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Feria de Abril

¿Está todo el pescado vendido?

El esperado encierro de Fuente Ymbro no respondió a las expectativas en una tarde con muchos claros en los tendidos.

el 04 may 2011 / 21:12 h.

El diestro Miguel Ángel Perera durante la faena de muleta del segundo astado de la tarde, de la ganadería de Fuente Ymbro. / El Correo
Sorprendió a propios y a extraños encontrar mucho ladrillo al sol –también a la sombra– en una fecha que hasta ayer mismo se llenaba por sí sola sin mirar demasiado el kilataje del cartel. Fue una auténtica sorpresa comprobar que la plaza de la Maestranza, en un miércoles de farolillos, en la yema de la fiesta, no logró congregar en sus venerables tendidos más de tres cuartas partes del aforo. Se confirmaba así la tendencia de este año: numerosos huecos en todos las localidades; ausencia de muchos de los rostros de siempre y papel, mucho papel en manos de la vergonzante reventa que campa como Pedro por su casa en los alrededores de la plaza sin que les tosa ni un baranda.

La reflexión es clara. Podemos seguir echándole la culpa a ese cajón desastre en el que hemos convertido la recurrente crisis pero quizá convendría analizar más concienzudamente la calidad de los carteles que no logran convocar al personal. Seguramente las empresas no estarán de acuerdo pero también se pueden sacar consecuencias positivas de esta deriva reduccionista: terminará ganando la calidad y se adecuará la cantidad de un espectáculo sobredimensionado que vivía a favor de unos abonos cautivos que empiezan a perder su infabilidad.

Pero vamos al toro, que es lo nuestro. Y decimos al toro porque la verdad es que Ricardo Gallardo sólo logró lidiar un ejemplar con verdaderas posibilidades de lucimiento que quedó muy perdido en medio del decepcionante encierro que se sorteó ayer. Para colmo ese toro, que fue el que abrió el festejo, fue a parar a manos de un chico –no tan chico– que lleva apuntando toda su vida sin decidirse a disparar. La verdad es que a estas alturas Matías Tejela pintaba poco en Sevilla pero también es verdad que la oficialidad de la torería andante está poniendo últimamente reparos a anunciarse con los toros de Fuente Ymbro, que demasiadas veces quedan en manos poco solventes.

El caso es que al madrileño se le volvió a ir otra oportunidad de oro. Ese primero, escurrido de carnes, excesivamente vareado, tuvo poquitas fuerzas y excelsa bondad en la muleta. Tejela se hartó de darle pases sin forma ni fondo y aburrió a los vencejos en medio de una frialdad ambiental que ya no se evaporaría de la plaza. Pareció salir algo más dispuesto con el espectacular jabonero y carbonero que hizo cuarto, que no metió mal la cara en la brega, pero el toro se fue desinflando como un globo de Bob Esponja en Lunes Santo y al torero tampoco le sobraba el fuelle. Total, que después de una cuchillada de riña de kinkis lo acabó echando abajo de una estocada habilidosa.

Perera debe andar enfadado con las pocas opciones que ha barajado esta Feria para poder triunfar y reivindicarse. La verdad es que salió siempre a darlo todo, a veces a costa de impacientar al personal en su afán de sacar agua de un pozo seco. Hasta se fue a portagayola en el segundo de la tarde como declaración de intenciones, para dejar bien claro que no había venido a pasearse. El toro salió cruzado del túnel  de chiqueros y acabó pasando por encima del diestro extremeño que se levantó para lancearlo con templanza. Quitó Perera por tafalleras y apostó fuerte en el inicio de faena con un doble pase cambiado en los que dejó llegar al toro al paso. El diestro de Puebla de Prior se dio cuenta muy pronto de que el toro venía avisado por el derecho. Sólo respondía cuando lo llevaba bien tapado y por el izquierdo no pasó de soso, acortando los viajes y desentendiéndose de la lidia en todo momento.

Tampoco pudo ser con el sobrero que hizo quinto a pesar de la alegría –un punto violenta– que mostró en banderillas. En el último tercio no pasó de informal, tomando el engaño siempre con muchas desigualdades que confundieron al público, quizá también al matador. A pesar de su empeño, la labor de Perera no trascendía a los tendidos, mucho menos cuando el morito andaba loco por coger la puerta.

Al final, los muletazos más estimables corrieron a cargo de Alejandro Talavante, que prácticamente acababa de bajarse del avión después de indultar un toro en la localidad mexicana de Aguascalientes. Sin reses a favor sí se pudo comprobar que el extremeño ha depurado su concepto y ha asumido su verdadera personalidad más allá de los espejos prestados que tan poco le iban y las lecciones del señor Millagui. Parecía que iba a servir el tercero y hasta hubo algunos apuntes de buen toreo –espatarrado el matador, tirando con pulso de la muleta– pero la mansedumbre del animal le pudo a la clase de su embestida y se acabó aguando la fiesta.

Muchas menos opciones iba a darle el imponente sexto, un toro largo y alto, muy ofensivo por delante, que parecía el padre del resto del encierro. Parecía que se iba descolgando en la brega pero era sólo un espejismo. Hacía hilo en la muleta, defendiéndose hasta aplomarse por completo poniendo la inevitable firma a una tarde decepcionante.

FICHA
Ganado: Se lidiaron seis toros de Fuente Ymbro, muy desigualmente presentados. El primero resultó noble y tuvo muy buena condición en la muleta; el segundo resultó avisado y sin entrega en la muleta; el tercero, a pesar de su nobleza, fue manso y rajado; el cuarto fue manejable pero se desinfló; el quinto fue un sobrero informal y desigual y el imponente y ofensivo sexto se aplomó y desarrolló peligro en el último tercio.

Matadores: Matías Tejela, de blanco y oro, ovación y silencio.
Miguel Ángel Perera, de Veterano y oro, ovación y silencio.
Alejandro Talavante, de blanco y plata, silencio en ambos.

Incidencias: La plaza rozó los tres cuartos de entrada en tarde espléndida y calurosa.

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