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Escenas goyescas

el 23 feb 2013 / 20:30 h.

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El triángulo más irregular de la semana se construye con dos actrices y un ministro. O, casi mejor, con la caricatura en bronce de los premios Nosferatu, vampirización del cabezón rocoso del pintor tan universal que se lo apropiaron las gentes del cine.

   La vida es puro teatro. En los escenarios del arte y la política reina la sobreactuación. ¿Quién domina más, el individuo o el profesional ¿El personaje de ficción devora al que actúa tras escuchar la señal de “corten” de la claqueta ¿El señor de los impuestos se descorbata cuando abandona el ágora Acción, reacción. Preguntas con respuesta.
   La noche del domingo, Maribel Verdú y Candela Peña lucieron vestidos prestados de blanco y negro reivindicativo. La tarde del martes, Cristóbal Montoro disparó contra todo actor viviente como grandes defraudadores de España.

   El desprestigio contra las grandes titiriteras lo lanzó en sesión del Senado el ministro de la amnistía fiscal a la que se acogieron presuntamente (siempre presuntamente, qué remedio) los honorables estafadores de la trama Gürtel que tenían al frente a Luis, el cabrón, el extesorero de los 22 millones en Suiza.

   Cristóbal Montoro --el de la motosierra de Yes, we Spain de Carlos Latre, el que mintió con la subida del IVA con el mismo gesto desagradable de Montgomery Burns, el industrial archimillonario de los Simpson-- aprovechó que el Pisuerga pasaba por su atril para sostener que hay actores que no pagan impuestos sin decir a quién se refería. La puya sonó en la voz aflautada del ministro vengador de los peperos que se ofendieron por los (escasos) reproches arrojados durante la entrega los Goya.

   Algo va muy mal cuando al apoltronado le incomoda la libertad de expresión. Con demagogia o con coherencia.
   Candela Peña y Maribel Verdú aprovecharon el minuto de gloria goyesca, como mejores actrices del 2012, para ampliar el eco de algunas de las mareas de colores que surcan las calles. Bandera blanca, la de Peña, defendiendo la sanidad pública por la gloria de su padre --“murió en un hospital donde no tenían ni agua ni toallas”--. Bandera verde, la de Verdú, en defensa de los desahuciados y en memoria de los suicidios causados por la angustia generada al 100% por cajas y bancos. Incendio en las redes sociales al minuto de las proclamas. Caza de brujas en los diarios de derechas, abanderados de la causa rajoyista. La madrastra de Blancanieves fue más madrastra que nunca. Y la princesa de Gavà fue arrastrada por la cuádriga del demonio del santoral.

   Es una auténtica lástima que aún no se haya estrenado en España la última película de Isabel Coixet, Ayer no termina nunca, para quizá comprender un poco a Candela Peña. En la peli compone con Javier Cámara una pareja sobreviviente en la España que queda en el 2017, tras tanta convulsión, crisis, recortes y sacudidas del sistema. Hay una escena en que ella lamenta su propia desgracia a causa de cómo se destruyó la red sanitaria. Es ficción. La realidad es que su padre falleció en un hospital y que acaba de parir a un niño y busca trabajo. ¿Mezcló estas viviencias y vomitó la metáfora en los Goya Podría ser. ¿Y qué La campaña contra la actriz de Una pistola en cada mano o Princesas duró unos días, hasta que el dragón llegó a la afonía.

   A Maribel Verdú le echaron en cara que hizo publicidad para hipotecar a clientes de una rama del Banco de Santander, que pasado el tiempo está en el ranking de las entidades con más víctimas. La enorme actriz quizá tampoco leyó la letra pequeña del contrato. No es una excusa en su favor. O sí. Les ocurrió a muchos de los clientes que cayeron en la trampa bancaria.

   Cristóbal Montoro sí fomenta la presbicia. Autor de una letra tan minúscula que convierte una pregunta en el Senado sobre el blanqueo de dinero en las Rías Bajas en un ataque a los actores que quizá no cumplan con Hacienda. Tan microscópica que sube el IVA sin importarle que prometió lo contrario. Tan terca que no le importa saber quiénes son Maribel Verdú y Candela Peña.

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