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«Estos veinte años han pasado muy rápido»

Creció tanto que el balón al pie le quedaba demasiado lejos, y lo tuvo que coger con las manos. Fidel Galloso lo indujo a probar en Trastamara, en el Natación Sevilla, y el basket sevillano ganó un referente para los siguientes 20 años.

el 14 sep 2009 / 20:39 h.

Creció tanto que el balón al pie le quedaba demasiado lejos, y lo tuvo que coger con las manos. Fidel Galloso lo indujo a probar en Trastamara, en el Natación Sevilla, y el basket sevillano ganó un referente para los siguientes 20 años.

- Cuando salte hoy al San Pablo para el homenaje, se le acumularán los recuerdos...

- Mi retirada está tan reciente que lo mismo me pongo a hacer la rueda de calentamiento. Será raro, porque he vivido esta situación otras veces con otros jugadores, con Lalo García, con Epi o Solozábal, pero ahora seré yo y todavía me considero un jugador. Soy una persona fría, pero allí estarán mi familia, mis amigos y sobre todo creo que me emocionaré cuando mi hijo salga a darme la placa. Es un premio a toda mi carrera, a toda una vida dedicada al baloncesto y al Caja y es sin duda un día especial.

- Qué va a echar más de menos?

- De momento nada, aunque tengo la impresión de que estos 20 años han pasado muy rápido. Todavía recuerdo cuando el primer año, en el 89, le preguntaba a Chinche Lafuente si creía que yo tenía cualidades para estar tantos años en el Caja como él. Todavía me paran por la calle los aficionados, me reconocen como un jugador de la casa que ha intentado ayudar siempre. Ha sido una gran satisfacción y una suerte poder desarrollar mi carrera en mi casa, poder sentir cómo la gente se levantaba y disfrutaba con mis triples, conseguir éxitos individuales y colectivos, y bueno, haber hecho todo lo posible por integrar a los compañeros en el equipo, en la ciudad, ayudar en todos los actos del club, siempre he entendido que ese también era mi papel, y si había que montar a los jugadores americanos en coche de caballos para que estuviesen más a gusto, pues se hacía.

- Hablando de americanos, mira que se los habrá encontrado raros y complicados...

- Unos cuantos, sí. Mike Anderson, por ejemplo, le echaba sal a la sandía; John Stroeder bebía leche con cualquier comida; Middleton prácticamente no hablaba, ni en inglés ni en español, se comunicaba por señas; Lockhart comía pollo a todas horas. Otro caso curioso fue el de Bingenheimer. Cuando estalló la Guerra del Golfo se encerró en su casa y no había manera de que saliera porque pensaba que los americanos serían atacados en el resto del mundo. Hubo que convencerlo de que en España estaba seguro. En el Fórum, John Williams y Rubén Garcés se bajaron sin avisar de un avión por el miedo tras el 11 de septiembre.

-Aunque para referente gastronómico, Quino Salvo.

- Se autoproclamó presidente de una peña gastronómica que creamos en el equipo, por razones obvias. En una de nuestras reuniones le regalamos un pollo vivo a Lockhart, para que supiera lo que se comía, y alucinó.

- Creo que también fue impactante la primera charla que les dio Aleksander Petrovic en la pretemporada de la 95-96.

- Nos reunió y nos dijo: "Tengo dinero para vivir dos vidas y vengo aquí para disfrutar de lo que más me gusta. Os voy a defender a muerte, ante el club, ante la afición, pero no me la juguéis". Y añadió una consigna: el que tenga tiro y no se la juegue va al banco. Nos dio libertad total, se ganó a los extranjeros y todo fue rodado desde el principio.

- Aquel equipo provocó un punto de inflexión en la historia del club.

- Cada vez venía más gente, hasta que en play off la cola en las taquillas daba la vuelta al pabellón. El ambiente era increíble. A la gente le encantaba que Petrovic tirara la chaqueta al suelo cuando se cabreaba. Controlaba los partidos como nadie, a los árbitros, al rival. Y con aquella zona 2-3 ante el Real Madrid desesperamos a Arlauckas, Herreros... Recuerdo la explosión de la afición en San Pablo cuando Anderson le robó por detrás el balón a Antúnez en la última jugada y nos metimos en la semifinal. Luego, en el quinto partido de Manresa el pobre Ángel Almeyda -fallecido en 1997 mientras entrenaba con el Telecom en Portugal- hizo un partidazo y nos metió en la final. Estábamos tan contentos que nos fuimos a Port Aventura a celebrarlo. Aquella final fue un premio.

-Y el Barça siempre se le atragantó al Caja, sobre todo en el Palau.

- Jugar allí era una odisea. Siempre han tenido superestrellas. Me he enfrentado a Norris, a Epi, a Piculín, a Jasikevicius, a Karnisovas, Dueñas, no había por dónde meterles mano. Con el Fórum metí 30 puntos, perdimos tras dos prórrogas y nos quedamos fuera de la Copa.

-Qué jugadores, rivales o compañeros, destacaría de todos estos años.

- Aquel Barça de Norris hacía un baloncesto con una calidad que ya no se ve. Hoy hay muchos atletas, pero no esos jugadores. John Williams ha sido lo mejor que he visto. Pesaba 150 o 160 kilos, pero se notaba que había jugado en los Lakers y había sido All Star. Era un pívot que jugaba como un base. Hacía buenos a todos sus compañeros, a Bramlett, a Garcés, nos abría espacios para los tiros a mí y a Carles Marco. Y encima era super respetuoso con todos. También Alberto Herreros, que siempre ha sido mi referente. Su retirada con aquel tiro en la final ante el Tau resumió perfecto quién era; De mis compañeros, Benito Doblado. Me metía con él diciéndole que tiraba como un torero, por cómo se cuadraba; Anderson, Lockhart, Cazorla, Marco, Bingo...

-Da la impresión de que, por las circunstancias que se dieron, estaba predestinado para jugar en el Caja.

- Entrenaba con el primer equipo en la 89-90, pero como no me llegaba la oportunidad de jugar estaba un poco quemado y probé con el Atlético de Madrid de Primera B; también estuve a punto de ir a Cartagena, que entonces tenía un buen equipo, pero justo se dio la lesión de Javier García y debuté en Málaga ante el Maristas en los play off. Estaba tan mentalizado, tenía tantas ganas de demostrar y estaba tan metido que me salió redondo. En el segundo partido, en Sevilla, me solté tanto que metí 15 puntos. Alberto Pesquera venía a verme siempre a jugar en Coria y eso me ayudó a esforzarme. El presidente, José Antonio Parra, también me ayudó mucho. Ambos me dieron la oportunidad de estar aquí tantos años.

-Estuvo a punto de fichar por Unicaja.

- En la temporada que llegó Petrovic. Estaba todo apalabrado. Hubo una renovación total en el equipo y yo no lo veía claro. Juanma Rodríguez me dijo que Imbroda me tenía como primera opción de alero y aquí querían a Xavi Crespo. Al final, el Caja igualó la oferta en el tanteo y me quedé. Ese año fuimos subcampeones y fuimos a la Euroliga.

-¿Por qué ese tiro tan peculiar con tanto arco?

- Como empecé tan tarde en el baloncesto y no pasé por categorías inferiores, siempre he estado falto de técnica y mi refugio fue el tiro. Lo del arco es algo que me salía así porque no es técnico, sino que empujo la pelota. Al principio escuchaba los murmullos de la grada, como diciendo, vaya chorra. Pero luego seguían entrando. Recuerdo a un comentarista en San Fernando repitiendo que cómo era posible que entraran esos triples tirando así.

-Ha jugado Korac y Euroliga, la Copa del Rey, ha sido internacional, subcampeón de liga, All Star. Le ha faltado ganar un título y no sé si algo más.

- El baloncesto me lo ha dado todo, una vida, amigos, crecer como persona, conocer tanta gente, tantos sitios. Quizás me voy con la espina de no jugar aquel Eurobásket del 97. Me veía ahí en la selección, estaba en las concentraciones pero no jugar el play off me vino mal y entró Esteller.

-Y en su nueva vida, ¿estará el baloncesto, tal vez el Caja?

- Eso espero. Con el club hemos hablado de cosas y espero que salgan. De entrenador no tengo vocación y de momento estoy con un proyecto empresarial que no tiene nada que ver con el basket, pero como un extra.

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