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Esnaola: "Szusza no me quería traer al Betis, Kubala le decía que era bajito"

José Ramón Esnaola, que jamás se ha pusto unos pantalones vaqueros, rememora en una amplia entrevista sus 40 años en el Betis. "El figura en aquel Betis era Rogelio, servía para todo"

el 08 jun 2013 / 23:35 h.

José Ramón Esnaola José Ramón Esnaola José Ramón Esnaola (Andoain, 1946) ya no trabaja para el Betis. Todavía es socio, “el 400 y pico”, y piensa volver a su asiento en Preferencia, pero el 1 de junio, con el retorno a Europa, se terminó la inmensa aportación de este guardameta guipuzcoano que llegó a Heliópolis en 1973 para quedarse para siempre, a pesar del calor. Ganó la Copa del Rey del 77 en una tanda legendaria y fue casi todo: meta, entrenador, preparador de porteros... Y sin embargo se va sin llamar la atención, con discreción. Pese a su modestia, se marcha un mito del Betis. ¿Cómo acaba de portero un chaval que trabaja en una fábrica? Principalmente hacíamos cañones antiaéreos que venían aquí a Alcalá, también cárteres, telares… estuve de ajustador desde los 15 a los 18 años. Y una tarde vino mi tío y me dijo que subiese a hablar con el director. Mi tío me dijo que tenía que ir a San Sebastián a firmar con la Real Sociedad. Hablé con el director y por si acaso pedí la excedencia, no fuese a ser que no sirviese (ríe), así por lo menos tenía trabajo. Antes estuve jugando en los juveniles del Euskalduna y un año en Tercera con ese equipo. ¿Hubo algún ojeador que lo viese? No, mi tío tenía amistad con algún directivo. En el norte hay muchos ojeadores y peinan muy bien la parte de Guipúzcoa. Se trabajaba francamente bien y conmigo se fue también Arregui, que era delantero centro. ¿Qué recuerda de aquellos ocho años en la Real? Yo era suplente entonces, estaba Arriaga, internacional sub 23. Pero en la jornada 14-15, en Segunda, en Langreo, se tiró a los pies de uno, recibió una patada en el estómago y estuvo muy grave. Se salvó, pero a raíz de eso se retiró y ya jugué yo toda esa temporada. Fui internacional sub 23 y batí el récord de menos goleado desde la primera jornada, desde el inicio hasta el final. Estuve seis partidos imbatido, el séptimo lo jugamos en Granada y Vicente, un extremo izquierdo, centró y un compañero mío quiso despejar pero le dio con el exterior y me la metió por toda la escuadra. O sea, que el récord me lo rompió un compañero (ríe). Y luego estuve de suplente de Iribar… Era un equipo de amigos, éramos profesionales pero todo el mundo tenía un trabajo después del entrenamiento. Y en el 73 firmé por el Betis. ¿De qué trabajó en Donosti? Yo no trabajaba, ya había trabajado cuatro años antes, los demás seguramente no conocían qué era trabajar a esa edad. Plasencia se llamaba la empresa. Y cambió un equipo de Primera por el Betis en Segunda… Correcto. Y antes también firmé por el Atlético con 23 años. Cuenta usted que no lo hizo por culpa indirecta del Betis… Me lesioné curiosamente en un Real Sociedad-Betis, sería en la 68-69. Un balón largo, me tiro a los pies y un jugador del Betis, que era Irizar, paisano mío, de Bergara, me dio en la planta del pie y tuve fisura del maleolo tibial. Las lesiones no eran como ahora, sino que se alargaban mucho más. Estuve 45 días escayolado. Vino el secretario técnico del Atlético a San Sebastián y firmé, pero tenía que ir al reconocimiento médico a Madrid. Entonces el doctor Seoane me dio una carta en la que ponía que estaría disponible para empezar la temporada siguiente. Voy a Madrid, el doctor Ibáñez y el doctor Araizabal me reconocen y me dicen ‘José Ramón, váyase para San Sebastián que ya hablaremos con el médico’. Al día siguiente, estaba en la cama, mi madre me trae el periódico y pone ‘Zubiarrain ha firmado por el Atlético’. Era el que estaba conmigo en la Real. Se equivocaron, ya que empecé a jugar en la temporada 68-69 hasta la 72-73 todos los partidos seguidos. Le hicieron un favor al Betis. Por supuesto, y seguramente a mí también, porque difícilmente hubiese estado en un club como aquí, 40 años. Eso es milagroso. Todo el mundo me dice lo mismo, mira que es difícil estar tanto tiempo en un club. Yo he tenido la fortuna de estar y me retiro ahora cuando cumpla 67 años. Más tiempo que Ferguson… Ahí andaremos los dos (ríe). ¿Y por qué vino al Betis? ¿Le pidió la Real el favor por motivos económicos? A mí la Real no me pidió ningún favor. Yo veía que por detrás había muchos porteros en la Real y que venían pegando: Artola, Urruticoechea, Arconada… los tres fueron internacionales. Y esta es la ocasión. Vine al Betis en Segunda, conseguimos ascender e hicimos buenas campañas, dentro de lo que cabe. Costó 12 millones de pesetas, casi nada. Eso me lo recordaban cuando salía después de los partidos, porque mi recorrido siempre era el mismo: termina el entrenamiento y mi casa era Reina Mercedes, así que la gente sabía por dónde iba, era como las hormigas. Mucho tampoco, pero me decían lo de los 12 millones y yo les respondía ‘pero si yo no me he llevado ni un duro de eso’. Ahora se llevan el 12-15% del traspaso. ¿Cuánto habría valido Esnaola hoy? Ni idea, es imposible saberlo. Entonces fue la cantidad máxima que había pagado el Betis hasta entonces. Pero estar 40 años tiene un valor. Para el Betis fue mucho dinero en aquella época. El club lo ha amortizado, ¿no? (ríe) Hombre, espero que sí. Si divides 12 millones entre 40… salí por 300.000 pesetas al año, no está mal. En Primera sólo Cardeñosa ha jugado más partidos con el Betis que usted. Pero yo soy el máximo contando todo. En Primera sí estoy detrás de Cardeñosa, pero el Betis ha jugado otras competiciones. Y como portero es el cuarto de la historia de la Liga tras Zubizarreta, Buyo y Casillas, con tres partidos más que Iribar. Sí, pero yo en su día fue el jugador que más partidos había jugado en la Liga española. Yo tuve el récord, 469 partidos. Eso fue en el año 85. Y luego me lo batió Joaquín, del Sporting. ¿Le enorgullece haber jugado más que Iribar, su ídolo entre sus contemporáneos? Y eso que él también jugaría más años que yo. Yo tengo más partidos después de jugar cuatro años en Segunda, dos con la Real y dos con el Betis. Aquí fueron dos en Segunda y diez en Primera. A lo mejor él se retiró antes, a los 36 años, porque siempre fue titular, desde que llegó del Zaragoza al Athletic. ¿De dónde viene lo de Gorriti? Me empezaron a llamar así aquí porque jugando el Betis en San Sebastián, Gorriti era el lateral derecho. Era duro, no daba leña pero era duro y se acordaban de él. Entonces, al llegar aquí, me decían Gorriti. ‘¿Y por qué?’, decía yo. Por aquel lateral que daba patadas, me respondían. Usted no ha dado muchas patadas… Ni a un bote. ¿Cuántas veces ha sido expulsado? Una vez, en Cádiz con el Betis. Me gustaba jugar al borde del área y en un balón largo salí. No sé si lo agarré o choqué. Tampoco te expulsaban por eso en aquella época, pero el árbitro me dijo que había sido muy fuerte, muy aparatoso. ¿Se acuerda del mejor y el peor partido con el Betis? La final del 77 sería el mejor, ¿no? Con el que acabé más contento sí, pero he tenido de todo, buenos, malos y regulares. El peor que sí recuerdo es aquí, en un gol que me metieron desde una falta lateral, fui a coger el balón y me pasó entre las piernas. Tuvo su historia eso. Contra el Tenerife fue, vino Szusza, faltaban cinco minutos y recorrió la banda haciendo aspavientos a la gente como diciendo ‘vaya el gol que le han hecho’. Después tuve la fortuna de ascender y ser el portero menos goleado de Segunda. Fue en mi primer año aquí. ¿De verdad no fue a la selección por no ser alto? Estando en Barcelona para jugar un partido, en el ‘hall’ estaba Urresti, nuestro extremo derecha, y apareció Kubala y le preguntó ‘¿quién anda bien en la Real?’, y Urresti le dijo ‘Esnaola’, y Kubala le contestó ‘es pequeño’. José María de la Concha me contó que Szusza no quería que viniese al Betis porque Kubala le había comentado que era bajito. Eran compadres. Y De la Concha le dijo ‘seguramente usted se tendrá que ir mañana o pasado o al día siguiente pero él se va a quedar aquí unos cuantos años’. Pero usted fue titular indiscutible ya con Szusza… No tuve ningún problema. Aparte de ese detalle, me llevé francamente bien con él. La prueba es que jugué siempre, pero más que nada por lo que comentó Kubala de la estatura. Me llevó una vez a la selección porque la prensa se metía con él y yo andaba francamente bien. La prensa decía que yo tenía que ir… y hasta que me llevó. Luego la prensa se olvidó y ya no me llevó nunca más. Estaban Iribar, Reina, Deusto, Miguel Ángel… había muy buenos porteros. ¿Con qué se queda de la noche que el Betis ganó la Copa? Me quedo con el título, lógicamente, y sobre todo la afición, que había hecho un gran esfuerzo para ir allí. Estábamos trabajando para ellos, para que fuesen felices. Y menos mal que paré el penalti, porque Benítez estaba en el vestuario y no quería lanzar. Los títulos antes no se celebraban con tanta euforia como ahora, ¿no? Detiene el penalti decisivo y casi no hay brincos ni carreras, llegan antes los periodistas que los compañeros… Sí se celebró, pero no como ahora. Los periodistas y los fotógrafos llegaron antes porque estaban detrás de la portería, al lado, pero sí vinieron todos los jugadores e hicimos una piña. Posiblemente el fútbol está hoy más profesionalizado que entonces y ahora se celebra más, igual que los goles. Antes se celebraban pero no como ahora, besándote, tirándote al suelo… ¿Qué echa de menos de aquella época? ¿Qué se ha perdido en el mundo del fútbol? Quizá que éramos una piña, muy amigos todos, nos esperábamos  después de los entrenamientos para salir juntos, a lo mejor íbamos a tomar una copa… y ahora cada uno coge el coche y van en dirección contraria los unos de los otros. Había más compañerismo, éramos más amigos. No quiere decir que ahora no sean amigos, pero cada uno hace su vida y en aquella época con cualquier problema que tuviera cualquier jugador estábamos todos encima. Pues de este vestuario dicen que es muy sano. Sí, pero es distinto, en el sentido de que cada uno va a su bola cuando acaba el entrenamiento. Pero el vestuario es francamente bueno. Usted llegó a tener a Mel de jugador. Ahora que no nos oye, ¿cómo era? No había ningún problema. Era goleador. No es que fuese muy trabajador, pero siempre estaba donde tenía que estar. Era listo, delante del portero era listo, sabía situarse. Seguramente quería ahorrar energías para en un momento determinado marcar (ríe). Pero fue un buen delantero. De todos los jugadores a los que ha formado, ¿cuál le llamó siempre la atención? El que mejor ha entrenado, para mí, ha sido Pinto, pero ha habido varios: Diego Tristán, Joaquín, otros que no esperaban que llegasen pero llegaron, como Roberto Ríos… Es que han pasado muchos, podría nombrar a una barbaridad. Estuve diez o doce años en el segundo equipo. Pero posiblemente Joaquín haya sido el de más calidad. En su época decían los técnicos que era una fuerza de la naturaleza, no se perdía ni una. Estando yo en el filial, a mitad de temporada se fueron Juanito, Varela, unos cuantos, y tuve que recuperar de los juveniles a Joaquín, Tati Maldonado, Arzu y Dani. Yo tenía el equipo hecho y Joaquín a lo mejor entraba veinte minutos porque era un recién llegado. Y en una ocasión, en Jaén, me dice ‘José Ramón, a ver si me pones de inicio’. Y le digo ‘te voy a poner, pero como no me trabajes como el primero, te quito’. Y a partir de ahí empezó a jugar y hasta hoy. Se puede decir que a Joaquín le costaba correr… Había que apretarle un poco. No es que fuese figura, más bien era flojo (ríe). Había que apretarle, hasta que se dio cuenta de que era la única manera de triunfar. Con la calidad que tenía, si encima era capaz de trabajar, se salía. Y de los porteros, ¿quién se quedó por el camino? No, los que he tenido y han jugado directamente han salido: Doblas, Pinto, Adrián, Pedro Illanes… Los que he tenido han sido cuatro o cinco, diez o doce años en total. También dicen que fue pionero en la preparación específica de porteros. Lo que decía es que yo no había tenido un entrenador de porteros en mis veinte años de profesional. Luego los clubes decidieron que debía haber uno y empecé yo, pero seguro que hubo otro antes que yo. Como entrenador de porteros llevo ocho o diez años como mucho y esto seguramente lleve veinte años por lo menos. No he sido pionero, sólo uno más. ¿Qué piensa de Manuel Ruiz de Lopera? Creo que ha podido ser el mejor presidente del Betis, pero con los problemas que hubo no llegó a serlo. Si él llega a querer, esto hubiese cambiado. De todas maneras, yo tengo que estarle agradecido porque me dejó trabajar tranquilo, nunca tuve un problema, y siento lo que le está ocurriendo. Si él llega a querer, habría sido el mejor presidente no del Betis, sino de España. ¿Y de los actuales dirigentes y el futuro del club? Están trabajando francamente bien, no hay problemas en cuanto al cobro, los viajes se hacen muy bien... Se encontraron una situación difícil pero han sabido enderezar el rumbo y ahora todos los jugadores están contentos. Habrá jugadores que acaban su ciclo e igual pensaban quedarse, pero la mayoría está a gusto con el trabajo que están realizando Bosch, Guillén y los otros. ¿Qué cree que pensarán Campos y Salva de usted? Lo que puedo decir es que se portaron francamente bien y es muy difícil, no jugando, tener el comportamiento que tuvieron. De jugador tienes más posiciones para jugar o puedes salir en la segunda parte, pero de portero sabes que si tienes a otro delante, no vas a jugar ni un partido. Quizá les cerré el paso, pero era ellos o yo. ¿Cuántas veces ha tenido la posibilidad de irse del Betis en estos 40 años? Como jugador, por lo que me dijo De la Concha, cuando firmé por el Betis se interesó el Barcelona para llevarme, pero decían que si me mandaban a Barcelona ahora que me habían firmado, los mataban. La prueba de que se interesaron es que al año siguiente firmaron a Artola, que era suplente mío en la Real. Y después, que yo sepa, nada más. Y además de técnico tampoco porque no era mi intención irme a ningún sitio. La prueba es que en dos ocasiones cogí el primer equipo y lo primero que dije al club es que tenía que volver al segundo equipo, que no quería continuar en el primer equipo. Por lo demás, mi intención era quedarme aquí, estaba encantado, y no quería coger la maleta e ir con mi familia de un sitio a otro, prefería esta estabilidad. Y me salió bien. Su familia se adaptó desde el minuto uno, claro. Mi hija mayor vino con 18 meses y la chica nació aquí. Y a mí tampoco me gustaba tener que andar de un lado a otro, sabía que era una profesión difícil y que tarde o temprano tenía que caer, pero para eso prefería seguir de pie y aquí. Entonces se quedará a vivir en Sevilla. Sí. ¿De verdad no volverá a pisar el Villamarín? Me refería al césped. Soy socio de Preferencia y accionista, además tengo el 400 y pico de socio, el 437 aproximadamente. Quería decir que era el último día en cuanto a tocar la hierba. ¿Es cierto que su fichaje por el Betis se retrasó porque estaba en un pueblo de Salamanca sin teléfono? Es cierto a medias. Yo estaba en un pueblo de Salamanca, Alba de Yeltes, pero allí no teníamos teléfono, hablamos de agosto del 73. Tenía dejado el número de un bar, pero claro, mientras me llamaba el del bar, una cosa y otra… Pero una vez que supe que se interesó el Betis, se firmó enseguida. No discutimos prácticamente nada. Se ve que no había agentes por medio… No he tenido nunca, ni siquiera ahora, para qué. Lo mejor es hablar poco (ríe). En aquella época, cuando me retiro, no sé si había representantes, ya habría alguno, quizá Roberto Dale, pero eran habas contadas, no como ahora, que cualquier juvenil tiene un representante. ¿Usted se retiró o lo retiraron? No me retiro, me retiran. Yo juego todos los partidos en la temporada 84-85, mira que es difícil, menos uno porque fue la huelga y jugó el segundo equipo. Y a Cardeñosa y a mí nos dieron la baja. Y claro, con 39 años tampoco puse mucho interés en firmar por otro equipo. Fue curioso. Estaba en Salamanca, en Alba de Yeltes, cerca de Ciudad Rodrigo, donde voy a ir ahora, me encanta ir allí. Y me llamó Pedro Buenaventura y me dijo ‘José Ramón, me ha dicho Retamero que no vas a continuar el año que viene’. Así de sencillo y rápido. Yo firmé tres años primero, después tres, después cuatro, después uno y después otro, así hacen los doce. Estaba de entrenador Carriega y así terminó. ¿Llegó a desvincularse del club? Hubo un lapsus de tres o cuatro meses. Eso fue en agosto y yo empecé a trabajar con los chavales en noviembre o diciembre. Aquel vestuario tenía que ser un conjunto de figuras, ¿no? Sí, estaban Benítez, Del Pozo, Bizcocho, que eran muy bromistas, y Biosca, que era muy chistoso pero cuando te daba la mano te la reventaba… Bien. ¿Y cómo encajó usted, tan serio y tan callado? Encajaba francamente bien. Hacía mi trabajo, me sentaba, escuchaba, me reía, no intervenía prácticamente pero estaba con ellos. Eran muy distintos a mí la mayoría, había otros que se parecían pero el cambio fue muy grande, venir del norte a Sevilla. Me adapté rápidamente porque mi forma de ser era trabajo y mi casa. Y en el trabajo nos llevábamos todos muy bien y me divertía. ¿Quién era el figura? También Megido tenía guasa. Pero el más chistoso y habilidoso en todo, en malabarismos, en contar chistes, en cocinar, era Rogelio. Servía para todo. Y Benítez y Del Pozo, los jerezanos, eran muy graciosos. ¿Y Gordillo cómo era, tan joven? Al principio sabía a dónde había llegado y estaba más apaciguado, pero también es otro gracioso, buena gente… Entró francamente bien, aparte de lo gran jugador que era. ¿Qué es lo más gracioso que le ha pasado en el Betis? No me acuerdo, la verdad. Víctor Fernández solía decirme ‘José Ramón, tengo una esponja aquí (señalándose la cabeza) y me quedo con todo, con todo’. A mí se me habrá fundido esa esponja. También ha coincidido con multitud de entrenadores… Con Griguol no estuve, llevaba el segundo equipo, y con Clemente tampoco. Con Re sí estuve, y con Pedro Buenaventura, y con Mortimore estuve de segundo. Hacía Pedro lo que yo hice después, coger el equipo cuando estaba jodido. ¿No le habría gustado coger el equipo en otras circunstancias? Nunca lo pensé, estaba obsesionado con que mi puesto estaba en el segundo equipo y punto. No lo echo de menos, de verdad, ni aunque hubiese conseguido algo importante. Mi intención era no cogerlo y quedarme abajo enseñando lo poco que podía enseñar. Cuentan que era tan profesional que quiso jugar el día que su hija hizo la comunión. No es exactamente así. Yo estaba en el centro del campo y mi hija hacía la comunión y teníamos el banquete enfrente del Juliá, en La Palmera, que tenía un chalet donde hacía las comidas. Y el día anterior le digo a Carriega… era Copa de la Liga, habíamos ganado 4-0 en Valencia y aquí no tenía aliciente el partido… y le digo a Carriega ‘míster, mi hija hace la comunión y me gustaría estar con ella’, y me dice ‘¿y quién juega entonces de los otros dos?; ahora voy a ir al vestuario y cuando vuelva, me dices quién’, dice. Volvió y yo no le pude decir. ‘Pues entonces juegas tú’, me respondió. Si llega a ser un partido de Liga, seguro que juego sin preguntar. La prueba es cuando murió mi madre, que fui al funeral en San Sebastián un sábado, vine y jugué contra el Barcelona. Eso fue el año que ganamos todos los partidos (en casa) menos dos que empatamos a cero con la Real Sociedad y el Barcelona. Quedamos cuartos o quintos y jugamos la UEFA. Ha tenido homenajes en la Real, en Andoain, en el Betis… Me dieron una insignia en la Real. En un trofeo Ciudad de Sevilla en el que también me lesioné, me tiré a los pies de un ruso, me dio en la cabeza y me dejo groggy. Y esa semana me fui a San Sebastián a despedirme de ellos y me dieron una insignia. ¿Y la del Betis? También me la dieron en el 83, en el partido de homenaje. Sólo falta que le den una calle… Haber ganado la Liga me falta, lo demás lo he conseguido prácticamente todo. He entrenado a todos los equipos, he sido el portero menos goleado, internacional sub 23 y suplente de Iribar, que para mí es como jugar… y he cumplido 40 años aquí. También he jugado la UEFA, he ganado dos Copas del Rey, una como jugador y otra como entrenador de porteros… Una calle no, la calle es para gente importante (ríe). Menudos viajes hacían entonces, ¿verdad? Sí, eran viajes larguísimos. Si antes ibas a Almería, tardabas un día en llegar. No se viajaba en chárter. Y sobre todo el viaje a Rusia, que estuvimos tirados un día. Ahora da gusto. ¿Le habría gustado nacer 30 años más tarde? No quiero ni pensarlo. He sido muy feliz, he hecho lo que me gusta, aparte he estado mucho tiempo y la gente me lo ha agradecido. También nosotros ganábamos, no este dinero pero tenía su valor, sabiendo invertir a lo mejor era algo más. ¿No se volvían locos, como los jóvenes de hoy? Entonces el primer dinero tenía que ser para el piso rápidamente y a partir de ahí, invertir. Esa era la obsesión, una vivienda. Cuente qué le ocurrió en el homenaje a Pablo Blanco. Primero me dieron el homenaje a mí y vino Pablo Blanco y me entregó un obsequio. Cuando le dieron el homenaje a él, yo fui al Sánchez-Pizjuán y salté al campo para entregarle un obsequio mío, personal. Yo no iba temiendo nada porque nunca he tenido un problema allí, pero la ovación que me dieron… Yo pensaba ‘¿a quién homenajean, a Pablo Blanco o a mí?’. De verdad fue impresionante. ¿Nunca ha tenido ningún problema con el Sevilla o su afición? Ni con el Sevilla ni con nadie. Yo he hecho mi trabajo, jamás he hecho un mal gesto. Habrá gente de otros equipos que dirían ‘joder, a ver si se deja meter un gol’ (ríe), pero problemas no he  tenido nunca con la afición de ninguna parte. ¿En qué momento se dio cuenta de que se había convertido en bético? Porque usted es bético, ¿no? Hombre, por supuesto. Bueno, cuando llegué mi primera intención era cumplir los tres años y después, si podía firmar dos años, pues mira. Vine con 27 y me iba con 32, pero después firmé otro y otro contrato. Poco a poco te vas haciendo. Y cuando salía a la calle, la gente estaba encantada conmigo. Y eso que no era muy extrovertido… Sí, y quizá más. Cuando uno es más serio y no tan chistoso, a lo mejor a la gente le gusta más porque le gusta la seriedad. Eso no quiere decir que el cachondo no sea apreciado, pero a mí, si la gente me dice algo es que he sido una persona muy seria y muy profesional y es lo que más te halaga. Usted rompe ese tópico de que hay que estar un poco loco para ser portero. No sé por qué se decía eso, posiblemente porque se lanzan a los pies y se juegan la cara. Pero no, posiblemente haya habido más jugadores zumbados que porteros. ¿Quién ha sido el mejor portero del Betis, aparte de usted? Hombre, ha habido buenos porteros. Para no quedar yo mal, vamos a dejarlo en que los ha habido parejos. Estar aquí en este rectángulo impone, y el que ha salido lo ha hecho bien, dentro de lo que cabe. Ha habido buenos porteros: Prats, García Fernández, Campos, Salva… y los que están actualmente. Simplemente salir aquí ante 40.000 espectadores… No es lo mismo que ser jugador, el jugador sale y no digo que se esconde pero el portero tiene mucha responsabilidad. ¿Ha hablado con Adrián? No soy nadie para decirle que se quede. Lo que sí me gustaría es que si va a un sitio, que vaya pensando en que va a jugar. Para no jugar, por mucho dinero que gane, no sé si compensa. A mí sí me gustaría que se quedara, es un portero de la cantera, va mejorando día a día y todavía es joven, pero la decisión la debe tomar él. Le he preguntado dos veces cómo va la negociación y me dice que está parada. Hace unos quince días me dijo lo mismo. Él es mayorcito y sabrá lo que debe hacer. ¿De verdad no se ha puesto nunca pantalones vaqueros? Nunca, de verdad, es curioso. Para el Oeste no estoy (ríe). ¿Alguna manía o superstición cuando se colocaba en la portería? En el campo no, pero cuando venía con el coche por La Palmera, porque no nos concentrábamos, no me tenía que parar en ningún semáforo. Iba despacito, si el semáforo estaba en rojo, para que se abriese. Nada, eso fue un año o dos, luego uno se va haciendo mayor y dice qué tonterías. Manías no he tenido, eso de tocar el larguero… nada. Pues tiene mérito recorrer toda la avenida sin pararse… Es difícil, difícil, por eso había que ir reduciendo la velocidad. Por último, para que lo desmienta o confirme oficialmente, ¿la fama de duro que le atribuyen es justa? Duro no he sido, he sido muy serio, en el trabajo y en asistencia al entrenamiento y el horario. Eso es fundamental y en eso sí he sido duro. Muchos jugadores, después de haberse retirado, me han dicho ‘José Ramón, le agradezco la seriedad que tuvo conmigo porque me ha venido bien’. Siempre me ha gustado hacer las cosas bien.

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