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Estos niños sí que son puro teatro

La XVII Muestra de Teatro Escolar abrió su ciclo con una obra en la que los niños enseñaron que los seres humanos son el mayor de los tesoros

el 24 may 2010 / 19:02 h.

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Los más pequeños, en plena representación.

A Chamber no le había costado madrugar. Sospechosamente ayer no quiso hacerse el remolón cuando el despertador anunciaba que había llegado la hora de levantarse para ir al colegio. Era un día muy especial, quizás el más singular de todos los que había vivido a lo largo de su corta vida. A sus once años despertaba con el mismo nerviosismo que se agarra en el estómago de los grandes actores de la escena nacional. Era el día del estreno y tocaba enseñar la obra que había preparado con sus compañeros del colegio Blas Infante, en el Polígono Norte. Se inauguraba la XVII Muestra de Teatro Escolar en la Alameda -del 24 al 28 de mayo- una oportunidad para demostrar sus dotes artísticas frente al gran público.


Mientras se sucedían las últimas carreras entre bastidores, Chamber y el resto de sus amigos aguardaban en maquillaje a que llegase la hora del estreno. Laura, una de las alumnas del ciclo formativo de estética del IES Beatriz de Suabia, inundaba a los pequeños con purpurina "para que brillen en el escenario y se les vea en la oscuridad del teatro". Como ella, otras doce alumnas del centro hacían lo propio con el resto de los pequeños actores. Era su día y, por ello, el nerviosismo llenaba los minutos previos a la salida al escenario. Unos nervios que hacían brotar la emoción de la benjamina del grupo. Deborah se perdía entre la altura de sus compañeros a la espera de que llegara el momento del estreno, un instante que para ella se había convertido "en uno de los más especiales" de su vida. Al fin y al cabo un año de ensayos comenzaba a tener recompensa en el escenario del Teatro Alameda.

En las gradas una marea de pequeños críticos de teatro aguardaban que se alzara el telón para ofrecer su veredicto. Puntuales, como se merecen los grandes acontecimientos, los actores hacían su aparición en medio de la inmensidad del escenario. Humania -que así se llama la obra- dejaba de ser un tocho de papeles para convertirse en una realidad, era el momento de hacer ver que "todos y todas somos seres maravillosos, aunque muchas veces no lo dejemos florecer por miedo o por inseguridad". Toda una lección de humildad y compromiso nacida de la inocencia de estos actores.

Y vaya si caló el mensaje entre los niños. Cada escena era correspondida entre el público con una fuerte ovación, con un guiño en forma de aplauso al trabajo de los alumnos del Blas Infante. Ésa era su recompensa: saber que más allá de ensayos y del cansancio acumulado su trabajo estaba calando en el corazón del menudo público que les acompañaba en su mañana de estreno. Media hora bastó para cumplir su sueño y para enseñar que "hay que escuchar el corazón en la vida, que los seres humanos somos muy valiosos y que todos nuestros tesoros los tenemos guardados en nuestro interior". Palabras que difícilmente podía pronunciar María Andrade, directora de la obra y maestra de estos niños, cuando la ovación del público ponía el broche al debut teatral.

Rebosantes de la adrenalina que habían dejado sobre las tablas, los pequeños volvían al lugar de partida, a los camerinos. Allí, entre risas nerviosas y aplausos del equipo técnico, los actores se abrazaban conscientes de que la representación había sido todo un éxito. Mario, uno de los más extrovertidos, contaba a las maquilladoras que había estado "muy nervioso" porque "pensaba que me iba a salir mal pero al final todo ha salido bien". Como él, Celso, otro pequeño actor, repasaba que había actuado de "niño, azafato, manzano, guerrero..." y así hasta una interminable lista de personajes con la que tenía claro que debían explicar que "todos somos iguales, que nadie es diferente y somos los mismos".

Con las luces del teatro apagándose tocaba despertar de la aventura. En la retina quedaban las ilusiones de Mario, Javier, Deborah, José, Chamber, David, Aroa, Alicia, Celso, Cristian y Johana, once almas que habían descubierto en su interior que el mayor tesoro está en saber confiar y compartir con los demás. Y es que nadie duda que el teatro no es más que el mundo visto a través del prisma de los sueños.

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