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Esperanzas para los pacientes de cáncer de próstata

Nuevos fármacos hormonales evitan la quimioterapia y técnicas quirúrgicas cuidadosas con los nervios eliminan el problema de la impotencia a los pacientes que se curan.

el 21 feb 2015 / 11:00 h.

Cómo afecta el paro y la crisis al barrio de Pinomontano. Las revisiones médicas a determinadas edades son fundamentales. Foto: El Correo Con el dudoso honor de la mayor incidencia entre los varones, el cáncer de próstata es una amarga burla que aguarda «al 80% de los hombres, si es que todos alcanzáramos los 100 años de edad». Así describe la importancia de esta enfermedad el catedrático de Urología y presidente de la Real Academia de Medicina de Sevilla, Jesús Castiñeiras. Según los datos de la Asociación Española contra el Cáncer, en 2015 (último año disponible) en España se diagnosticarán 27.853 casos de cáncer de próstata, con 5.481 fallecimientos. La enfermedad se ceba en los mayores de 65 años. Víctimas del cáncer de próstata es Colin Powell, el todopoderoso secretario de Estado de la Administración de George W. Bush, y lo fue el fallecido presidente francés François Mitterrand. En Sevilla solo en el hospital Virgen Macarena se efectúan al año hasta 110 cirugías radicales de próstata para una población de 560.000 personas. «Los factores que juegan a favor del cáncer, en Europa y EEUU, son en primer lugar la raza: los negros lo sufren más que los blancos. En segundo lugar los genes: quien es hijo y nieto de enfermo de cáncer de próstata tiene más posibilidades de padecerlo. Y por último, la alimentación: las carnes rojas y las barbacoas son un factor de riesgo que no tienen culturas como las orientales con dietas más ricas en verdura y soja», explica de un tirón Castiñeiras. Para que también le quede claro a los profesionales de la sanidad, la Real Academia de Medicina organizó este último fin de semana las II Jornadas Médico Quirúrgicas en Cáncer de Próstata en Sevilla. Contó con la participación de Patrick C. Walsh, el ídolo de los urólogos: Walsh, el número uno en operaciones de cáncer de próstata, es profesor y médico en el hospital universitario John Hopkins de Baltimore (EEUU), y él mismo ha revisado «hasta 28 veces» su técnica quirúrgica, perfeccionándola a través de más de 4.000 intervenciones, señala el admirado relato de Castiñeiras. El prestigioso urólogo ofreció dos conferencias, una de ellas centrada en casos prácticos. «Habló de la revisión general del tratamiento del cáncer de próstata. Si este órgano nos lo podemos imaginar como una mandarina, hay tumores que se pueden tratar con quimioterapia y radioterapia y otros con hormonas y fármacos que eliminan el producto que necesita el cáncer para crecer. Como la quimioterapia tiene efectos secundarios, han aparecido nuevas hormonas, el acetato de abiraterona, que permite un intento menos agresivo antes de empezar con la quimioterapia una vez fracasado el tratamiento hormonal convencional», explicó el catedrático de Urología. Además, la eminencia norteamericana explicó sus técnicas quirúrgicas para evitar lesiones en los nervios y que el paciente no quede impotente tras la cirugía, relató Castiñeiras. Precisamente esta secuela –que solo tiene que producirse a causa de la quimioterapia o de forma temporal con una terapia de hormonas– y la vergüenza ante todo lo que cuestione la virilidad hace que las consultas no estén lo frecuentadas que deberían. «También hacen daño las consultas a los buscadores de internet», se queja Castiñeiras. En la soledad de la pantalla es más fácil no hablar de los problemas de micción, pero también interpretar mal el caudal de información que ofrece Google. Para evitar llegar hasta aquí los varones poco pueden hacer: cuidar la alimentación modula algo es riesgo, pero no lo elimina. Pero al menos, es un cáncer con el que se convive más que un cáncer del que se muera, tranquiliza el presidente de la Real Academia de Medicina. El 80% de los pacientes están vivos. Además a esto ayuda que desde los años 80, cuando se identificó el marcador Antígeno Específico Prostático (PSA por sus siglas en inglés), la detección del cáncer se haya adelantado mucho y, como en todos los tumores, localizarlos a tiempo resulta fundamental. Ahora son excepcionales los cánceres muy extendidos, cuando hace unas décadas era lo normal: que se detectaran muy tarde los tumores, cuando no se podía ocultar por más tiempo que algo anormal pasaba en el organismo. Así que si usted es varón de más de 50 años –no digamos si además de raza negra–, cuenta con antecedentes familiares y le resulta difícil orinar su caso deberá ser estudiado por los médicos para descartar el cáncer. Precisamente, los urólogos presumen de haber dimensionado hace más de una década la magnitud del problema al tener en cuenta las estadísticas de jubilaciones futuras. Castiñeiras presidió durante 10 años la Comisión Nacional de Urología, y tras un estudio de 90.000 euros, dedujo los enfermos que habría hoy día, pidió y obtuvo los recursos personales y materiales necesarios. Lo que sí faltan son asociaciones de pacientes y familiares, al contrario de lo que ocurre con las dolencias graves que padecen las mujeres. De nuevo, y aunque hoy día la vergüenza celtíbera no es ni sombra de lo que fue, sigue existiendo ese freno para confesarse con un especialista, hasta el punto que Castiñeiras envidia la naturalidad con la que las mujeres van al ginecólogo.

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