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Esperando a Suresnes

Manuel Chaves, recién investido de nuevo presidente de la Junta, ha preferido formar un gobierno para gestionar en la gama de grises antes que para ilusionar con un arcoiris como suele el audaz ZP.

el 15 sep 2009 / 03:27 h.

Manuel Chaves, recién investido de nuevo presidente de la Junta, ha preferido formar un gobierno para gestionar en la gama de grises antes que para ilusionar con un arcoiris como suele el audaz ZP. No es noticia: a lo largo de las cinco legislaturas anteriores, el líder de los socialistas andaluces ha insistido en la fórmula de organizar gabinetes de gente cumplidora pero que no den demasiados disgustos en forma de titulares de prensa. Sin embargo, no estamos ante una legislatura como las anteriores: la división interna dentro de IU puede provocar más de un tacataca en la bancada socialista y el PP de Javier Arenas, quizá azuzado por el fuego amigo de sus compañeros de Madrid, lo mismo se cansa de ser un eterno Luis Ocaña tras las ruedas de Eddy Merck y fuerza la máquina para hacerse con el maillot amarillo de la presidencia andaluza, de aquí a cuatro años.

A la luz del debate de investidura, Arenas está en campaña y Chaves está mosqueado. Así que ha optado por enrocarse: ha reforzado -y ha hecho bie- el poder interno de sus dos fieles lugartenientes, Gaspar Zarrías y José Antonio Griñán y ha intentado pacificar las aguas internas del partido con un reparto territorial de las consejerías, en el que gana Jaén con cuatro. Siguiendo la estela de La Moncloa, hay más mujeres que hombres aunque la propia figura del presidente establezca en ambos casos un consejo de ministros o de gobierno paritario. Pero falta, desde luego, ese otro claro guiño que Zapatero dio a la juventud a la hora de distribuir las carteras: en Madrid, hay cinco ministros por debajo de los 40 y, en Andalucía, la consejera más joven tiene 41 y también ha renunciado a incorporar a su proyecto a personalidades especialmente relevantes del mundo académico que desde hace tiempo explora Arenas y por algo será.

Quizá a este territorio le hubiera venido que ni pintado combinar con mayores dosis la frescura de la juventud y la serenidad de la madurez, pero el resultado es más sereno que fresco. Tampoco es novedad. Lo que puede serlo es que los jóvenes socialistas de Andalucía, alentados por lo que ocurre en el partido más allá de Despeñaperros, terminen promoviendo a la larga un cambio de rumbo, una vuelta de tuerca similar a la que Felipe González propició en Suresnes contra la línea de flotación del PSOE histórico. Chaves tiene la cabeza bien amueblada para dirigir él mismo esa transición interna. No vendría mal que esa misma voluntad de entendimiento con la oposición que planteó desde la tribuna de oradores en el Parlamento de Andalucía, la llevara a las casas del pueblo, donde la disyuntiva del PSOE sigue siendo la de renovarse, de verdad, o morir electoralmente cualquier urna de estas.

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