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Esta ciudad empieza a oler mal

Algunos vecinos se plantean poner en marcha patrullas a partir del lunes para recoger los desechos. Distintas asociaciones piden poder llevar con sus propios medios los residuos al vertedero

el 31 ene 2013 / 22:05 h.

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  • Sorteando los montones de bolsas de basura de la calle Teodosio, una vecina daba su particular visión de la huelga: había visto un par de “adorables ratitas” –así las definía, ya que le encanta el citado roedor– olisqueando en la basura. Sí, tras más de cuatro días de huelga, Sevilla ya huele, o mejor dicho, apesta, algo que para el olfato del sevillano resulta molesto e insalubre, pero para las ratas –y algún perro– es como recibir una invitación a una fiesta de Nochevieja. Con cena incluída, por supuesto.

    El montón de mierda –dejemos los eufemismos– se agolpa cerca de la Bodeguita San Lorenzo. Allí,  unos valientes aún osan tomarse la cerveza fuera. Y precisamente el Centro, al menos algunas calles, es de las zonas donde menos se nota la huelga, debido a que los servicios mínimos se están concentrando en la Sevilla turística. Esto ha llevado a algunos vecinos a plantearse poner en marcha patrullas para recoger la basura de sus barrios. Algunos sevillanos de San Jerónimo, Bermejales o Aeropuerto Viejo no descartan comenzar a hacerlo el lunes. Algunas asociaciones vecinales han pedido ya al Ayuntamiento llevar sus propios medios los despedicios a la Estación de Transferencia de Residuos, situada en la avenida de la Esclusa, tal y como han reclamado algunos hoteles y bares de la ciudad.Mientras tanto, en la calle no se habla de otra cosa. La huelga de basura cobra cada día más visibilidad porque algunos contenedores no dan más de sí y obligan al ciudadano a dejar la bolsa de basura en medio de la calle, literalmente. Esto sucede en la plaza de San Andrés. A pesar de encontrarse en pleno corazón de la ciudad, los residuos se acumulan, cuanto más habiendo cuatro bares en el entorno. “Los clientes lo comentan y huele cada día más, así que los que están en los veladores sí que sufren el tema de la huelga”, destaca Beatriz, que está detrás del mostrador del bar Santa Marta.

    Hay otros que no temen tanto la proliferación de bichos o ratas como posibles incendios que puedan poner en peligro su comercio, como es el caso de Javier, que regenta una joyería en la calle Trajano y que cuenta con un grupo de contenedores a apenas tres metros de su escaparate. “La gente comienza a echar la basura en cualquier lado en la calle, porque ya no hay hueco y eso está haciendo que el mal olor se propague”, comenta.También hay sevillanos que respaldan la protesta de los trabajadores de Lipasam. “Es justo que hagan huelga para reivindicar sus derechos. Si no se nota, no sirve de nada”, subraya Mari Ángeles, que se encuentra sentada en un velador con dos amigas a apenas cinco metros de basura acumulada en torno a los contenedores bajo el suelo habituales en la Alameda. Según algunos trabajadores de la zona, “no huele mucho porque es un espacio abierto”, aunque reconocen que cada vez son más los residuos que se acumulan en la plaza. A todo esto, el que más disfruta es un perro, que desgarra a dentelladas una bolsa de las decenas acumuladas. Un festín

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