Salud

Ese músculo llamado cerebro

Las actividades cognitivas a lo largo de la vida son la mejor fórmula para prevenir la demencia

el 15 jul 2014 / 11:48 h.

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Un miedo que atenaza y va agrandándose conforme pasan los años y se aproxima la tercera edad. El no poder valerse por sí mismo, ser dependiente o, en el peor de los casos, caer en un estado de demencia que no se reconozca ya no su entorno, sino uno mismo, es uno de los mayores temores que tiene el ser humano con el paso de la edad. No hay una ciencia infalible que exima de cualquier riesgo de sufrir un deterioro cognitivo. Ni siquiera el campo de las células madre, que augura esperanzas, ha logrado dar con la tecla de conseguir mantener las facultades mentales intactas hasta el último día de vida. Sin embargo, sí que hay fórmulas y consejos para ralentizar la aparición de los primeros síntomas de deterioro cognitivo, que pasan, fundamentalmente, por mantener, a lo largo de la vida, fresco y activo el cerebro a través de lo que se denominan actividades cognitivas estimulantes (ACE). El aula de la experiencia o universidad de mayores es una de las opciones para potenciar el desarrollo cognitivo. / Foto: Javier Díaz El aula de la experiencia o universidad de mayores es una de las opciones para potenciar el desarrollo cognitivo. / Foto: Javier Díaz El cerebro no deja de ser –y así lo avalan numerosos estudios de investigación– un músculo más del organismo que necesita ejercitarse para mantenerse en forma. Al igual que para contrarrestar patologías de la espalda se recomienda nadar, en el caso del cerebro es lo mismo. Si depende en exceso de los automatismos, se relaja y se vuelve, utilizando términos más coloquiales, más holgazán. De ahí la especial relevancia de estas actividades, que implican poner en marcha la función cognitiva. Y es que, el cerebro sí está ejercitado y a pleno rendimiento durante el primer cuarto de siglo de vida, gracias al impulso que supone la educación. Hasta los 20-25 años, actúa como una esponja, absorbiendo los conocimientos nuevos cada día. Pero, a partir de ahí, ¿qué ocurre? Ahí entra el juego, primero, el tipo de trabajo que uno desempeñe, si es más físico o intelectual, sumará puntos para el mantenimiento de esa reserva cognitiva. Lo mismo pasa con el tiempo libre o de ocio: si uno lo dedica, por ejemplo, a leer un libro, ir a un concierto o acudir a un museo despertará más el cerebro que si, por ejemplo, lo dedica a ver un programa de televisión dedicado a temas del corazón. La idea, según refrendan varios estudios, es evitar los automatismos, que dependen de cada caso. Y, en eso, también contribuye un universo plagado de nuevas tecnologías. Cuando uno hace una suma, ya no acude al lápiz y el papel, sino a la calculadora de su PC, lo que promueve esas tareas «sin pensar». Por eso, y como cada persona es un mundo –y una mente diferente–, su trabajo cognitivo también lo es. Una persona puede ser una persona que no lea poesía ni toque el piano ni acude a museos, pero sí dedicar una parte importante de su vida a aprender un segundo idioma, algo que puede prevenir, según los investigadores de patología mentales. Es más, insisten en que nunca es tarde para seguir fortaleciendo el trabajo de la mente. Ahí está el aula de la experiencia, que permite a personas que se jubilan seguir estando activos. Es más, hay tesis que avalan que ir a la universidad de mayores acarrea un fortalecimiento del desarrollo cognitivo de los alumnos. Son pequeñas guías o consejos prácticos para retrasar la aparición de episodios de demencia y así propiciar una calidad de vida perdurable en el tiempo. Las demencias, de hecho, se pueden manifestar de varias formas. La más habitual es la que supone un deterioro cognitivo, pero también existen otras como la demencia semántica. Se trata de la afasia progresiva primaria, una enfermedad neurodegenerativa poco frecuente caracterizada por un deterioro progresivo del lenguaje. Incluso en este campo también se trabaja para contrarrestar sus efectos, como demuestran las terapias puestas en marcha por la Asociación de Rehabilitación y Prevención de la Afasia (ARPA), cuya sede se encuentra en la capital hispalense. El tratamiento consiste en retrasar ese agravamiento, enseñando al paciente formas de expresión estándares, trabajar con palabras cotidianas para que no se olviden y con verbos para evitar recurrir a los circunloquios, una de las herramientas defensivas que tienen los pacientes con este tipo de afasia.

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