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Esclavas del siglo XXI

Mucho se ha hablado y se ha escrito durante el pasado mes de agosto sobre la prostitución callejera en determinados barrios de Sevilla, sobre las naturales y justificadas protestas de los vecinos, y sobre los ridículos y machistas carteles que ha mandado instalar el Ayuntamiento en dichas zonas para intentar convencer a los posibles clientes para que abandonen...

el 15 sep 2009 / 11:18 h.

Mucho se ha hablado y se ha escrito durante el pasado mes de agosto sobre la prostitución callejera en determinados barrios de Sevilla, sobre las naturales y justificadas protestas de los vecinos, y sobre los ridículos y machistas carteles que ha mandado instalar el Ayuntamiento en dichas zonas para intentar convencer a los posibles clientes para que abandonen dicha práctica.

Otra vez de nuevo la gran mentira y la gran hipocresía social. Se estima que el llamado oficio más antiguo del mundo mueve hoy en España más de 18.000 millones de euros, mayoritariamente, como es lógico, en dinero negro. En 1995, según el Instituto de la Mujer, 300.000 mujeres practicaban la prostitución en España. Hoy, trece años después, fuentes solventes no oficiales hacen subir la cifra a cantidades que oscilan entre las 400.000 y 600.000.

Si se admite la segunda de estas últimas estimaciones, ello significaría que en trece años el número de mujeres que ejercen la prostitución en nuestro país, en la calle o en locales del alterne, se ha duplicado. Muy significativo resulta también saber que entre el 70% y el 90% (según zonas) de estas profesionales del sexo son extranjeras, muchas de ellas ilegales, procedentes de los países hispanoamericanos, el África Subsahariana y los países de la Europa del Este.

Trabajan durante todo el año en condiciones infrahumanas, sin cobertura sanitaria, asistencial o laboral, explotadas por poderosas mafias nacionales y extranjeras que las endeudan desde sus países de origen hasta someterlas a un régimen de auténtica esclavitud -las nuevas esclavas del siglo XXI- hasta que saldan el último euro de su débito, momento este que, desgraciadamente, casi nunca llega. La mayoría son víctimas de la extorsión, del chantaje y de la violencia de los proxenetas, de los mafiosos y de los propios clientes.

Cada día sienten sobre sus cabezas la espada de Damocles del contagio de todo tipo de enfermedades de transmisión sexual. La mayor parte de ellas han desembocado en este siniestro submundo porque huyen, desesperadas, del hambre, de la pobreza, de la violencia y de la marginación de sus países de origen en el caso de las extranjeras.

Afortunadamente hay en España algunas ONGs ejemplares que trabajan con estas mujeres para prestarle asesoramiento y ayuda. También instituciones y congregaciones religiosas que les prestan todo su apoyo y atención. E igualmente algunos organismos oficiales en los distintos niveles de la administración. ¿Pero hay algún pacto o acuerdo nacional para acabar de una vez por todas con este nuevo tráfico esclavista en pleno siglo XXI?

¿Se ha planteado alguna vez en el Parlamento? ¿Cuántas iniciativas han promovido el fiscal general del Estado o el juez Garzón para acabar con estas poderosas mafias y sus multimillonarios capos? ¿Ha abordado el tema a fondo el nuevo Ministerio de Igualdad? ¿Le preocupa el tema a esa siempre distante Conferencia Episcopal Española? Demasiados silencios para tratarse del gravísimo problema de un colectivo de más de medio millón de mujeres. Ejercen la prostitución. Pero son seres humanos.

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