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Esta noche es Nochebuena

La cursilería rampante de una falsa progresía vuelve estos días a desarrollar teorías antropológicas para explicarse a sí misma que el orbe cristiano celebre la Navidad como la gran fiesta religiosa de ese medio mundo creyente, más o menos practicante, pero que...

el 15 sep 2009 / 20:19 h.

La cursilería rampante de una falsa progresía vuelve estos días a desarrollar teorías antropológicas para explicarse a sí misma que el orbe cristiano celebre la Navidad como la gran fiesta religiosa de ese medio mundo creyente, más o menos practicante, pero que desde luego tiene sus raíces culturales en el misterio del nacimiento de Jesús. Y que la fuerza de esta festividad religiosa por antonomasia lo inunde todo y haga girar hoy nuestras vidas y costumbres en torno al Niño Dios.

El respeto debido a las personas que profesan otras religiones o que simplemente se declaran agnósticas no puede ignorar el hecho universalmente aceptado e históricamente probado de que esta noche, la Nochebuena de todos los hombres de buena voluntad, tiene su razón de ser y su exclusiva explicación en lo que ocurrió en Belén dos mil años atrás sirviendo de origen a toda una civilización que cambió el mundo y generó un nuevo estilo de convivencia entre millones de seres humanos seguidores de la doctrina del Mesías.

Esta noche es Nochebuena, y lo es por la poderosa circunstancia de Dios hecho hombre en un humilde pesebre, sublime acontecimiento que justifica la conmemoración anual de la Navidad como la fiesta por excelencia de la cristiandad. Y justifica además que quienes hemos nacido y hemos sido educados en tales enseñanzas tengamos en estas fechas celebraciones colectivas a las que es difícil sustraerse incluso para quienes legítimamente no participan de las mismas creencias.

Siempre me ha parecido ridícula en extremo esa teoría a la que hacía referencia más arriba según la cual la Navidad o la Semana Santa son meros exponentes de tradiciones y costumbres cuyo sentido teológico es una simple referencia cronológica sin otro significado que el de su poder de convocatoria como cita anual para echar la casa por la ventana. Y una cosa es que el consumismo desorbitado haya banalizado el sentido cristiano de la conmemoración y otra bien distinta que ésta sea una fiesta religiosa para millones de creyentes en todo el mundo. Que es lo que es.

Es de todo punto comprensible que en la sociedad de nuestro tiempo, donde convivimos hombres y mujeres de tan variados orígenes y credos, cada cual atienda a sus creencias y celebre sus fiestas según sus idearios y costumbres. Sin embargo, empieza a ser cuando menos lamentable que las leyes implacables del comercio estén forzando la irrupción de otros símbolos que van sustituyendo poco a poco a nuestros legendarios reyes magos, creando no poca confusión en las más pequeñas e inocentes criaturas. Sevilla, que reivindica como pocas ciudades la cabalgata del 5 de enero, es un ejemplo que mantiene vivo en los niños y en los mayores ese otro misterio cristiano de la Adoración de los Reyes Magos que, esta vez sí, la tradición, la leyenda y la literatura se han encargado de adobar con perfiles mágicos y sugerentes que no deberían ser reemplazados por ningún otro personaje de ninguna otra respetable cultura foránea.

Periodista

gimenezaleman@gmail.com

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