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Esperando el fin de la gresca

el 04 jul 2012 / 21:05 h.

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El PSOE sevillano lleva medio año a la gresca. Ya en aquel sábado de enero, en el que el debate se dirimía en cómo sobrevivir al tsunami del PP, si con Alfredo Pérez Rubalcaba o con Carme Chacón, los socialistas sevillanos estaban en otra onda: la de que la crispación, desatada -que no originada- en ese congresillo del NH Convenciones, sólo era el inicio de una pugna que sólo se finiquitaría con la elección del un nuevo líder para la agrupación socialista más fuerte de país.

Así lo decían abiertamente y no les faltaba razón. Pasados ya casi seis meses de esa primera batalla y con dimisión de Viera incluída, la fractura sigue igual, aunque más acompasada, salvo alguna salida de tono, por los movimientos de los llamados a representar a oficialistas y críticos. Los primeros han colocado el tablero de ajedrez y han movido ficha. Susana Díaz tenía esa obligación ya que, a sabiendas de que perdería poder orgánico en el regional, no podía permitirse dar síntomas de debilidad ante sus rivales. Dio el paso adelante y, además, exhibiendo galones: rodeada de alcaldes sevillanos, como ya hicieran en su día Carme Chacón o uno de sus principales aliados, el presidente de la Diputación, Fernando Rodríguez Villalobos. No ha perdido el tiempo Susana Díaz, que antes de partir hacia Almería se ha apresurado a presentar los avales que ya garantizan su candidatura para liderar el PSOE de Sevilla.

En el otro extremo, los críticos no tienen todavía candidato, aunque su preferencia es sin duda Antonio Gutiérrez Limones . Pero el alcalde de Alcalá de Guadaíra, un dirigente que se siente cómodo en un mensaje de no conflictividad y de tender puentes al diálogo, no ha movido ficha. Él, a diferencia de Susana Díaz, prefiere esperar al desenlace del congreso regional. Primero, en la versión oficial, por respeto a los tiempos políticos. Pero, en segundo término, porque Almería se plantea como el mejor termómetro para medir si tiene garantías de éxito o puede morir en la orilla después de meses de batallas y cuitas internas.

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