Cultura

Esther Tusquets: "En los años 60 el problema ya era que se editaba demasiado"

el 06 dic 2009 / 20:55 h.

A Esther Tusquets (Barcelona, 1936) le costó decidirse a escribir sus memorias, pero desde el éxito de su anterior entrega, Habíamos ganado la guerra, parece lanzada. Ahora regresa al género para narrar su experiencia como editora en Confesiones de una vieja dama indigna (Bruguera), un suculento relato en el que cuenta sin tapujos su relación con personajes como el fotógrafo Oriol Maspons -con el que perdió la virginidad-, Cela, Delibes, Ana María y Terenci Moix, Umberto Eco, Ana María Matute, José Agustín Goytisolo, Rosa Regás -la peor parada- y muchos otros.


"No es ningún ajuste de cuentas", afirma Tusquets, quien centra la narración en su peripecia con Lumen, la editorial que fundó junto a su hermano, el arquitecto Óscar Tusquets, en los años 60, y que durante 36 años marcó un hito en la edición en España, aunque ella suele referirse a aquella empresa como "un milagro".

Ahora, Esther Tusquets asiste a la proliferación de pequeñas editoriales con altas ambiciones y ve un paralelismo con Lumen. "También éramos editores con pocos medios, editando con coherencia y calidad, y esperando ese golpe de suerte que nos permitiera seguir adelante. A Mafalda y Umberto Eco los encontré por casualidad, sin creer que iban a ser best-sellers", afirma.

Por otro lado, todos los grandes editores han rechazado alguna vez algún manuscrito superventas. "Yo rechacé un libro que se vendió muy bien, Las lágrimas de Angélica, y muchos otros que siguen sin gustarme. Por otro lado, ya en los años 60 el gran problema era que se editaba demasiado en España. La oferta no corresponde a la demanda, y el propio sistema de venta en firme con derecho a devolución es desastroso. Hoy además edita todo el mundo, hay docenas de premios... Sacan todo, novelas malísimas, traducidas y españolas".

En aquel tiempo, Barcelona era para los escritores la Meca de la edición, pero ¿qué era Andalucía para los barceloneses? ¿Existía acaso? Para Tusquets sí: "Era un sitio del que salían muchos escritores valiosos, con gente dotadas para el arte, llena de gracia, con capacidad para cantar y bailar... Y el único sitio de España que se permite competir con Italia, porque la Alhambra y la Mezquita de Córdoba son únicas", asevera.

Partícipe de aquel movimiento que dio en llamarse gauche divine, un soplo de libertad, cosmopolitismo y diversión en la Barcelona gris del franquismo, Tusquets no cree que "los jóvenes de hoy se sientan herederos ni orgullosos de aquello, que tuvo su peso en su momento y también fue muy detestado. Autotitularse divinos ya molestaba a según quién", comenta. "Parecía que el mundo iba a cambiar, pero no cambió, o cambió muy poco. La actitud hacia la homosexualidad sí ha sido un cambio espectacular. ¿Y el sexo?

Todos hacemos lo que podemos. La monogamia para muchos no es satisfactoria, el amor libre choca con el problema de los celos, y nunca se da que terminen los dos a la vez", explica.

Sobre la actual situación de Lumen -integrada en el grupo Random House Mondadori-, Tusquets cree que "es interesante lo que han seguido haciendo", pero no se deja arrebatar por la nostalgia: "Para mí dejó de ser divertido en un momento dado, y al final estaba un poco harta, sobre todo de los distribuidores", recuerda. Su salida fue extraña: "Me despidieron, luego se echaron para atrás a las 24 horas... No dejé que me afectara mucho, la verdad. Una multinacional es una multinacional, las decisiones se toman en Frankfurt o en Nueva York, qué se yo. No es un amigo que te traiciona", apostilla.

La escritora Esther Tusquets tiene buenos recuerdos de los andaluces a los que editó, pero recuerda algún encontronazo con un gran novelista sevillano, que al parecer no llegó a conocer este asunto. “Con Alfonso Grosso me enfadé, aunque él nunca se llegó a enterar. Era cuando empezábamos con Lumen, quisimos encargarle un libro sobre la Semana Santa y vino decidido a sacarnos las pelas. Creía que no sabíamos nada de esto, y en cierta medida era verdad”, concluye.

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