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Estudiantes sin miedo a irse

Lozano Leyva se dirige a sus alumnos en su último libro, ‘El gran Mónico’, para animarlos a salir al extranjero, criticar la política educativa y de paso contar una historia real fascinante

el 04 ago 2013 / 22:53 h.

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Manuel LozanoLeyva, un profesor inquieto que se dirige a sus alumnos en su más reciente libro. Manuel Lozano Leyva, un profesor inquieto que se dirige a sus alumnos en su más reciente libro. Una historia real fascinante, un mensaje a los estudiantes y un recado a los políticos: no se puede pedir más para 192 páginas, las que comprende El gran Mónico (Debate) la última obra del profesor sevillanoManuel Lozano Leyva. El hallazgo casual de la figura de Mónico Sánchez (1880-1961), pionero de la radiología y electroterapia, conocido por el invento de un aparato portátil de rayos X y corrientes de alta frecuencia en 1909, dio pie primero a un artículo en prensa y luego a este libro. “Con la crisis, empecé a notar que mis mejores alumnos estaban haciendo las maletas, estudiando alemán... Entonces decidí indagar en la figura de Mónico, para demostrar que en una crisis más profunda que la actual se puede prosperar y hacer grandes cosas”, explica Lozano Leyva. El autor, sin embargo, ha preferido enfocar el libro como “una clase sin aula”. Más que en profundizar en todos los detalles, lo que le interesa es el modo en que aquel joven de Piedrabuena (Ciudad Real) llegó hasta Nueva York con 23 años y 60 dólares en el bolsillo y regresó nueve años después con un millón de dólares, para instalar en su pueblo un impresionante laboratorio eléctrico. Y como no había contadores, cobraba a sus vecinos por cada una de las bombillas de 10 watios que les instalaba. “Estuvo metido en toda la guerra de las corrientes, conoció las técnicas de Tesla, estuvo con Edison también... La electrificación fue la gran burbuja de entonces, pero lo bueno es que Mónico regresó, y no a Madrid ni Barcelona, sino a Piedrabuena”, recuerda Lozano Leyva. “Luego, en la I Guerra Mundial, Madame Curie y Lise Meitner crearon una flota de ambulancias para asistir al frente, y supieron que en un lugar de la Mancha se hacían unos aparatos de rayos X portátiles muy buenos. Compraron 60 equipos de los patentados por Sánchez, con los que hicieron más de un millón de radiografías. Podemos imaginar cuántas vidas salvaron”. El autor recuerda que Mónico vivió “la guerra del 98, la I Guerra Mundial, la Guerra de África, la dictadura de Primo de Rivera, la Guerra Civil y la autarquía franquista... Es la prueba de que crisis de verdad, hemos tenido muchas otras”, comenta. “Cuando instala la central eléctrica en su pueblo, hablamos de una España donde había 3.000 estudiantes de ingeniería y 11.000 seminaristas. Franco no entendió nada, se hizo la foto pero nunca importó material, lo dejaron fenecer”. “También he querido subrayar el gran error de Sánchez: a diferencia de Edison, o de Steve Jobbs y Bill Gates, que cuando triunfaron se rodearon de los mejores ingenieros, físicos y matemáticos, Mónico no entendió que una cosa es descubrir y otra innovar, y por eso sólo se trajo a un soplador de vidrio de Alemania, figura importante pero no suficiente. No se rodeó de ingenieros de verdad”, agrega el profesor. Lozano Leyva anima a sus alumnos a seguir los pasos de MónicoSánchez y marchar al extranjero a hacer realidad los sueños que parecen estar vedándose en España, pero no olvida un aviso a las autoridades: “A los políticos les explico que, si no saben acoger a toda esta gente brillante, que aprenda. en los 70 y los 80 viajábamos para aprender, pero ahora lo hacen para buscarse la vida. Y nadie entiende que es más barato tratar de retenerlos, el coste que supone para el país que no regresen”, denuncia. Cuando se le pregunta si hay alguna comunidad u opción política que lo esté haciendo bien en ese sentido, responde de inmediato: “El País Vasco, primero con el PNV y luego con el PSE”, afirma, para rebatir de paso el lugar común de que tenemos la generación de estudiantes mejor formada de su Historia. “¿Qué significa eso? Si se entiende en cantidad, en miles de estudiantes, puede, pero en nivel no. Yo le cuento a mis alumnos la licenciatura que hice, y no aprueba ni dios”, asevera. Como mensaje positivo, Lozano Leyva asegura que “lo que hay que hacer es identificar el equivalente actual a lo que supuso la electricidad a finales del siglo XIX. Hay muchas posibilidades, desde el grafeno a la biotecnología, el estudio de los venenos, la exploración espacial, que ya no es sólo cosa de los Estados Unidos, las nuevas energías –no basadas en subvenciones, sino en investigación–, la aeronáutica, la biología molecular... Lo difícil, en un mundo tan abierto, es identificar una pasión. Eso es lo que tienen que hacer”.

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