Cofradías

Esplendor en un miércoles primaveral

Con un sol muy llevadero y sin presagio de lluvias, en Nervión se han vivido esta mañana los primeros compases de un prometedor día de Semana Santa.

el 31 mar 2010 / 12:47 h.

El Santísimo Cristo de la Sed se asoma a su barrio.
El Carmen, La Sed, San Bernardo, El Buen Fin, La Lanzada... Las sillitas plegables se adueñan de la plaza del Duque convirtiendo este espacio en un apéndice oficioso de la Carrera Oficial desde mucho antes de que por la esquina de los sindicatos asome el primer nazareno. Las cinco primeras cofradías del día acceden a la Campana por el mismo recorrido, de ahí que un sitio en primera fila para desplegar la sillita made in Taiwan se cotice tanto como una barrera de sombra en la Maestranza el próximo domingo.

Tres rosas enhiestas sobre la mesa del paso evocan las tres negaciones de San Pedro en el primero de los pasos del Carmen Doloroso, aún en proceso de dorado. La cofradía carmelita de Omnium Sanctorum sigue una inercia de atenuado crecimiento. Este año, segundo del palio del Carmen en Campana, plantan en la calle cerca de 300 nazarenos.
Pero este Miércoles Santo esplendoroso, primaveral, de mangas de camisa para las horas centrales del día, aunque de frescas temperaturas a la caída del sol, tuvo como siempre un epílogo mañanero de indiscutible sabor a barrio, primero en Nervión y luego en San Bernardo.

Lleno en la Gran Plaza para presenciar la resuelta salida de la cofradía de La Sed. El Crucificado de Álvarez Duarte vuelve a salir este año con potencias y corona de espinas. Un año más, el andar de ambos pasos, siempre de frente, despierta grandes elogios. A eso es lo que en el argot se llama "darle un paseo a las imágenes", más meritorio si cabe viniendo de donde vienen. El palio de la Virgen de ojos azules se posa ante el patíbulo sin toque de martillo.

¿Y qué decir de San Bernardo? Un reencuentro con la Semana Santa más auténtica con capotes de paseo colgados en los balcones de la calle Gallinato. Y una cofradía de solera convertida en principal seña de identidad de un barrio al que cada Miércoles Santo vuelven sus más genuinos pobladores para revivir sus raíces y emocionarse con el Cristo de la Salud y la Virgen del Refugio, sus más antiguos vecinos. El recuerdo al párroco José Álvarez Allende sobrevuela sobre el entramado de calles estrechas del arrabal. Qué se agradece el clasicismo de estas cofradías, siempre fieles a un estilo, a un mismo exorno floral, a una idiosincracia forjada en la tradición de la mejor Semana Santa.

Después de 28 años de continuada presencia, este año se echa en falta el hábito franciscano del cardenal Amigo, ayer en Valladolid, entre las filas de la cofradía del Buen Fin. Las hermandades del día se han conjurado para que no se repitan los retrasos del año pasado y los nazarenos de hábito marrón entran en Campana dispuestos en filas de tres en fondo. Rosas color champán entremezcladas con orquideas dendrobios para el palio de la Virgen de la Palma, a la que se recibe en Campana con una intensa petalada.
Dos rosas rojas a los pies del Cristo y otras dos también entre el primoroso exorno de rosas color champán, dispuesto en forma de pináculos, de la dolorosa de La Lanzada recuerdan a Alejandro García y José Luis Nosea, los dos mayordomos de la cofradía de San Martín fallecidos repentinamente hace escasas fechas. En su memoria, el palio gótico de la dolorosa bicentenaria de Astorga se adentró en la Carrera Oficial a los sones de marchas fúnebres de la saga de los Font: Soléa dame la mano, Sagrada Lanzada y Quinta Angustia.

Año tras año, en el Arenal se baten plusmarcas. Más de 1.300 nazarenos puso ayer en la calle la hermandad del Baratillo, una manifestación azul que discurrió por Carrera Oficial a la velocidad del ruán de la Madrugá. Rosas blancas, frecsias y miniorquideas componen el armónico exorno floral del palio de la Caridad, que ayer lució por vez primera sobre su pecherín la Medalla de la Ciudad que reconoce su coronación canónica. El titánico esfuerzo desplegado para cumplir los horarios no tiene premio. El retraso se va a más de diez minutos: se hace imperioso un reajuste horario en el día.

El ex ministro de Trabajo, hoy alcalde de Burgos, Juan Carlos Aparicio, presidió la representación del ayuntamiento castellano en la cofradía del Cristo de Burgos. El regreso a casa, a partir de la calle Francos, de este cortejo de enlutados nazarenos es uno de esos momentos únicos de la Semana Santa. Una delicia el palio de Madre de Dios de la Palma a los sones de Saeta Cordobesa o de Sevilla Cofradiera.
Un colorido monte de claveles rojo sangre, astroemelias, calas, siemprevivas y alhelíes acentúa el romántico sabor del Calvario de las Siete Palabras. Para la Virgen de la Cabeza se tira de repertorio propio: suena Pasan los Campanilleros en la Campana.
Parte del cortejo de Los Panaderos se organiza este año en la sede del Ateneo. El palio de Regla sobresale por su exhuberante exorno floral (rosas blancas, jazmines, espigas de trigo, clavel y flor de te) y por la espléndida restauración de sus bordados.
La noche promete ser larga. Mientras, junto al Arco y en la calle Pureza se están poniendo flores.

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