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España enseña a sus hijos la ciudadanía

Cuando la Constitución de la II República Española proclamó el Estado aconfesional, laico se necesitó que D. Manuel Azaña dijera "España ha dejado de ser católica". ¡Por Dios! Los militares de coñac y prostíbulo, los curas de misa y merienda diaria...

el 15 sep 2009 / 21:53 h.

Cuando la Constitución de la II República Española proclamó el Estado aconfesional, laico se necesitó que D. Manuel Azaña dijera "España ha dejado de ser católica". ¡Por Dios! Los militares de coñac y prostíbulo, los curas de misa y merienda diaria, la derecha espesa, valga la redundancia, los herederos, en fin, del absolutismo decimonónico se llevaron las manos unos a la cabeza y los militares a la pistola. Los púlpitos ardían en sermones incitando al crimen del blasfemo. Las redacciones de los periódicos conservadores rezumaban tinta con la que se iba emborronando la honra del gran estadista.

Y Azaña se limitó a decir una obviedad. En este país se puede ser católico, musulmán, judío o ateo. Pero España no puede ser nada de eso. España es laica y detrás de los muros de las iglesias, de las mezquitas, de las sinagogas o de las logias cada uno puede leer sus libros sagrados y creer en lo que les parezca bien. Y si quieren pensar que Dios creó al hombre y a la mujer de una costilla de aquel, allá ellos. Si quieren ayunar el viernes, el sábado o el domingo, son libres. Pero en España, el estado ni ayuna ni cree en Dios.

Pero con Dios por delante, Franco y los traidores, los curas fascistas que lo llevan en la masa de la sangre y la sociedad estabulada por aquellos, acabaron con la Constitución, con las libertades, con el progreso apenas iniciado y nos dejaron cuarenta años en la caverna con olor a incienso, a sangre inocente, a oscuras.

Y el Tribunal Supremo setenta años después ha vuelto a decir que España es laica y a los niños españoles hay que enseñarles principios laicos sin objeción posible. Los diez mandamientos en los ratos libres pero en horas lectivas hay que enseñar los valores constitucionales de una sociedad que no cuenta dogmas imposibles de razonar. Un respiro para nosotros y un revés para los osos cavernarios purpurados o no. No se puede objetar, hermanos Seco. Allá vosotros con lo que le decís a vuestros niños, pobres. Pero España enseña a sus hijos y nos libra, por ahora, de esta gente perniciosa y brutal.

Abogado

crosadoc@gmail.com

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