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Espectacular final sin guinda

El hoyo 18 vivió un cierre del Open de España propio de una película de Alfred Hichkock. Cuando el título parecía en manos de Peter Lawrie, Nacho Garrido forzó el play off con un putt increíble. El madrileño se vio campeón, pero Lawrie embocó otro putt extraordinario y el sueño del español se ahogó en el agua.

el 15 sep 2009 / 04:16 h.

El hoyo 18 vivió un cierre del Open de España propio de una película de Alfred Hichkock. Cuando el título parecía en manos del dublinés Peter Lawrie, que completó un round final soberbio, Nacho Garrido forzó el play off con un putt increíble. El madrileño se vio campeón a continuación, pero Lawrie embocó otro putt extraordinario y el sueño del español se ahogó en el agua.

Es una película clásica en el deporte. Un outsider se cuela entre los favoritos para llevarse el botín mayor. Miguel Ángel Jiménez afirmó en la víspera de la cuarta y última ronda del Open de España que todo hacía indicar que habría un campeón español después de seis años. Toda la atención, y por tanto toda la presión, recaía sobre el duelo que cerraba la jornada, entre Nacho Garrido, que partía como líder en el tee del 1, y el propio malagueño, con tres golpes de desventaja. Entre los dos, al final del día, sólo bajaron un golpe del par: Jiménez hizo -1 y Garrido el par, como el sábado, en una jornada con las banderas mucho más complicadas.

Garrido resolvió muy mal la primera mitad del recorrido, con cinco bogeys, tres de ellos consecutivos (hoyos 6, 7 y 8) y dos birdies, y Jiménez, que marchaba sólido en busca de la victoria, estrelló todas sus opciones con un sorprendente triple bogey en el 10 cuando era líder. Curiosamente, esa circunstancia pareció reactivar a su compañero de partido, que casi de inmediato reanimó sus opciones con dos birdies.

Las sensaciones de ambos nunca fueron tan buenas como en los días anteriores. Otro clásico. Cuando llega el día de la verdad, cierto que con un campo mucho más complicado, los jugadores tienen más dudas, aunque sean tan experimentados. Errando varias salidas, con problemas al chipear pero con bastante tino en los putts, Garrido ya no era líder en el hoyo 7 (igualaba en -13 con Jiménez) y uno después estaba por debajo. Justo en ese par 4 del hoyo 8 se producía uno de los sucesos de la jornada. El danés Soren Hansen, que había partido a cuatro golpes del liderato, lograba un espectacular hoyo en 2, un eagle desde más de un centenar de metros que le servía para empatar con los españoles en el liderato justo antes de que Jiménez se destacara con -14 y Garrido perdiese ya dos golpes antes del mitad de recorrido.

Pero llegó el inesperado shock de Jiménez. El malagueño, octavo en el último Masters de Augusta, es de esos jugadores fiables que no suelen equivocarse cuando ven la presa a tiro. Garrido le había puesto las cosas a pedir de boca bajo la presión de sus cuatro birdies (también un bogey). Y en el diez, un par cuatro, incomprensiblemente, se fue dos veces al agua, un triple bogey que hundió irremisiblemente sus opciones y su confianza, puesto que sólo logró después un insuficiente birdie en una jornada en la que estuvo poco fino con el putt.

Garrido llega a tiempo. Hansen tomó el liderato en el fatídico diez, donde Garrido hizo birdie, y en el doce, el danés, que cuenta con dos títulos del circuito europeo, perdió ese privilegio que parecía que nadie quería con un bogey, el tercero de su tarjeta del día. Así, igualaba en -13 con el inglés David Lynn, que venía desde atrás recuperando una desventaja de nada menos que ocho golpes (partió en -7, por los -15 de Garrido), y con el madrileño, manteniéndose a un golpe Jiménez y el sueco Erlandsson, el líder del primer día.

Apoteosis de Lawrie. Con tanta inestabilidad entre los primeros, sucedió que el irlandés Peter Lawrie, rookie del año en 2003, cuando fue subcampeón en el Open de Canarias, su mejor resultado en el circuito europeo hasta ayer, enlazó una parte final de ensueño. Firmó cuatro birdies en los últimos seis hoyos, y con los de los hoyos 15, 16 y 17 se presentó como virtual campeón en el 18. Garrido falló un putt de dos metros en el 16 para birdie para igualar con el irlandés que pareció definitivo; Hansen hizo lo propio en el 18, y en ese mismo, el madrileño embocó el que debe ser el mejor putt de su carrera, desde unos 12 metros para forzar el desempate.

Con un golpazo de aproximación monumental en el primer hoyo del play off que dejó el birdie hecho pareció que ganaba, pero Lawrie replicó con otro putt más increíble si cabe, de unos 10 metros, con caída de izquierda a derecha en cuesta abajo. El irlandés dio un brinco de alegría, no era para menos. En el segundo desempate, Garrido se fue al agua con el segundo golpe después de que Lawrie lograra otro golpazo saliendo del bunker desde varias decenas de metros que le supuso el título a tenor del error del español, que como en el 95, y en el 99, se quedó a un paso de ganar el Open de España.

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