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Espionaje: otro enfoque

Los Estatutos catalán y vasco contemplan una policía propia -como el andaluz-, por eso, y porque en la transición fue pactado, existen Ertzaintza y Mossos d'Esquadra. Son policías integrales que, en todo caso, tienen sus competencias bien delimitadas y reguladas, desde ámbitos a despliegues, pasando por armamento o recursos, materiales, humanos o inteligencia.

el 15 sep 2009 / 21:59 h.

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Los Estatutos catalán y vasco contemplan una policía propia -como el andaluz-, por eso, y porque en la transición fue pactado, existen Ertzaintza y Mossos d'Esquadra. Son policías integrales que, en todo caso, tienen sus competencias bien delimitadas y reguladas, desde ámbitos a despliegues, pasando por armamento o recursos, materiales, humanos o inteligencia.

Imaginemos que estos dos cuerpos de policía exceden y superan la legalidad vigente, a saber, Constitución, Estatuto, Ley orgánica de 1986 o acuerdos con el Ministerio de Interior ¿cuánto tardaría el PP, sus medios, y el energético azote del nacionalismo vasco Mayor Oreja en invocar el artículo 155 de la Constitución y pedir un rescate de competencia a la irlandesa? Madrid, en su Estatuto, que lo tiene -con bandera e himno-, no prevé una policía propia, sólo competencias de vigilancia y protección de edificios e instalaciones.

Por eso, negoció un acuerdo con el Ministerio de Interior en 1996 para su ejercicio, como dice la ley; los protagonistas fueron el presidente Gallardón, la esperanza, versión Fraga, del PP, y Mayor Oreja, ministro entonces, candidato fallido a Lehendakari y ahora dispuesto a seguir paseando palmito reaccionario por Europa. Lo cierto es que al tufo de totalitarismo bananero con hedor a brigadismo social que despide el caso de espionaje del Foro hay que sumar una inaceptable superación, más allá de lo tolerable, de la legalidad vigente.

De ahí que se eche en falta, no ya la pronta intervención de las instituciones madrileñas y la más alta dirección de PP, sino la del propio Ministerio del Interior y Fiscalía para depurar el exceso madrileño. No es algo que nos sea ajeno, ni como demócratas ni como ciudadanos de un estado cuyos intereses e imagen están residenciados, en exceso, en Madrid. Los protagonistas del Aguirregate son además los aspirantes, declarados o embozados, a gobernar España desde la experiencia madrileña privatizadora, regresiva, objetora e insurrecta que puede extenderse si nos escantillamos.

Licenciado en Derecho y Antropología

aroca.javier@gmail.com

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