reeditar uno de sus grandes títulos, Turandot. —Antes de hablar de cómic, quisiera preguntarle por un aspecto poco conocido de su vida, sus comienzos como guitarrista… —Empecé con Juanito y Diego del Gastor, los sobrinos de Diego del Gastor. Diego me dio clases, entre comillas, porque lo que enseñaban eran falsetas de las suyas, que solo le sonaban a él. —Dicen que lo más hippy que se podía hacer en la época era peregrinar a Morón para visitar a Diego. ¿Era así? —Bueno, yo estaba como maestro, pero en efecto había una colonia hippy allí, y antes en la finca Esparteros. Todo llegó por la base americana, gente beatnik que igual venían a Morón que se iban a Tánger o a cualquier otro sitio. Renegaban de la palabra hippy como los de la Movida de la palabra Movida, o nosotros de la palabra underground. Fue una cultura muy rica la que chupé de allí, la de los gitanos y la de los americanos. Aunque no eran en absoluto cultos, los hippies nos dieron a conocer a Ginsberg y Kerouac, a la cantante egipcia Umm Kulzum, a Ravi Shankar antes de que fuera famoso, el hachís y los ácidos… —Leí que, ya en Barcelona, le trajo muchos problemas su particular sistema pedagógico. ¿Era un provocador? —Yo estuve de maestro de alfabetización toda mi vida, hasta que me tocó ir con niños. Leí el Libro rojo de los escolares y cambió mi concepto. Entendí que un niño bien educado tenía que estarlo en la libertad, no en la sumisión. Tuve muchas riñas con el director, porque yo entonces vivía con Mariscal o con los hermanos Farriol, no recuerdo, e iba a clase con el pelo rojo, las taconetas que se llevaban, las uñas pintadas… Al principio me veían raro, como cuando les enseñaba lo que era un condón o les transmitía conocimientos políticos. —En el hecho de que usted fuera pionero del underground, ¿fue determinante que usted viajara a Londres y otros lugares, en un momento en que España viajaba muy poco? —Bueno, no se viajaba en Sevilla, en Barcelona sí había gente que se iba a la India, a Pakistán... Por aquí por el sur muy pocos, los Smash y unos cuantos, que eran una especie de élite. Todavía en Andalucía se viaja muy poco, están encerrados en lo bonita que es España. Y no era una cuestión económica, porque la gente antes se iba sin pasta. Inauguracion de la exposicion Tarandut, del dibujante de comic Nazario. / Pepo Herrera Inauguracion de la exposicion Tarandut, del dibujante de comic Nazario. / Pepo Herrera —¿Recuerda cómo era la censura en sus comienzos? —Cuando empecé no tenía ni idea de lo que era, aunque tampoco me planteaba publicar. Hacía lo que me apetecía, por diversión, y por hablar de la represión de la mujer y del homosexual, que me interesaba mucho. Había una censura previa, antes de presentar algo ya te decían esto no puede ser, esto otro tampoco… Y si te pasabas, te secuestraban la edición. Pero todo iba encaminado a que tú te autocensuraras. Te castraban mentalmente. —¿Su rechazo al tabú de la virginidad fue lo que le llevó a inspirarse en las Vírgenes sevillanas? —En Turandot es una utilización de bambalinas y mantos bordados que son como de Manila, es todo muy chino y muy barroco, en absoluto me burlo de ninguna Virgen. Esos iconos, fetiches para mí, están cada uno envueltos o caracterizados de forma diferente. De todos modos, lo triste de la Semana Santa es el intento de todas las cofradías de parecerse a la Macarena, esa uniformidad ha hecho perder el carácter propio de cada una. Todas la han rodeado con lo mismo, son un calco una de otra. Y ese es el calco que yo he empleado. Luego en Salomé me inspiro en Fenicia y en la diosa Tanit, aunque visto a algún personaje de morado en referencia al Cautivo, al Gran Poder, con cuatro faroles chinos a los lados. Me apropiaba de lo que me interesaba. –Pero insistiendo con la virginidad, ¿cómo se vivía en la España de la transición? –Para la mujer era la dependencia del padre, o es, porque hoy todavía puede seguir pasando en comunidades en las que se depende del poder patriarcal. Pero no nos engañemos, ese tabú no está tan lejos. Hay mucha gente, sobre todo en pueblos, que no se deja follar antes del matrimonio, porque piensan que las van a abandonar con el himen jodido. Mira, en mi pueblo hay parejas de homosexuales mayores que se han retirado y viven tranquilos, pero hace nada, en Castilleja de la Cuesta, hubo una agresión homosexual. Falta humanidad y caridad, tanto como se habla de ella. Como la honradez, tan cacareada en ese mundo de ladrones del Opus y de misa diaria que roban al ciudadano. Ahí es donde habría que excomulgar.. — En los 90 deja la viñeta y se revela como excelente pintor de bodegones. Fernando Huici lo resumía como «de aquellos nabos vinieron estos lirios…» —Sí [risas]. Terminé con Turandot, una serie de condicionantes hizo que me aburriera de los tebeos, y me dediqué a pintar y exponer en galerías. Me llevaron a ARCO varios años, a la gente y a la crítica le gustaba… Luego llegó la crisis, cerraron mis galerías y me quedé con las ganas de hacer mi mejor exposición. Frustrado, o aburrido, me dediqué a crear una página web sólida, y a escribir mi autobiografía… —¿Cómo vivieron usted y su gente la plaga del sida? —Había muchas actitudes: gente que se enjuagaba la boca con lejía rebajada después de chupar una polla, otra que usaba doble condón, y gente que pasaba de todo. Hubo una paranoia generalizada, porque empiezas a ver que van cayendo uno tras otro como en un campo minado. Tuvimos suerte. —¿Lo dice porque usted fue de los temerarios? —La suerte es no estar en el momento equivocado en el sitio equivocado. Las Costus, Camilo, la Marianita, Alberto Gadir, no todos tuvieron que ver con los americanos, como el clan de Mapplethorpe... Pero en Sevilla y Barcelona también sufrimos mucho el sida por caballo, muchos amigos cayeron. —Al final, quienes parecían balas perdidas han terminado siendo reconocidos. Usted y su amigo Mariscal, que triunfó en Barcelona 92… —El camino que escogió Mariscal se lo han echado en cara muchos. Que si se hizo rico y famoso, que si dejó el cómic para hacerse diseñador… Te puede gustar o no, pero no criticarlo por Cobi, que regaló a Barcelona. Es más, creo que no aprovechó todo lo que pudo el tirón… Pero bueno, casi siempre quienes atacan son las fuerzas muertas de Cataluña, como aquí los capillitas: no me toques el santo, no me toques la independencia… —Esta democracia, ¿se parece en algo a la que soñaban ustedes en los 60 y 70? —No. Esta especie de bipartidismo que lo quiere todo blanco o negro, sin que haya grises, es muy imperfecta. Cuantos más colores y opiniones haya, mejor. Las minorías tienen los mismos derechos que las mayorías, que a menudo son compradas… Sí, me parece bien el matrimonio homosexual, aunque yo no quería casarme. Siempre he preferido la palabra amigo o compañero a marido, como maricón a gay.

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