Economía

«Esta economía te obliga a vivir para trabajar y eso es de esclavos»

El director general de la firma de servicios de limpieza Nagual asegura que cumplir la legalidad laboral en este sector es de «bichos raros» y cree que el empresario tiene la culpa de la contratación irregular al ser poderoso frente a un empleado que busca comer

el 21 nov 2009 / 20:32 h.

-Nagual es una firma de servicios de limpieza. Si usted tuviera una escoba, ¿cuántas cosas barrería de la crisis?

-Esa escoba tendría que ser bastante grande para barrer todo lo que genera frustraciones. La economía no puede vivir ajena a las leyes de la naturaleza. En épocas de verano, buenas, se nos olvidan las del invierno, malas, y, además, deberíamos trabajar para vivir, y no vivir para trabajar. Si mantenemos este círculo vicioso y esta tradición de esclavos, la economía seguirá siendo un disparate, con la gente ensoberbecida cuando las cosas van bien, y con miedo y más frustración y pobreza cuando van mal.

-Su discurso es muy social y, siendo empresario, sorprende.

-Yo antes que empresario soy persona. El gran problema de los empresarios es que te acabas convirtiendo en esa función que realizas porque a ésta se le dedica mucho tiempo. Dicen: yo soy empresario o yo soy arquitecto o yo soy periodista. Pues no, no nacen así, hacen una función o una profesión, porque cuando se jubilan, ¿qué son? ¿Una confusión? Para mi padre, todo lo concerniente al trabajo y la función social de éste era muy importante. Cuando se prejubiló, la base de su estructura se fue a la mierda.

-No es partidario pues de ampliar la vida laboral...

-Sólo si decides tú, porque te apetece y quieres, y no si alguien decide por ti.

-Esto que predica, ¿usted lo pone en práctica en Nagual?

-Claro, cómo no y por qué no. En mi empresa los empleados no trabajan más horas de las fijadas en su convenio colectivo y están todos asegurados. Esto, que es ley y cuya aplicación debería ser general, no lo es y, al final, te genera dos problemas: competencia desleal y un aumento de tus gastos. ¿Resultado? Eres más caro. Cumplir en este sector es ser un bicho raro.

-Se refiere a las señoras con las batas azules enrolladas bajo el brazo y sin asegurar...

-¿Cuándo erradicaremos eso? Desde la patronal de empresas sevillanas de servicios de limpieza, Apel, que yo presido, tratamos de que se cumpla lo que se firma. Incluso un sindicalista me dijo que yo practicaba la utopía, pues menudo halago para mí viniendo de él. Creo que cada uno debería preguntarse cuál es el precio de su integridad. Y si hay economía sumergida en la limpieza industrial, imagínese usted cuánta habrá en la doméstica.

-¿Y la culpa? ¿De quien contrata o de quien se deja contratar de forma irregular?

-La responsabilidad es de los dos, pero más de quien tiene más poder, y éste es el empresario. La persona que tiene que comer prefiere malcomer a no comer, y por eso posee más atenuantes que el empresario, que es quien debería cambiar esa situación. En esta crisis económica, puedes caer en esa tentación [es decir, contratación irregular] para que te salgan las cuentas, aunque profesional y humanamente no todo son cuentas. Al final, los clientes se están acostumbrando a un mal servicio, con los precios a la baja y un mal cumplimiento de la legalidad. La pescadilla que se muerde la cola. ¿Y quien rompe eso?

-¿A qué viene ese nombre de Nagual y cuándo se forjó la empresa?

-El nombre procede de las enseñanzas de un chamán indio al antropólogo peruano Carlos Castaneda. Imagine que esta mesa es la vida humana. A lo largo de ella está el antes, el durante y el después, y encima está el tonal, que son los sentimientos, las pasiones, el cuerpo, el intelecto... Y para que llevemos una vida ordenada, correcta, el nagual y el tonal deben coexistir. De ahí viene el nombre de una empresa, Nagual, que creé de la nada en 1978.

-¿Y por qué montar una empresa de servicios de limpieza?

-Por pura casualidad. Se trata de un negocio sin barreras de entrada en cuanto a la inversión. Al principio no tenía ni idea de empresa, pero después me formé en el Instituto San Telmo y en la Cámara de Comercio.

-¿Qué actividades?

-Todo tipo de servicios de limpieza: fábricas, comunidades de vecinos, oficinas... Se trata de un mercado muy maduro, ya que son muchas las empresas, en el que se compite en precios y existe una ilegalidad alta.

-¿Y mucha morosidad?

-En mi caso, poca. El respetar la legalidad te obliga a poner un precio alto, y esto de por sí ya selecciona al cliente, éste es más fiel y surge mayor confianza.

-¿Y la Administración es morosa?

-No trabajo con ella por los retrasos al pagar y porque en el concurso público no prima, como debería, la relación calidad-precio, sino sólo el mejor precio, y al final se convierte en una subasta. Si entras en los precios irrisorios, te ves con el agua al cuello pues te mina el principal pilar de la empresa, la tesorería.

-La crisis económica, ¿cómo ha afectado a Nagual?

-Reduciendo a la mitad la facturación y la plantilla.

-¿Cómo se resolvió el ajuste laboral?

-Hay que tener en cuenta que el 80% de nuestro gasto es de personal. Se resolvió muy bien y por las buenas, sin tensión, ni profesional ni humana, y sin quebranto económico, ni por ellos ni por nosotros. Y todo eso no es fácil.

-¿De la mano de obra inmigrante sale ahora la competencia desleal?

-No. La inmigración legal fue completamente necesaria en este sector hasta 2007. Sin ella no hubiéramos podido trabajar al faltar la mano de obra. Y ahora hay mucha oferta sin dar respuesta. Su madre era pintora y su padre, aparejador.

'Hippy' de camisa planchada. "Estudié arquitectura, un destino tópico y típico, el que se esperaba de mí, pero estaba haciendo una vida que no era la mía. Lo dejé, y eso me provocó un problema: era un desclasado, pues no me aceptaban ni en un lado ni en el otro, y viví la vida por mis propios medios. Estudié filosofía y literatura y viajé y logré encontrar mi nagual". Ésa fue la experiencia de Molina de la Torre antes de ser empresario. ¿Un hippy? "Más o menos. Como decía un amigo, un hippy con las camisas planchadas. Me tocó ser burguesito y esta opción no me gustó". Hippies hubo muchos en su época, pero al final tornaron en burgueses. "El problema es que te olvides de ti mismo, que te pierdas". Su lema, vivir y dejar vivir y no ser feliz a costa de la infelicidad ajena.

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