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Estatuas

La madre del Rey ya tiene un monumento al ladito de la Maestranza. Si seguimos a Flaubert, cuando un artista quiere hacer una obra, es preciso que se eleve por encima de los elogios y de las críticas.

el 15 sep 2009 / 05:12 h.

La madre del Rey ya tiene un monumento al ladito de la Maestranza. Si seguimos a Flaubert, cuando un artista quiere hacer una obra, es preciso que se eleve por encima de los elogios y de las críticas. "Cuando se tiene delante un ideal claro y preciso, hay que empeñarse en dirigirse hacia él en línea recta, sin distraerse con lo que se encuentra en el camino". Comprobar que Flaubert sabía de hacer obras de arte es tan fácil como leer alguna de sus obras, preferentemente desde mi punto de vista, Madame Bovarí, una de las más grandes novelas de la historia de la literatura, una demostración tan excelsa del conocimiento del alma femenina por parte del autor, que llega a hacernos creer que, efectivamente, madame Bovarí, tenía que ser él.

Decía Flaubert, lo que queda dicho más arriba sobre el artista que quiere realizar una obra. No añadiré ni quitaré una sola coma y diré solamente que si el monumento a la madre del Rey es la obra de un artista que ha cumplido con la recomendación del gran escritor francés, todo debe estar bien. Si el artista ha elevado su mirada por encima de elogios y criticas, ha tenido un ideal claro y ha ido hacia él sin distraerse con nada, ha cumplido. Por cierto, paseando por la Avenida de la Constitución, encontré una estatua viviente sin cabeza y, un poquito más arriba, otra que representaba a un lector de novelas, estático, tan estático cual estatua de bronce. Más arriba un grupo flamenquito cantaba, tocaba y le hacía palmas a una bailaora japonesa y todo lo que iba viendo me parecía de lo más moderno. O lo era, o es que yo lo necesitaba.

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