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Esperanza y decepción

el 21 feb 2011 / 08:35 h.

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Después de 185 minutos de fútbol, distribuidos entre las doce del mediodía y las siete de la tarde los encuentros del Betis, primero, y del Sevilla, después, nos depararon un único gol que sirvió para que los sevillistas lograran los tres puntos ante el Hércules. Esas serían las matemáticas cuyos números no engañan.

En fútbol, en el aspecto cualitativo, el sopor nos acompañó en la jornada del domingo. Bien es cierto que en cada acera los motivos son muy dispares. Desilusión en el Betis, que alcanza las cinco jornadas consecutivas perdiendo y, al menos en el Sevilla, una victoria para ir tomando un camino muy diferente al de jornadas atrás. Algo es algo.

No se pueden permitir más fallos. Preocupa la situación del Betis. Siguen las derrotas consecutivas y Celta y Rayo toman ventaja en la clasificación. El partido ante el Valladolid ofreció una nueva imagen triste del conjunto verdiblanco.

El juego es cada vez más anodino y vulgar. No se le encuentra al equipo capacidad de desborde en las jugadas de ataque y comete errores defensivos que le suelen costar muy caro. Dicen que esta es la dinámica de los equipos cuando entran en esa fase de derrotas, y que sólo son capaces de darle la vuelta con las victorias para cambiar la dinámica perdedora.

Deben ser estas, cuestiones que se alejan de la visión periodística deportiva y entrar más en materias de psicología, en la que el Betis cuenta con su especialista. Lo único cierto, que es lo que preocupa a la afición y a los que dirigen el club, es que el equipo necesita ganar cuanto antes. A estas alturas, más fallos no se pueden permitir para poder lograr el ascenso a final de temporada.

Las victorias llegan, pero el juego no. Cuando se está en la situación deportiva en la que el Sevilla se encuentra sólo vale ganar. Si juega bien, mejor. Ante el Hércules sólo valía la victoria y gracias al suizo-croata Rakitic llegó el gol del triunfo. La valoración del juego es otra cosa muy distinta.

El equipo no tiene el fútbol y la pegada de antaño. Anda desconcertado y desconfiado porque sus objetivos están muy lejanos, algunos perdidos y otros casi. Estas circunstancias pesan en el ánimo de unos futbolistas que están muy lejos de lo que se espera de ellos. Oporto, miércoles, y Atlético de Madrid, sábado, serán jueces severos en el dictamen de esos objetivos.

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