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Estudiantes de Santiponce recrean un Imperio Romano en miniatura

Niños de 3, 4 y 5 años recrean escenas romanas en el conjunto arqueológico de Itálica

el 05 may 2010 / 18:09 h.

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Leones y gladiadores, diosas y patricios, musas, actores y músicos, centuria, emperadores y el pueblo romano, todos con poco más de un metro de altura se pasean hasta el viernes por el conjunto arqueológico de Itálica de 10.30 a 11.30 horas. Son los alumnos de infantil –3, 4 y 5 años– del colegio Josefa Frías del municipio de Santiponce.

Hasta siete escenas se representan a lo largo de un recorrido bien señalizado que comienza por el senado, con todos los patricios bien sentados en sus bancadas cuando un pequeño grita “pipí”. Pero antes se atraviesa el campamento donde se asienta la centuria, con sus cascos, plumas rojas, caballos, tambores, pinchitos de corcho sobre el fuego y jarras de vino; el mercado, donde no faltan la venta de esclavos y las gallinas y conejos listos para ser adquiridos; el circo, con cuádrigas tiradas por caballos balancines; el banquete, servido a los señores por siervos que incluso les abanican mientras esperan tendidos los ricos manjares; el teatro, con músicos tocando el arpa, actores, musas y patricios que les aplauden... O no, como el emperador y sus acompañantes en el anfiteatro, que con el pulgar hacia abajo aguarda la pelea entre leones y gladiadores: “¡Ave César! Los niños que vienen a jugar te saludan”, gritan los pequeños brazo en alto antes de iniciar la lucha.

La puesta en marcha de este gran espectáculo, con sus completos disfraces, escenarios, animales y demás objetos y personajes es fruto del trabajo de las profesoras y las familias de los pequeños. Silvia Delgado, una de las maestras, destaca: “Empezamos a trabajar en diciembre con los niños y con las familias que nos siguen a las profesoras en nuestras locuras”. No hay que olvidar que el año pasado los alumnos representaron cuadros de Velázquez. Nada más abrir las puertas para el público, padres, abuelos, hermanos pequeños y jóvenes de Santiponce llenan los caminos de albero desplazándose de uno a otro punto.

Las madres de los protagonistas son las más nerviosas, como reconoce Mari Ángeles, la progenitora de una patricia, de nombre Silvia y de 4 años, que asiste a la representación teatral. “Llevamos un mes liadas con el escenario, pero estamos más nerviosas nosotras que los niños”, reconoce.En el campamento de la centuria Nandi, la madre de Jorge, un rubio travieso de 3 años, contempla entre risas cómo el pequeño ha roto el escudo antes de empezar y no parece muy dispuesto a aguantar el casco de plumas rojas. Pero al menos no llora como su compañero de acampada. “Estaba muy nervioso esta mañana”, señala mientras comenta que entre las madres han hecho las tres tiendas de campaña, con sus águilas imperiales y todo.

Pese a que todos los escenarios son dignos de verse, el mercado es de los más completos. Con sus puestos de abalorios, herreros –ferrarius–, telas –telae–, frutas –pomi–, carne –carnius– y verdulería –viriditas– perfectamente preparados para que los compradores, como Jero, de 4 años, quien cesta en mano se disponga a adquirir, aunque, como apunta su madre, Reyes, “ha empezado por comprar a la esclava”. Los vecinos de la Itálica romana conocen así, desde pequeños, sus orígenes.

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