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Opinión

Este Bambi sabe latín

Juan Espadas, el candidato del PSOE a la Alcaldía de Sevilla, aúna talante, formación, labia y fama de buen gestor.

el 29 may 2010 / 20:41 h.

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La afición celebra con euforia el gol de Juanma.
Tiene aspecto de seriote, de bonachón diría alguno; lo conoce poca gente, sólo los más apasionados a la crónica política; ha sido la gran sorpresa, porque hasta hace poco casi nadie apostaba por él, y va a liderar al PSOE frente a un PP que hoy por hoy es el favorito. Pues no, no es José Luis Rodríguez Zapatero después de convertirse en el secretario general de los socialistas en 2000, sino que hablamos de Juan Espadas Cejas, al que su partido le ha encargado que el PSOE mantenga el 23 de mayo de 2011 la Alcaldía. Ambos coinciden en el perfil del desconocimiento público, en que su primera tarea es darse a conocer, incluso entre los suyos, pero ¿adoptará Espadas la táctica Mimosín que utilizó Zapatero en sus primeros años? ¿Es un nuevo Sosomán, el súper héroe zapateril de los guiñoles? ¿Estamos ante otro Bambi? Es de carácter afable y no le gusta decir una palabra más alta que otra, pero este Bambi, dicen, sabe hasta latín.

“Joder con el moderado”, cuentan que exclamó un diputado del PP al que le soltó un rapapolvo nuestro protagonista cuando era consejero de Vivienda. “Si cree que se han pasado los límites es una persona muy contundente” y, aunque su idea es no bajar al barro, “si le obligan bajará”. Eso le costará un mundo, porque ya hemos quedado en que no es Bambi, pero tampoco el lobo feroz: tiene dientes, aunque ahora tendrá que hacer un cursillo para enseñarlos. “Es de cabeza fría pero a veces la sangre le puede, porque tiene su carácter”.

Eso, insisten todos, será el último recurso, porque lo que le gusta de verdad es discutir, chocar ideas. “Le encanta la dialéctica”, y tanto que a veces se pasa de frenada, se lía a hablar y no a quien le pare. “Habla mucho”, coinciden los que le conocen, aunque sobre la base de un discurso bien estructurado fruto de que es una esponja absorbiendo información. Y desde un punto de vista político, es un fruto ideológicamente puro de las nuevas corrientes socialistas, es como si las cogieras y las metieras en una batidora: conciencia social, angustia medioambiental, visión metropolitana... Y talante. Y formación.
Ha sido casi el candidato accidental, el hombre que al final estaba en el sitio adecuado en el momento justo y que no dijo que no. Lo curioso es que sí hubo alguno que lo vio venir, y así se lo dijo hace unos años un tótem del socialismo sevillano conforme se mira al sur: “Juan, tú eres el futuro alcalde de Sevilla. Y para 30 años”. “Mira por donde algunos que lo ninguneaban ya están rondándole”, apostilla otro, porque el poder se huele y Espadas ha puesto proa en esta dirección.

Pero algo malo tendrá, ¿no? “Tiene margen de mejora”, reconoce quien lo conoce bien, y en este sentido desde otro lado se subraya que “tiene que definir su perfil político”. Porque de Espadas se dice que es bueno como gestor, administrador y haciendo equipos, pero ahora llega la hora de afinar su imagen pública. Por cierto, que cada vez usa más las lentillas, pero si pasan muchas horas se las tiene que quitar y llevar las gafas durante un rato así que no, no se ha operado la miopía.

Futbolero, apasionado del Barcelona pero con corazoncito bético, le gustan el baloncesto y el pádel, que es el deporte que practica. Dicen de él que es buena gente, sencillo, cercano, que gana en las distancias cortas y que “el que lo conoce lo compra”. Nunca cree que haya metas cumplidas, te lo encuentras en una tienda haciendo la compra, es llano y familiero, aunque no de ir exhibiendo a los dos pequeños (niño y niña) por ahí. Y tiene labia, que unida a su cabeza bien amueblada logra la cuadratura del círculo de “llevarse bien con los poderosos y con la gente sencilla”.

Le gusta escribir (hasta la Ley de Vivienda tiene pluma suya), y afirman los que están con él que es imaginativo, aunque él lo que valora de sí mismo es el trabajo y la buena cabeza. Y tiene “capacidad para convencer y emocionar”, la misma emoción que sentía su padre, ordenanza en la Consejería de Medio Ambiente, cuando veía llegar al señor viceconsejero Juan Espadas.

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