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Salud

Esta vida nos va a pasar factura

El sedentarismo, la obesidad, el estrés y la luz artificial están acabando con las defensas. La Real Academia de Medicina explica por qué.

el 07 mar 2015 / 10:00 h.

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INAUGURACION DE "EVENTO BLOG ESPAÑA" El modo de vida moderno es peligroso para nuestro sistema inmune. Ése es el resumen en una frase de la mesa redonda Nuestras defensas al límite ante las pandemias que nos amenazan, que se celebró recientemente en la Real Academia de Medicina y Cirugía de Sevilla. De hecho, las muertes causadas por infecciones en Europa están repuntando después de un siglo de constante descenso, indica citando a la Organización Mundial de la Salud (OMS). La charla abordó las consecuencias de tres de las infecciones más prevalentes, la gripe, la Hepatitis C y el sida, que a su vez comprometen a las defensas aún más por la acción inmunosupresora de los virus. La mesa redonda fue moderada por el doctor y académico José Peña Martínez, catedrático emérito de Inmunología de la Universidad de Córdoba. En los países desarrollados, explicaron los doctores, se dan dos fenómenos contradictorios. Por un parte, el sistema inmune se está reforzando por la medicina moderna (vacunas, antibióticos, antivirales, inmunoterapias, etcétera) y por la mejora de las condiciones higiénicas y nivel de vida. Mientras, por otra parte, el sistema inmune se está deteriorando inexorablemente, generación tras generación debido a estilos de vida no saludables. Así, en esta mesa redonda se trató sobre el alto riego que para el sistema inmune representa el modo de vida moderno, y las consecuencias a través de tres de las infecciones más prevalentes, Gripe, Hepatitis C y sida. El doctor Peña explicó que el sedentarismo, la dieta inadecuada, el estrés continuo, la falta de sueño y la ruptura del ritmo circadiano disminuyen la eficacia de las defensas del organismo, así como el abuso de los antibióticos. Pero por si fuera poco están apareciendo nuevos microbios y nuevas estrategias microbianas para burlar y destruir los sistemas de protección del propio cuerpo humano, además de la transmisión de enfermedades de forma rápida y mundial como efectos secundarios de la globalización y los aviones. En el Viejo Continente, continúa el catedrático de Inmunología, están repuntando, según la OMS, todas las enfermedades respiratorias (como la neumonía), la gripe y las enfermedades sexuales. Además preocupan l a la OMS os casos de Ébola, la tuberculosis resistente a los antibióticos y por supuesto el sida y la hepatitis C. Estas dos últimas enfermedades son además la pescadilla que se muerde la cola:«Se producen como efecto de la debilidad del sistema inmune y además son inmunodepresores [rebajan las defensas]», explica el doctor. Igualmente, crece el número de pacientes de alergia, de enfermedades autoinmunes, con tumores o enfermedades degenerativas. Todo esto, incide Peña, pese a la creciente higiene, los servicios sanitarios modélicos y el relativo buen nivel de vida de Europa. Las causas de este deterioro en las defensas de los europeos tiene que ver con muchos factores. Destacan el aumento de la obesidad (a causa del sedentarismo, explica el doctor Peña). Y la obesidad tiene como consecuencia la producción de productos inflamatorios. De ahí que las personas con sobrepeso sean más propensas a la diabetes, a la artritis y a los infartos. Además las personas sedentarias no se benefician de las cosas buenas que trae el ejercicio moderado:no generan antioxidantes, ni ciertas hormonas, ni queman grasas. La caída del sistema inmune también tiene que ver con el abandono de la dieta mediterránea y la ingesta de productos con mucha grasa y pocas vitaminas A, C y E, que son antioxidantes.Al contrario, la nueva dieta es rica en radicales libres, oxidantes. «Y envejecer se puede decir que es una oxidación del organismo», explica el especialista en Inmunología. El estrés crónico lo describe el doctor como una «pandemia». El estado de ansiedad por la situación laboral y otras preocupaciones de la vida urbana genera una hormona, el cortisol, que deprime las defensas. El sistema inmunológico se acaba agotando y el catedrático habla del «sida psicológico». Parece que la falta de sueño solo genera cansancio, pero para el moderador de la mesa redonda  se trata de un factor «importantísimo» a la hora de perder la capacidad de responder ante las infecciones: el sueño disminuye los niveles de cortisol para compensar el estrés del día y detener la inflamación de las articulaciones... así como libera la antioxidante melatonina. Estos cambios hormonales se inician al oscurecer y los listillos humanos contemporáneos prolongamos el día hasta 18 horas todo el año porque tenemos luz artificial. Esto es lo que llama rotura del ritmo circadiano. Incluso la iluminación de la pantalla del portátil o del smartphone interrumpe estos ritmos... Pero los estresados trabajadores de cuello blanco de las ciudades no son los únicos que tienen que cargar con el sambenito de crear seres humanos más endebles ante virus y bacterias. Los médicos tienen su ración de responsabilidad porque los tratamientos para evitar el rechazo en los trasplantes, para la artritis o la alergia están basados en inmunodepresores (sustancias que rebajan las defensas) y «abren una ventana a nuevas infecciones», apostilla el doctor Peña. Asimismo, el mal uso de los antibióticos  ha producido sistemas inmunes perezosos y sin memoria, «en deterioro permanente». Otro de los efectos no deseados del uso de antibióticos es la destrucción de la flora intestinal, microorganismos buenos que conviven con nosotros y que también se encargan de neutralizar algún que otro microbio pernicioso.

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